CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
AÑO C
COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS SUBCOMISIÓN EPISCOPAL PARA LA
CATEQUESIS
INDICE
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Adviento
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Navidad
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Cuaresma
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Santo Triduo Pascual
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El Tiempo Pascual
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Solemnidades
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Ofrecemos con humilde
esperanza este instrumento principalmente orientado a quienes tienen la
responsabilidad de preparar la homilía dominical y festiva; y también
útil como guía para una lectura del propio "Catecismo de la
Iglesia Católica" encuadrada en el marco del tiempo litúrgico y de las perícopas bíblicas que se asignan al Año C del ciclo
trienal celebrativo.
Se inicia con este libro la
consecución de una acción que nos fue encomendada para el trienio 1993-1996 en
orden a la recepción del Catecismo en España: "Elaboración de ayudas
para la predicación dominical y festiva aportando, en relación con sus textos
bíblicos, las referencias del Catecismo de la Iglesia Católica que tienen
relación con dichos textos". Este objetivo nos fue recomendado
expresamente por la LX Asamblea Plenaria de los Obispos, cuando nos alentaba a
prestar servicios para "la promoción de una catequesis profundamente
eclesial que parte de la comunión y memoria de la Iglesia y tiende a
ella".
En qué consiste el presente
instrumento se explica con claridad y amplitud en su introducción. Ha sido
elaborado por un equipo presidido por un Obispo, del que han formado parte
Mons.
José M.a
Eguaras, liturgista y durante tantos años
Vicesecretario del Episcopado Español; D. Francisco Ferrer Luján, catequeta y Vicario Episcopal del Arzobispo de Valencia; el
P. José Antonio Goenaga S.J., liturgista y Profesor
de la Facultad de Teología de Deusto; y D. Manuel del Campo Guilarte,
Profesor ordinario del Centro de Estudios Teológicos "San Dámaso" de
Madrid y Director del Secretariado Nacional de Catequesis.
A todos ellos el
agradecimiento más profundo de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.
15 de actubre
de 1994
José Manuel Estepa Llaurens Arzobispo Presidente de la Subcomisión
Episcopal de Catequesis
1. Homilía y Catequesis
2. Homilía y Catecismo
a) La Tradición
viva en la Iglesia
b) La confesión de
la fe en lo sustancial
c) Exposición
orgánica
d) Adaptación
necesaria
3. Esquema general del
ciclo «C»
«Pido... a los
pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un
espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de
anunciar la fe y llamar a la vida evangélica» (Juan Pablo II, Const. Apost., Fidei Depositum,
4).
«En la homilía se
exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos
sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana» (Vaticano
II, Sacrosantum Concilium,
52)
«El sacerdote
debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de
Dios; no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también
necesario; necesita acercarse a la Palabra con una conexión dócil y orante,
para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos, y engendre
dentro de sí una mentalidad nueva: la mente de Cristo (l Co 2,16), de modo que
sus palabras, sus opciones y sus actitudes sean, cada vez más una
transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio... El no es el
dueño de esta Palabra: es su servidor. El no es el único poseedor de esta
palabra: es deudor ante el Pueblo de Dios. El anuncia la Palabra en su cualidad
de ministro, partícipe de la autoridad profética de Cristo y de la Iglesia. Por
esto, por tener en sí mismo y ofrecer a los fieles la garantía de que
transmite el Evangelio en su integridad, el sacerdote ha de cultivar una
sensibilidad, un amor y una disponibilidad particulares hacia la Tradición viva
de la Iglesia y de su Magisterio, que no son extraños a la Palabra, sino que sirven
para su recta interpretación y para custodiar su sentido auténtico». (Juan
Pablo II, Pastores dabo vobis,
26).
Estos tres textos
presentan el objetivo de esta obra.
Es una ayuda a los sacerdotes
para la preparación de las homilías de los domingos y solemnidades. Un subsidio
para el anuncio de la fe y la llamada a la vida evangélica que se realiza en la
homilía, lugar propio de la liturgia.
Un auxilio que quiere ser
garantía de un recto ejercicio del ministerio de la Palabra, ya que ofrece el
Catecismo de la Iglesia Católica que «es una exposición de la fe de la Iglesia
y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura,
la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico» (FD, 4).
El Plan Pastoral de la
Conferencia Episcopal Española Para que el mundo crea (l994-l997) señala la
catequesis y la predicación como dos de los sectores más importantes en los que
se ha de buscar expresamente el servicio a los objetivos comunes de la pastoral
de evangelización propuesta por el Episcopado español para este trienio.
En la catequesis y en
la predicación es necesario «asumir cada vez más hondamente el Catecismo de la
Iglesia Católica, tanto en sus contenidos como en sus criterios inspiradores,
en todos los procesos de formación cristiana».
