CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

AÑO C

 

COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS SUBCOMISIÓN EPISCOPAL PARA LA CATEQUESIS

 

INDICE

 

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Presentación

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Introducción

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Esquema general del Año C

 

Adviento

 

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Primer domingo de Adviento

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Segundo domingo de Adviento

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Tercer domingo de Adviento

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Cuarto domingo de Adviento

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La Inmaculada Concepción

 

Navidad

 

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Natividad del Señor: Misa de la Vigilia

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Natividad del Señor: Misa de Media noche

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Natividad del Señor: Misa del día

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La Sagrada Familia

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Santa María, Madre de Dios

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Segundo domingo de Navidad

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Epifanía del Señor

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Bautismo del Señor

 

Cuaresma

 

·        El tiempo de Cuaresma

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Primer domingo de Cuaresma

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Segundo domingo de Cuaresma

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Tercer domingo de Cuaresma

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Cuarto domingo de Cuaresma

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Quinto domingo de Cuaresma

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Domingo de Ramos

 

Santo Triduo Pascual

 

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Santo Triduo Pascual

 

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Jueves Santo

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Viernes Santo

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La Vigilia Pascual

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Domingo de Resurrección

 

El Tiempo Pascual

 

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Tiempo Pascual

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Segundo domingo de Pascua

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Tercer domingo de Pascua

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Cuarto domingo de Pascua

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Quinto domingo de Pascua

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Sexto domingo de Pascua

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Séptimo domingo de Pascua: La Ascensión

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Domingo de Pentecostés: Misa vespertina

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Domingo de Pentecostés: Misa del día

 

Tiempo Ordinario

 

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Tiempo Ordinario

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Domingo II

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Domingo III

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Domingo IV

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Domingo V

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Domingo VI

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Domingo VII

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Domingo VIII

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Domingo IX

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Domingo X

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Domingo XI

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Domingo XII

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Domingo XIII

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Domingo XIV

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Domingo XV

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Domingo XVI

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Domingo XVII

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Domingo XVIII

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Domingo XIX

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Domingo XX

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Domingo XXI

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Domingo XXII

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Domingo XXIII

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Domingo XXIV

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Domingo XXV

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Domingo XXVI

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Domingo XXVII

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Domingo XXVIII

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Domingo XXIX

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Domingo XXX

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Domingo XXXI

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Domingo XXXII

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Domingo XXXIII

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Domingo XXXIV: Cristo Rey

 

Solemnidades

 

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San José

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Santísima Trinidad

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Corpus Christi

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San Pedro y San Pablo

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Santiago Apóstol

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Asunción de N.a S.a: Misa vespertina

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Asunción de N.a S.a: Misa del día

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Todos los Santos

 

PRESENTACIÓN (inicio)

 

Ofrecemos con humilde esperanza este instrumento principalmente orientado a  quienes tienen la responsabilidad  de preparar la homilía dominical y festiva; y también útil como  guía para una lectura del propio "Catecismo de la  Iglesia Católica" encuadrada en el marco del tiempo litúrgico y de las perícopas bíblicas que se asignan al Año C del ciclo trienal celebrativo.

Se inicia con este libro la consecución de una acción que nos fue encomendada para el trienio 1993-1996 en orden a la recepción del Catecismo en España: "Elaboración de  ayudas para la predicación dominical y festiva aportando, en relación con sus textos bíblicos, las referencias del Catecismo de la Iglesia Católica que tienen relación con dichos textos". Este objetivo nos fue recomendado expresamente por la LX Asamblea Plenaria de los Obispos, cuando nos alentaba a prestar servicios para "la promoción de una catequesis profundamente eclesial que parte de la comunión y memoria de la Iglesia y tiende a ella".

En qué consiste el presente instrumento se explica con claridad y amplitud en su introducción. Ha sido elaborado por un equipo presidido por un Obispo, del que han formado parte Mons.

José M.a Eguaras, liturgista y durante tantos años Vicesecretario del Episcopado Español; D. Francisco Ferrer Luján, catequeta y Vicario Episcopal del Arzobispo de Valencia; el P. José Antonio Goenaga S.J., liturgista y Profesor de la Facultad de Teología de Deusto; y D. Manuel del Campo Guilarte, Profesor ordinario del Centro de Estudios Teológicos "San Dámaso" de Madrid y Director del Secretariado Nacional de Catequesis.

A todos ellos el agradecimiento más profundo de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.

15 de actubre de 1994

 

José Manuel Estepa Llaurens  Arzobispo Presidente de la  Subcomisión Episcopal de Catequesis

 

INTRODUCCIÓN (inicio)

 

1.  Homilía y Catequesis

2.  Homilía y Catecismo

 a)  La Tradición viva en la Iglesia

 b)  La confesión de la fe en lo sustancial

 c)  Exposición orgánica

 d)  Adaptación necesaria

3.  Esquema general del ciclo «C»

 

   «Pido...  a los pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica» (Juan Pablo II, Const. Apost., Fidei Depositum, 4).

 

   «En la homilía se exponen  durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana» (Vaticano II, Sacrosantum Concilium, 52)

 

   «El sacerdote debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios; no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con una conexión dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos, y engendre dentro de sí una mentalidad nueva: la mente de Cristo (l Co 2,16), de modo que sus palabras, sus opciones y sus actitudes sean, cada vez más una  transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio... El no  es el dueño de  esta Palabra: es su servidor. El no es el único poseedor de esta palabra: es deudor ante el Pueblo de Dios. El anuncia la Palabra en su cualidad de ministro, partícipe de la autoridad profética de Cristo y de la Iglesia. Por esto, por tener en sí mismo y ofrecer a los fieles la  garantía de que transmite el Evangelio en su integridad, el sacerdote ha de cultivar una sensibilidad, un amor y una disponibilidad particulares hacia la Tradición viva de la Iglesia y de su Magisterio, que no son extraños a la Palabra, sino que sirven para su recta interpretación y para custodiar su sentido auténtico». (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 26).

 

  Estos tres textos presentan el objetivo de esta obra.

  Es una ayuda a los sacerdotes para la preparación de las homilías de los domingos y solemnidades. Un subsidio para el anuncio de la fe y la llamada a la vida evangélica que se realiza en la homilía, lugar propio de la liturgia.

Un auxilio que quiere ser garantía de un recto ejercicio del ministerio de la Palabra, ya que ofrece el Catecismo de la Iglesia Católica que «es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico» (FD, 4).

 

  El Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española Para que el mundo crea (l994-l997) señala la catequesis y la predicación como dos de los sectores más importantes en los que se ha de buscar expresamente el servicio a los objetivos comunes de la pastoral de evangelización propuesta por el Episcopado español para este trienio.

 

  En la catequesis y en la predicación es necesario «asumir cada vez más hondamente el Catecismo de la Iglesia Católica, tanto en sus contenidos como en sus criterios inspiradores, en todos los procesos de formación cristiana».

 

  Asumir el Catecismo de la Iglesia Católica posibilita que la acción catequética y la predicación sean verdaderamente evangelizadoras y busquen «por encima de todo la verdadera conversión de las personas a Dios, a Jesucristo, a la vida cristiana en todos sus exigencias de seguimiento, vida espiritual, testimonio y responsabilidades apostólicas y sociales» (Para que mundo crea, pág. 32).

 

  Con esta convicción ofrecemos este servicio pastoral. Creemos que es un buen instrumento para renovar la predicación homilética e «impulsar una predicación más adecuada a las exigencias actuales del servicio a la fe de nuestro pueblo y de una verdadera evangelización» (Para que el mundo crea, pág.32)

 

1.  Homilía y Catequesis

 

  La  exhortación apostólica del Papa Juan Pablo II Catechesi Tradendae, 48, trata de la homilía como uno de los momentos para la catequesis en el sentido amplio del término:

 

   «La homilía  vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la catequesis y la conduce a su perfeccionamiento natural»

 

 La catequesis se realiza en una comunidad cristiana en lugares y ámbitos distintos, y utiliza diversos métodos, pero tiende siempre a la celebración litúrgica. La homilía interviene como nexo entre el itinerario recorrido y la liturgia que se celebra.

 

   «La homilía impulsa a los discípulos del Señor a emprender cada día su itinerario espiritual en la verdad, en la adoración y en la acción de gracias. En este sentido, se puede decir que la pedagogía catequética encuentra, a su vez, su fuente y su plenitud en la Eucaristía dentro del horizonte completo del año litúrgico»

 

  La homilía no es solo un nexo para que la acción evangelizadora de la catequesis culmine en la liturgia, sino que lo es también para que la liturgia celebrada sea fuente de la vida cristiana.

 

   «La predicación centrada en los textos bíblicos debe facilitar entonces, a su manera, el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana»

 

  La homilía es un forma de catequesis sistemática, siguiendo el año litúrgico, y a partir de la Palabra de Dios proclamada en la celebración. Es una forma peculiar litúrgica de educar en la fe. Su nota más sobresaliente es «lo  que hace de ella un acto sacramental que pertenece por entero a la misma dinámica de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia. La homilía no cumple únicamente la función  de anunciar a Cristo, explicar las Escrituras o instruir al pueblo, sino que hace todo esto en el ámbito propio del culto litúrgico y de los signos sacramentales» (Comisión Episcopal de Liturgia, Partir el pan de la palabra, n.o 10).

 

  Esta descripción de la función que tiene la homilía en la educación de la fe del pueblo cristiano  queda iluminada por la experiencia histórica del Catecumenado.

 

  El Catecumenado en la iniciación cristiana de adultos fue en los primeros siglos de la Iglesia un tiempo de catequesis acomodado al año litúrgico. La celebración litúrgica incidía en el programa catequético pero no lo suplía, y la catequesis culminaba en celebración.