Asumir el Catecismo de
la Iglesia Católica posibilita que la acción catequética y la predicación sean
verdaderamente evangelizadoras y busquen «por encima de todo la verdadera
conversión de las personas a Dios, a Jesucristo, a la vida cristiana en todos
sus exigencias de seguimiento, vida espiritual, testimonio y responsabilidades
apostólicas y sociales» (Para que mundo crea, pág.
32).
Con esta convicción
ofrecemos este servicio pastoral. Creemos que es un buen instrumento para
renovar la predicación homilética e «impulsar una
predicación más adecuada a las exigencias actuales del servicio a la fe de
nuestro pueblo y de una verdadera evangelización» (Para que el mundo crea, pág.32)
1. Homilía y Catequesis
La exhortación
apostólica del Papa Juan Pablo II Catechesi Tradendae, 48, trata de la homilía como uno de los momentos
para la catequesis en el sentido amplio del término:
«La homilía
vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la catequesis y la conduce
a su perfeccionamiento natural»
La catequesis se realiza
en una comunidad cristiana en lugares y ámbitos distintos, y utiliza diversos
métodos, pero tiende siempre a la celebración litúrgica. La homilía interviene
como nexo entre el itinerario recorrido y la liturgia que se celebra.
«La homilía
impulsa a los discípulos del Señor a emprender cada día su itinerario
espiritual en la verdad, en la adoración y en la acción de gracias. En este
sentido, se puede decir que la pedagogía catequética encuentra, a su vez, su
fuente y su plenitud en la Eucaristía dentro del horizonte completo del año
litúrgico»
La homilía no es solo
un nexo para que la acción evangelizadora de la catequesis culmine en la liturgia,
sino que lo es también para que la liturgia celebrada sea fuente de la vida
cristiana.
«La predicación
centrada en los textos bíblicos debe facilitar entonces, a su manera, el que
los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las
normas de la vida cristiana»
La homilía es un forma
de catequesis sistemática, siguiendo el año litúrgico, y a partir de la Palabra
de Dios proclamada en la celebración. Es una forma peculiar litúrgica de educar
en la fe. Su nota más sobresaliente es «lo que hace de ella un acto
sacramental que pertenece por entero a la misma dinámica de la presencia de la
Palabra de Dios en la liturgia. La homilía no cumple únicamente la
función de anunciar a Cristo, explicar las Escrituras o instruir al
pueblo, sino que hace todo esto en el ámbito propio del culto litúrgico y de
los signos sacramentales» (Comisión Episcopal de Liturgia, Partir el pan de la
palabra, n.o 10).
Esta descripción de la
función que tiene la homilía en la educación de la fe del pueblo
cristiano queda iluminada por la experiencia histórica del Catecumenado.
El Catecumenado en la
iniciación cristiana de adultos fue en los primeros siglos de la Iglesia un
tiempo de catequesis acomodado al año litúrgico. La celebración litúrgica
incidía en el programa catequético pero no lo suplía, y la catequesis culminaba
en celebración.
De los cuatro caminos
que componen el catecumenado la catequesis o enseñanza, el ejercicio en la
práctica de la vida cristiana, la liturgia, y el aprendizaje en el apostolado
el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos en sus observaciones previas
señala que «por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o
catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente,
acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va
conduciendo a los catecúmenos no sólo al conveniente conocimiento de los dogmas
y de los preceptos sino también al íntimo conocimiento del misterio de la
salvación, cuya aplicación desean» (R.I.C.A., Observaciones previas, 19,1).
Esta obra, preparada
por la Subcomisión Episcopal de Catequesis parte de la convicción de que
Catequesis y Liturgia han de estar íntimamente relacionadas en la misión
pastoral de la Iglesia, y que la homilía es la actividad principal del
ministerio pastoral de los sacerdotes para establecer ese nexo.
2. Homilía y Catecismo
El más utilizado anexo
al Catecismo Romano del Concilio de Trento tiene como título: «Práctica del Catecismo,
o sea, el Catecismo distribuido entre todas las dominicas del año, algunas
ferias y fiestas del Señor, y acomodado a los evangelios». Fue un texto
auxiliar de la formación teológica de los párrocos en su misión de instruir al
pueblo.
¿Nos encontramos hoy
ante el Catecismo de la Iglesia Católica con la necesidad de que llegue al
pueblo cristiano un catecismo destinado directamente a los pastores y, por
ellos, al pueblo? ¿Existe hoy la necesidad de hacer llegar a todos los
católicos el Catecismo de la Iglesia Católica para que se eduquen en la
fe? Creemos que sí. El texto ya citado de la Constitución Fidei Depositum pone el Catecismo
en manos de los pastores «para que lo utilicen constantemente cuando realizan
su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica», no solo para su
formación teológico-pastoral, ni solo para elaborar otros catecismos menores.