 

  De los cuatro caminos que componen el catecumenado la catequesis o enseñanza, el ejercicio en la práctica de la vida cristiana, la liturgia, y el aprendizaje en el apostolado el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos en sus observaciones previas señala que «por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente, acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va conduciendo a los catecúmenos no sólo al conveniente conocimiento de los dogmas y de los preceptos sino también al íntimo conocimiento del misterio de la salvación, cuya aplicación desean» (R.I.C.A., Observaciones previas, 19,1).

 

  Esta obra, preparada por la Subcomisión Episcopal de Catequesis parte de la convicción de que Catequesis y Liturgia han de estar íntimamente relacionadas en la misión pastoral de la Iglesia, y que la homilía es la actividad principal del ministerio pastoral de los sacerdotes para establecer ese nexo.

 

2.  Homilía y Catecismo

 

  El más utilizado anexo al Catecismo Romano del Concilio de Trento tiene como título: «Práctica del Catecismo, o sea, el Catecismo distribuido entre todas las dominicas del año, algunas ferias y fiestas del Señor, y acomodado a los evangelios».  Fue un texto auxiliar de la formación teológica de los párrocos en su misión de instruir al pueblo.

 

  ¿Nos encontramos hoy ante el Catecismo de la Iglesia Católica con la necesidad de que llegue al pueblo cristiano un catecismo destinado directamente a los pastores y, por ellos, al pueblo? ¿Existe hoy la necesidad de hacer llegar a todos los católicos el Catecismo de la Iglesia Católica para que se eduquen en la fe?  Creemos que sí. El texto ya citado de la Constitución Fidei Depositum pone el Catecismo en manos de los pastores «para que lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica», no solo para su formación teológico-pastoral, ni solo para elaborar otros catecismos menores. Debe llegar a todos los sujetos del anuncio de la fe y de la vocación cristiana. La homilía es para ello una acción evangelizadora privilegiada en el marco de la liturgia cualitativa y cuantitativamente. La homilía es escuchada  semanalmente por casi un tercio de la población católica en España.

 

  2.1.  Las Constituciones del Concilio Vaticano II Dei Verbum y Sacrosantum Concilium nos sugieren el modo de incorporar el Catecismo de la Iglesia Católica a la predicación homilética. Modo muy distinto al del citado anexo del Catecismo Romano.

 

  La predicación homilética ha de hacerse a partir de los textos sagrados (cf SC, 52 citado arriba), y conforme al Espíritu que inspiró los textos. El Concilio Vaticano II (DV, 12, 3) señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró. Así los recoge el Catecismo de la Iglesia Católica.

 

  «Prestar una gran atención» al contenido y a la unidad de toda la Escritura. En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios, del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua` (112).

 

  «Leer la Escritura en la Tradición viva de toda la Iglesia.  Según un adagio de los Padres..., la Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos. En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura» (113).

 

  «Estar atento a la analogía de la fe. Por analogía de la fe entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación» (114).

 

 El Catecismo de la Iglesia Católica ha sido un buen regalo para los sacerdotes por muchos motivos, pero no es el menor el que sirva para enraízar la homilía en la Tradición viva de la Iglesia y poder descubrir esta riqueza al Pueblo de Dios con el humilde servicio de lapredicación. El Catecismo de la Iglesia Católica presenta «fiel y orgánicamente la enseñanza de la Sagrada Escritura, de la Tradición viva en la Iglesia y del Magisterio entero, así como la herencia espiritual de los Padres, de los santos y santas de la Iglesia, para permitir conocer mejor el

misterio cristiano y reavivar la fe del Pueblo de Dios... (Tiene en cuenta) las explitaciones de la doctrina  que el Espíritu Santo ha sugerido a la Iglesia a lo largo de los siglos... y ayuda a iluminar con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en el pasado aún no se habían planteado» (FD, 3).

 

  En los esquemas homiléticos que se proponen, hay citas literales del Catecismo bajo los epígrafes: «La fe de la Iglesia» y «Testimonio cristiano»; y referencias al Catecismo «Sugerencias para el estudio de la homilía» junto con otras sugerencias. Todo ello quiere ser una ayuda para comprender los textos sagrados recogidos en el Leccionario, en el Espíritu que los inspiró, y según los criterios señalados por la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II.

 

  2.2.  Cuanto señala la nota publicada por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y Subcomisión Episcopal de Catequesis «sobre algunos aspectos de la Catequesis hoy, relacionados con el tema de la revelación cristiana y su transmisión» puede decirse también de la predicación homilética.

 

  «Insistir en la catequesis como transmisión de la Sagrada Escritura y de los principales documentos de la Tradición y del Magisterio; insistir, asimismo...como memoria en conexión vital con la anamnesis  eucarística o en la fe como inserción y participación en la corriente viva de la

Tradición y de su  lenguaje; o insistir en la necesidad de unas expresiones inalterables que salvaguarden la unidad, homologia (confesión), de la fe en lo sustancial, se compadece mal con una de las tendencias de la modernidad: la emancipación respecto de toda insistencia ajena a la razón autónoma, de toda  tradición, de todo lo dado...A partir de esta exigencia de ``reinventar'' la ``auténtica'' fe y la comunidad cristiana, pues parece que no se esté seguro de que la larga tradición de la Iglesia no la haya corrompido, no es extraño, por un lado que el discurso catequético se haya fragmentado y parcializado en bastantes casos, y por otro lado, haya perdido sustantividad, referencia a la realidad, y ``regla'' de la fe, y se haya convertido en instrumento para suscitar experiencias, actitudes y compromisos pretendidamente cristianos» (Cf 14-15).

 

  Los esquemas homiléticos que se proponen expresan también esta preocupación, y para responder a ello escogen algunos textos del Catecismo para que, de alguna manera, se formulen en la homilía con un lenguaje común al que se utiliza en otras actividades del ministerio de la Palabra. Son los textos citados en el epígrafe: «La Fe de la Iglesia». En los esquemas homiléticos de los otros dos ciclos se escogerán otros textos con la finalidad de colaborar desde la homilía a la necesaria homología (confesión) de la fe en lo sustancial.

 

  2.3.  Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica, propicia exponer la fe de la Iglesia orgánicamente y ayuda a superar la tendencia a la fragmentación. «Este Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Numerosas referencias en el interior del texto y el índice analítico al final del volumen permiten ver cada tema su vinculación con el conjunto de la fe» (18).

 

  Además, la homilía «está destinada preferentemente a aquellos que ya han sido llamados a la conversión y a la fe, que la suponen al mismo tiempo que la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y obras» (Comisión Episcopal de Liturgia, DC, 10). La homilía, pues, debe exhortar a celebrar, orar y vivir lo que la fe proclama, y debe relacionar armónicamente el primer anuncio (kerigma), la exposición sistemática (la catequesis), la exhortación a la perseverancia en la vida cristiana (parénesis), y la comunicación con el misterio de la presencia del Señor (mystagogia). La  homilía necesita, pues, de un instrumento que relacione orgánicamente la fe profesada, con la liturgia, la vida cristiana y la oración. Este instrumento, de toda garantía, es el Catecismo de la Iglesia Católica.

 

  En los esquemas homiléticos, se ofrece esta relación orgánica mediante citas del Catecismo para el estudio de la homilía en dos epígrafes: «La fe», preferentemente con referencias a la primera y segunda parte del Catecismo y en «La respuesta» con referencias también a la tercera y cuarta parte del mismo Catecismo, a fin de que se pueda establecer esa relación orgánica entre lo que creemos, celebramos, vivimos y oramos. En cada año litúrgico se contiene la sustancia viva del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. En el conjunto de los tres años litúrgicos se habrá recorrido extensivamente todo el Catecismo.

 

  2.4.  Finalmente, no se debe olvidar que «por su misma naturaleza este catecismo no se propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido como en el método, a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y, más aún, a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles» (24).

 

  El Catecismo de la Iglesia Católica exige leerlo adaptado a los fieles por parte de los encargados de educarles en la fe. Esta exigencia es mayor cuando se utiliza en la predicación homilética.

 

  «La predicación sacerdotal resulta bastantes veces muy difícil en la situación actual de nuestro mundo. Para mejor mover las almas de los oyentes, debe presentar la Palabra de Dios no sólo

de manera abstracta y general, sino aplicando la verdad perenne del Evangelio a las circunstancias concretas de la vida» (C. Vaticano II,

Presbyterorum Ordinis, 4).

 

  La Palabra de  Dios, leída y comentada en la Tradición  viva de la Iglesia ha de realizar en el «hoy-aquí-para nosotros» lo que se proclama. Esta acción es obra del Espíritu Santo.

El que predica colabora con El en cuanto traduce y aplica a la situación y vida concreta del oyente la Palabra de Dios proclamada.

 

  La Palabra de Dios proclamada y concretada por la Iglesia es la Luz que ilumina la vida personal y la comunidad humana social donde el creyente, en comunión con la Iglesia, peregrina hacia el encuentro con Dios.

 

  El Catecismo  de la Iglesia Católica, que es adaptable necesariamente, es evidente que no puede ser leído sin más en la homilía, pero es un buen instrumento para que los pastores puedan ofrecer a los fieles la mayor de las cualidades de  una predicación: la sustancia  viva de la fe de la Iglesia.

 

  El esfuerzo, sin embargo, para su adaptación a los oyentes concretos no lo puede suplir nadie. En estos esquemas se ofrecen «Otras sugerencias» generales para el estudio de la homilía a partir de algunas situaciones y propone algunas posibles conexiones entre los textos bíblicos y el Catecismo. La preparación de la homilía ha de hacerla gozosamente cada ministro de la predicación.