Debe llegar a todos los sujetos del anuncio de la fe y de la vocación
cristiana. La homilía es para ello una acción evangelizadora privilegiada en el
marco de la liturgia cualitativa y cuantitativamente. La homilía es
escuchada semanalmente por casi un tercio de la población católica en
España.
2.1. Las
Constituciones del Concilio Vaticano II Dei Verbum y Sacrosantum
Concilium nos sugieren el modo de incorporar el
Catecismo de la Iglesia Católica a la predicación homilética.
Modo muy distinto al del citado anexo del Catecismo Romano.
La predicación homilética ha de hacerse a partir de los textos sagrados (cf SC, 52 citado arriba), y conforme al Espíritu que
inspiró los textos. El Concilio Vaticano II (DV, 12, 3) señala tres criterios
para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró.
Así los recoge el Catecismo de la Iglesia Católica.
«Prestar una gran
atención» al contenido y a la unidad de toda la Escritura. En efecto, por muy
diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de
la unidad del designio de Dios, del que Cristo Jesús es el centro y el corazón,
abierto desde su Pascua` (112).
«Leer la Escritura en
la Tradición viva de toda la Iglesia. Según un adagio de los Padres...,
la Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la
materialidad de los libros escritos. En efecto, la Iglesia encierra en su
Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la
interpretación espiritual de la Escritura» (113).
«Estar atento a la
analogía de la fe. Por analogía de la fe entendemos la cohesión de las verdades
de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación» (114).
El Catecismo de la
Iglesia Católica ha sido un buen regalo para los sacerdotes por muchos motivos,
pero no es el menor el que sirva para enraízar la
homilía en la Tradición viva de la Iglesia y poder descubrir esta riqueza al
Pueblo de Dios con el humilde servicio de lapredicación.
El Catecismo de la Iglesia Católica presenta «fiel y orgánicamente la enseñanza
de la Sagrada Escritura, de la Tradición viva en la Iglesia y del Magisterio
entero, así como la herencia espiritual de los Padres, de los santos y santas
de la Iglesia, para permitir conocer mejor el
misterio cristiano y reavivar
la fe del Pueblo de Dios... (Tiene en cuenta) las explitaciones
de la doctrina que el Espíritu Santo ha sugerido a la Iglesia a lo largo
de los siglos... y ayuda a iluminar con la luz de la fe las situaciones nuevas
y los problemas que en el pasado aún no se habían planteado» (FD, 3).
En los esquemas homiléticos que se proponen, hay citas literales del Catecismo
bajo los epígrafes: «La fe de la Iglesia» y «Testimonio cristiano»; y
referencias al Catecismo «Sugerencias para el estudio de la homilía» junto con
otras sugerencias. Todo ello quiere ser una ayuda para comprender los textos
sagrados recogidos en el Leccionario, en el Espíritu que los inspiró, y según
los criterios señalados por la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano
II.
2.2. Cuanto
señala la nota publicada por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y
Subcomisión Episcopal de Catequesis «sobre algunos aspectos de la Catequesis
hoy, relacionados con el tema de la revelación cristiana y su transmisión»
puede decirse también de la predicación homilética.
«Insistir en la
catequesis como transmisión de la Sagrada Escritura y de los principales
documentos de la Tradición y del Magisterio; insistir, asimismo...como memoria
en conexión vital con la anamnesis eucarística o en la fe como inserción
y participación en la corriente viva de la
Tradición y de su
lenguaje; o insistir en la necesidad de unas expresiones inalterables que
salvaguarden la unidad, homologia (confesión), de la
fe en lo sustancial, se compadece mal con una de las tendencias de la
modernidad: la emancipación respecto de toda insistencia ajena a la razón autónoma,
de toda tradición, de todo lo dado...A partir de esta exigencia de
``reinventar'' la ``auténtica'' fe y la comunidad cristiana, pues parece que no
se esté seguro de que la larga tradición de la Iglesia no la haya corrompido,
no es extraño, por un lado que el discurso catequético se haya fragmentado y
parcializado en bastantes casos, y por otro lado, haya perdido sustantividad,
referencia a la realidad, y ``regla'' de la fe, y se haya convertido en
instrumento para suscitar experiencias, actitudes y compromisos pretendidamente
cristianos» (Cf 14-15).
Los esquemas homiléticos que se proponen expresan también esta
preocupación, y para responder a ello escogen algunos textos del Catecismo para
que, de alguna manera, se formulen en la homilía con un lenguaje común al que
se utiliza en otras actividades del ministerio de la Palabra. Son los textos
citados en el epígrafe: «La Fe de la Iglesia». En los esquemas homiléticos de los otros dos ciclos se escogerán otros
textos con la finalidad de colaborar desde la homilía a la necesaria homología
(confesión) de la fe en lo sustancial.