 

  La mejor preparación homilética, la más concreta y adaptada a las circunstancias sociales y a los destinatarios es aquella que se gesta conducida por el Espíritu de Dios, «tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta ¿creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente los que vivís? Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación» (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 76).

 

ESQUEMA GENERAL DEL

AÑO C (inicio)

 

Tiempo litúrgico

Enfoque

Objetivo

 

1.ADVIENTO

 

Dimensión misionera: Desde la confesión de fe hacia la confesión de fe.

Itinerario del hombre para su encuentro con el Señor que vino, viene y vendrá.

 

2.NAVIDAD

Mystagogia: Profundizar en el Misterio y «gustar» su celebración.

El Misterio de la Encarnación como Epifanía o manifestación del Hijo de Dios a los pastores, paganos, pobres, y como Siervo.

 

3.CUARESMA

Dimensión catequética (Catecumenado: tiempo 

de iluminación y purificación).

Camino hacia la cruz pascual a

través del ejercicio de la cuaresma y de la conversión.

 

4.SANTO TRIDUO PASCUAL

La celebración Pascual.

 

Celebrar y contemplar el Misterio.

 

5.TIEMPO PASCUAL

Dimensión catequética (Mystagogia).

 

Mystagogia del Misterio pascual:Cristo resucitado.La

Iglesia, Cuerpo visible de  Cristo  resucitado.

 

6.TIEMPO ORDINARIO

Dimensión parenética para el

testimonio y la misión.

Exhortación a la vocación

cristiana. Catequesis de la vida en Cristo y la oración.

Exhortación a la esperanza escatológica.

 

En cada tiempo litúrgico hay un esquema e introducción

explicativa del plan de homilía que se propone.

 

ADVIENTO

 

  Adviento:

 

  El Señor vino en la carne de nuestro Salvador.

  El Señor viene en la Iglesia por medio del Espíritu Santo.

 

  El Señor vendrá al final de los tiempos en el que Dios será todo

en todos.

 

  La Iglesia anuncia abiertamente y con decisión al Dios vivo y a

Jesucristo enviado por El para salvar a todos los

hombres y cultiva en este tiempo las  dimensiones  morales de vigilancia y

acogida ante el encuentro con Jesucristo.

 

  Los cuatro domingos de Adviento y la solemnidad que dentro de él se

celebra: la Inmaculada Concepción de

María, pueden ayudar al pueblo cristiano, utilizando el Catecismo, para 

volver a realizar el primer anuncio

misionero y la llamada a la conversión. Los temas del Catecismo que se

seleccionan y su secuenciación subrayan

esta dimensión misionera:

 

  1.er domingo: El hombre abierto a la esperanza en Jesucristo que vendrá

es llamado a la vigilancia.

 

  2.o domingo: A este hombre, Dios le concede la virtud teologal de la

esperanza.

 

  3.er domingo: Dios, que no le abandona al poder de la muerte, es, en

Jesucristo, la Buena Noticia, la plenitud de

la Revelación, y le libra del pecado con su gracia.

 

  4.o domingo: Y Solemnidad de la Inmaculada Concepción: Jesucristo,

concebido por obra y gracia del Espíritu

Santo, y nacido de la Virgen María, en la plenitud de los tiempos, la

Alianza definitiva y definitivo encuentro de

Dios con los hombres.

 

ADVIENTO

Domingos y Solemnidades

 

Primera Lectura

 

Segunda

Lectura

 

Evangelio

 

Catecismo de la Iglesia Católica

 

ADVIENTO

 

Suscitaré a David un 

vástago legítimo (Jr 33, 14-16)

 

...cuando Jesús

nuestro Señor, vuelva (1 Ts. 3,12-4,2)

 

Velad (Lc 21,

25-28.34-36)

 

Venida final de Jesucristo: 668-677

Vigilancia: 2612

 

2.o ADVIENTO

 

Dios ha mandado abajarse a todos los

montes elevados (Ba 5, 1-9)

 

...hasta el día de Cristo 

Jesús (Flp l, 4-6.8-11)

 

Preparad el camino del Señor,

(Lc 3, 1-6)

 

La esperanza: 1817-1821

 

3.o ADVIENTO

 

Regocíjate Israel (So 3,

14-18a)

 

Estad siempre alegres ... El Señor está cerca

(Flp 4,4-7)

 

Viene el que puede más que yo (Lc 3, 10- 18)

 

Alegría y búsqueda de Dios: 30Acción de

Cristo glorioso: 1084-1085

 

4.o ADVIENTO

 

Hasta el tiempo en que la madre de a

luz (Mi 5, 2-5a)

 

Cuando entró en el mundo dijo: Aquí

estoy (Hb 10, 5-l0)

 

La Visitación (Lc 1, 39-45)

 

El Espíritu Santo vendrá sobre : 484-489

Magnificat: 2617-2619

 

INMACULADA CONCEPCIÓN

 

Protoevangelio (Gn. 3, 9-15.20)

 

Nos eligió en la persona de Cristo (Ef 1,3-6.11-12)

 

La Anunciación (Lc 1, 26-38)

 

La Concepción

Inmaculada: 508; 490-493.

 

DOMINGO I DE ADVIENTO (inicio)

 

«A levanto mi alma»

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

 Jr 33, 14-16: «Suscitará a David un vástago legítimo».

 

 Sal 24: «A , Señor, levanto mi alma».

 

 1 Ts 3, 12-4, 2: «Que el señor os fortalezca interiormente para cuando

Jesús vuelva».

 

 Lc 21, 25-28. 34-36: «Se acerca vuestra liberación».

 

II. LA FE DE LA IGLESIA

 

 «Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos» (668s).

 

 «Cristo es el Señor del Cosmos y de toda la Historia» (668).

 

 «Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su

consumación. Estamos ya en la ``última hora''. El

final de la Historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo

está ya decidida de manera irrevocable...»

(670).

 

 «El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo no está

todavía acabado. Este reino aún es objeto

de los ataques de poderes del mal, a pesar de que estos poderes hayan sido

vencidos en su raíz por la Pascua de

Cristo...» (671).

 

III. TESTIMONIO CRISTIANO

 

 «La Luz luce en las tinieblas. Las tinieblas son el error y la muerte...

Abramos las puertas para que aquella Luz

nos ilumine con sus rayos y siempre  gocemos de la benignidad de Nuestro

Señor Jesucristo». (S. Juan Crisóstomo,

PG, 59, 57 ss).

 

 «Nuestro Redentor y Señor anuncia los males que han de seguir a este

mundo perecedero, a fin de que nos

hallemos preparados...Nosotros, que sabemos cuáles son los gozos de la

Patria Celestial, debemos ir cuanto antes

a Ella y por el camino más corto... No queráis, pues, hermanos, amar lo

que no ha de permanecer mucho» (S

Gregorio Magno, PL. 76, 1077 ss).

 

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

 

A. Apunte bíblico-litúrgico

 

 El anuncio profético de Jeremías se cumple en Jesucristo «retoño

de David» (Ap 5,5), que ha dado al mundo

la «justicia», es decir, la salvación.  Los males, el miedo, la

angustia, etc. afligen a los hombres a lo largo de su

historia contingente (Evangelio) y evidencian la necesidad que tienen de ser

liberados.

 

 Con la plegaria del «pobre» y «pecador» nos dirigimos a Dios que

nos salva (Salmo responsorial). A Dios

pedimos, mientras cominamos hacia nuestra plena liberación, que nos

conceda «crecer y abundar en el amor...

portándonos de modo que agrademos a Dios» (Segunda lectura).

 

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

 

 La fe:

 

 Venida final de Jesucristo: 668-677.

 

 La respuesta:

 

 La vigilancia: 2612; 2849.

 

C. Otras sugerencias

 

 Toda la Creación gime (Rom 8). Los hombres gemimos en ella. Los

creyentes en Jesús nos sentimos

estimulados en el primer Domingo de Adviento a transmitir al increyente y al

alejado los caminos del Señor, que

son «misericordia y lealtad». Es un aspecto de la «Nueva

Evangelización», que tiene por núcleo la realidad de

que Dios se hizo Enmanuel para salvarnos (cf CEE, Para que el mundo crea)

 

 Desde el primer Domingo de Adviento ha de contemplarse la triple venida de

Jesucristo Salvador: la histórica,

la futura y la actual.

 

 Necesitamos vigilar, disipar las sombras, para que el anuncio que

transmitimos, se potencie con la luz y

testimonio de nuestra vida.

 

 Ha de salir, además, de nuestro corazón la plegaria «muéstranos,

Señor, tu misericordia y danos tu salvación».

 

DOMINGO II DE ADVIENTO (inicio)

 

«El Señor vendrá...»

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

 Ba 5, 1-9: «Dios mostrará su esplendor sobre »

 

 Sal 125: «El Señor ha estado grande con nosotros»

 

 Flp 1, 4-6.8-11: «Manteneos limpios e irreprochables para el día de

Cristo»

 

 Lc 3, 1-6: «Todos verán la salvación de Dios»

 

II. LA FE DE LA IGLESIA

 

 «La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los

cielos y a la vida eterna como

felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y

apoyándonos no en nuestras fuerzas

sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (1817).

 

 «La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por

Dios en el corazón de todo hombre;

asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las

purifica para ordenarlas al reino de los

cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el

corazón en la espera de la

bienaventuranza eterna» (1818).

 

III. TESTIMONIO CRISTIANO

 

 «El Verbo de Dios ha habitado en el hombre y se ha hecho hijo del hombre

para acostumbrar al hombre a

comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según

la Voluntad del Padre» (S. Ireneo

de Lyón) (53).

 

 Cada uno de nosotros estaba torcido. Por la venida de Cristo, ya realizada,

lo que estaba torcido en nuestra

alma se ha enderezado. ¿De qué te sirve a que Cristo haya venido

históricamente en la humanidad si no ha

venido también a tu alma? Roguemos pues para que cada día se realice en

nosotros su venida de manera que

podamos decir: Vivo, pero no yo; es Cristo quien vive en mí (Orígenes,

In. Lc. 22, 1-5).

 

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

 

A. Apunte bíblico-litúrgico

 

 Las tres lecturas convergen en un mismo mensaje: Esperanza. «Todos

verán la salvación de Dios» (Evangelio).

 

 «Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, contempla a tus hijos...

gozosos, porque Dios se acuerda de ellos». Son

bellísimas imágenes de la esperanza en Baruc.

 

  «Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una

empresa buena la llevará adelante

hasta el día de Cristo Jesús».  La salvación anunciada se

realizó y se realiza en Cristo (Seguna lectura).

 

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

 

 La fe:

 

 Los preparativos para la venida del Salvador: 552-524.

 La esperanza, virtud teologal: 1817-1821.

 

 La respuesta:

 

 La virtud de la esperanza: 2090-2092.

 La oración «venga a nosotros tu Reino»: 2816-2821.

 

C. Otras sugerencias

 

 La antífona de Entrada: «Pueblo de Sión: mira el Señor que viene

a salvar a los pueblos. El hará oir su voz

gloriosa en la alegría de vuestro corazón», son la respuesta al «a

levanto mi alma...» del primer domingo.

 

 Apoyados en el texto de Baruc (Primera lectura) contemplamos que «Dios se

acuerda de nosotros» «nos ama»

nos conduce por los caminos de la historia,  por en medio de tribulaciones y

dificultades, como un Dios salvador y

liberador en Jesucristo.

 

 La virtud de la esperanza se alimenta en la oración: «venga a nosotros

tu Reino».

 

DOMINGO III DE ADVIENTO (inicio)

 

«Estad siempre alegres en el Señor»

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

 So 3, 14-18a: «El Señor se alegrará en »

 

 Is 12, 2-3; 4-6: «Gritad jubilosos...»

 

 Fl 4, 4-7: «El Señor está cerca»

 

 Lc 3, 10-18: «¿Qué hemos de hacer?»

 

II. LA FE DE LA IGLESIA

 

 «Se alegre el corazón de los que buscan a Dios» (Sal 105, 3). Si el

hombre puede olvidar o rechazar a Dios,

Dios  no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la

dicha» (30).

 

 «Sentado a la derecha del Padre y derramando el Espíritu Santo sobre

su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa

ahora por medio de los Sacramentos, instituídos por El para comunicar su

gracia. Los Sacramentos son signos

sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual.

Realizan eficazmente la gracia que

significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu

Santo» (1084).

 

III. TESTIMONIO CRISTIANO

 

 «La verdadera alegría se encuentra donde dijo S. Pablo: En el

Señor. Las demás cosas, a parte de ser

mudables, no nos proporcionan tanto gozo que puedan impedir la tristeza

ocasionada por otros avatares en

cambio, el temor de Dios la produce indeficiente porque quien teme a Dios

como se debe a la vez que teme

confía en El y adquiere la fuente del placer y el manantial de toda la

alegría» (S. Juan Crisóstomo, PG. 27, 179)

 

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

 

A. Apunte bíblico-litúrgico

 

 El tema de la Palabra es la alegría por la presencia y acción de

Jesucristo salvador en la historia humana:

«Estad siempre alegres en el Señor». (Segunda lectura).

«Regocíjate...  grita de júbilo... alégrate y goza de todo

corazón» (Primera lectura).

 

 La causa de la alegría es el Señor. Su presencia es el anuncio de la

Buena Noticia, gozosa noticia. «Yo os

bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo». «El os

bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Evangelio).

Bautismo que purifica, salva, santifica. Bautismo, es decir, la vida

sacramental  por la que Jesucristo está presente

y actua en la vida de los hombres.

 

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

 

 La fe:

 

 Acción de Cristo glorioso en la liturgia: 1084-1085.

 ... y en la oración: 2656-2658.

 

 La respuesta:

 

 Alegría y búsqueda de Dios: 30.

 

C. Otras sugerencias

 

 Ovidio escribe en el destierro: «Nada puede hacerse sino llorar» (De

tristitia). San Pablo, prisionero

recomienda: «Estad siempre alegres en el Señor; de nuevo os digo, estad

alegres». Dice también: «Sobreabundo

de gozo en nuestra tribulación» (2 Co 7,4). Este vive de Cristo. Ovidio,

no.

 

 El discípulo de Jesucristo vive en comunión con El, que actua en el

misterio; cree y espera su venida final y

definitiva. Sabe que por la presencia y acción de Cristo, que nos

acompaña, nuestra vida cristiana está penetrada

de la vida nueva de Dios. Aquí está el secreto de la alegría del

creyente.

 

 En un mundo que cada día se torna más triste, el creyente debe velar

para no esclavizarse por lo contingente,

esforzarse por el cumplimiento del deber, la austeridad de su vida y la

solidaridad con los hombres necesitados y

presentar a Dios sus peticiones y acciones de gracias.

 

DOMINGO IV DE ADVIENTO (inicio)

 

«Enviad cielos vuestro rocío»

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

 Mi 5, 2-5a: «De saldrá el jefe de Israel».

 

 Sal 79, 2 y 3. 15-16. 18-19. «Oh Dios, restáuranos».

 

 Hb 10, 5-10: «Aquí estoy para hacer tu voluntad».

 

 Lc 1, 39-45: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi

Señor?».

 

II. LA FE DE LA IGLESIA

 

 «Dios envió a su Hijo» pero para «formarle un cuerpo» quiso la

libre cooperación de una criatura. Para ésto

desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo a una

hija de Israel (488). A lo largo de toda

la antigua alianza, la misión de María fue preparada por la misión

de algunas santas mujeres (489).

 

 «La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la

del Hijo. El Espíritu Santo fue enviado para

santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina»

(485).

 

III. TESTIMONIO CRISTIANO

 

 «En verdad, Virgen Santísima,  que tu alabanza supera toda alabanza,

por haberse encarnado Dios en ...» Por

hoy llena de gracia, es conocida en la tierra la Trinidad beatísima

(S. Pedro Damiano. Sermón 44; PL. 144,

738 ss.)

 

 Dichosa María que unió virginidad, fecundidad y humildad. «Venerad,

pues, los casados la integridad y pureza

de aquel cuerpo mortal; admirad vosotras vírgenes consagradas, la

fecundidad de la Virgen; imitad, hombres

todos, la humildad de la Madre de Dios; honrad ángeles santos a la Madre

de vuestro Rey...a cuya dignidad sea

dada toda gloria y honor». (S. Bernardo. Homilía I,  sobre el «Missus

est»).

 

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

 

A. Apunte bíblico-litúrgico

 

 En el texto del Profeta Miqueas se anuncia al Mesías «Jefe de

Israel» que «pastoreará con la fuerza del Señor»

y realizará la unión de todos los hombres.

 

 María, después del anunio del Angel, se entregó a Dios:

«Hágase en mi según tu voluntad». Inmediatamente

después: «fue a prisa a la montaña». Y se entregó al servicio de

su prima.

 

 El Hijo de Dios, encarnado ya en sus entrañas, dice al Padre: «Aquí

estoy para hacer tu voluntad» ... conforme

a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del Cuerpo de

Cristo (Segunda lectura). Se entregó al

Padre y se hizo servidor de todos los hombres.

 

 El «fruto bendito» del vientre de María llenó de Espíritu

Santo a Isabel y a la criatura de su vientre, Juan. Lo

cual nos estimula a pedir a Dios, contemplando a toda la humanidad, «Oh

Dios, restáuranos que brille tu rostro y

nos salve» (Sal 79). Que se muestre hoy al hombre el fruto bendito de la

Virgen María.

 

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

 

 La fe:

 

 «El Espíritu Santo vendrá sobre »: 484-489.

 

 La respuesta:

 

 La oración de la Virgen María: 2617-2619.

 

C. Otras sugerencias

 

 La celebración del IV Domingo de Adviento nos invita a prepararnos a la

gran fiesta de Navidad unidos a

María y con el mismo espíritu de adoración y alabanza que

manifestó ella en el Magníficat.

 

 Exige de nosotros, además, un compromiso para imitar el gesto de caridad

que Ella tuvo con su prima Santa

Isabel, en el día a día de nuestra existencia, haciéndonos

solidarios de nuestros hermanos más necesitados.

 

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN (inicio)

 

«Alégrate, llena de gracia»

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

 Gn 3, 9-15.20: «Establezco hostilidades entre y la mujer, entre tu

estirpe y la suya».

 

 Sal 97, 1.2-4: «Cantad al Señor un cántico nuevo».

 

 Ef 1, 3-6.11-12: «Dios nos elegió en la persona de Cristo».

 

 Lc 1, 26-38: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está

contigo».

 

II. LA FE DE LA IGLESIA

 

 «De la descendencia de Eva, Dios elegió a la Virgen María para ser

la Madre de su Hijo. Ella, ``llena de

gracia'', es ``el fruto excelente de la Redención''; desde el primer

instante de su concepción,  fue totalmente

preservada de la mancha del  pecado original y permaneció pura de todo

pecado personal a lo largo de toda su

vida» (508).

 

 «Esta resplandeciente santidad del todo singular de la que Ella fue

``enriquecida desde   el primer instante de su

concepción'', le viene toda entera de Cristo. Ella es ``redimida de la

manera más sublime en atención a los

méritos de su Hijo''. El Padre la ha ``bendecido con toda clase de

bendiciones espirituales en el cielo, en Cristo''

(492).