2.3. Asimismo, el
Catecismo de la Iglesia Católica, propicia exponer la fe de la Iglesia
orgánicamente y ayuda a superar la tendencia a la fragmentación. «Este
Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica.
Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Numerosas referencias en el
interior del texto y el índice analítico al final del volumen permiten ver cada
tema su vinculación con el conjunto de la fe» (18).
Además, la homilía
«está destinada preferentemente a aquellos que ya han sido llamados a la
conversión y a la fe, que la suponen al mismo tiempo que la alimentan, la
robustecen y la expresan por medio de palabras y obras» (Comisión Episcopal de
Liturgia, DC, 10). La homilía, pues, debe exhortar a celebrar, orar y vivir lo
que la fe proclama, y debe relacionar armónicamente el primer anuncio
(kerigma), la exposición sistemática (la catequesis), la exhortación a la
perseverancia en la vida cristiana (parénesis), y la comunicación con el
misterio de la presencia del Señor (mystagogia).
La homilía necesita, pues, de un instrumento que relacione orgánicamente
la fe profesada, con la liturgia, la vida cristiana y la oración. Este
instrumento, de toda garantía, es el Catecismo de la Iglesia Católica.
En los esquemas homiléticos, se ofrece esta relación orgánica mediante
citas del Catecismo para el estudio de la homilía en dos epígrafes: «La fe»,
preferentemente con referencias a la primera y segunda parte del Catecismo y en
«La respuesta» con referencias también a la tercera y cuarta parte del mismo
Catecismo, a fin de que se pueda establecer esa relación orgánica entre lo que
creemos, celebramos, vivimos y oramos. En cada año litúrgico se contiene la
sustancia viva del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. En el conjunto
de los tres años litúrgicos se habrá recorrido extensivamente todo el
Catecismo.
2.4. Finalmente,
no se debe olvidar que «por su misma naturaleza este catecismo no se propone
dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido como en el método, a las
exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida
espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se
dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a
catecismos propios de cada lugar, y, más aún, a aquellos que toman a su cargo
instruir a los fieles» (24).
El Catecismo de la
Iglesia Católica exige leerlo adaptado a los fieles por parte de los encargados
de educarles en la fe. Esta exigencia es mayor cuando se utiliza en la
predicación homilética.
«La predicación
sacerdotal resulta bastantes veces muy difícil en la situación actual de
nuestro mundo. Para mejor mover las almas de los oyentes, debe presentar la
Palabra de Dios no sólo
de manera abstracta y general,
sino aplicando la verdad perenne del Evangelio a las circunstancias concretas
de la vida» (C. Vaticano II,
Presbyterorum Ordinis, 4).
La Palabra de Dios,
leída y comentada en la Tradición viva de la Iglesia ha de realizar en el
«hoy-aquí-para nosotros» lo que se proclama. Esta acción es obra del Espíritu
Santo.
El que predica colabora con El
en cuanto traduce y aplica a la situación y vida concreta del oyente la Palabra
de Dios proclamada.
La Palabra de Dios
proclamada y concretada por la Iglesia es la Luz que ilumina la vida personal y
la comunidad humana social donde el creyente, en comunión con la Iglesia, peregrina
hacia el encuentro con Dios.
El Catecismo de
la Iglesia Católica, que es adaptable necesariamente, es evidente que no puede
ser leído sin más en la homilía, pero es un buen instrumento para que los
pastores puedan ofrecer a los fieles la mayor de las cualidades de una
predicación: la sustancia viva de la fe de la Iglesia.
El esfuerzo, sin
embargo, para su adaptación a los oyentes concretos no lo puede suplir nadie.
En estos esquemas se ofrecen «Otras sugerencias» generales para el estudio de
la homilía a partir de algunas situaciones y propone algunas posibles
conexiones entre los textos bíblicos y el Catecismo. La preparación de la
homilía ha de hacerla gozosamente cada ministro de la predicación.
La mejor preparación homilética, la más concreta y adaptada a las circunstancias
sociales y a los destinatarios es aquella que se gesta conducida por el
Espíritu de Dios, «tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se
nos pregunta ¿creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis?
¿Predicáis verdaderamente los que vivís? Hoy más que nunca el testimonio de
vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real
de la predicación» (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 76).
AÑO C (inicio)
Tiempo litúrgico
Enfoque
Objetivo
1.ADVIENTO
Dimensión misionera: Desde la
confesión de fe hacia la confesión de fe.
Itinerario del hombre para su
encuentro con el Señor que vino, viene y vendrá.
2.NAVIDAD
Mystagogia: Profundizar en el Misterio y «gustar» su celebración.
El Misterio de la Encarnación
como Epifanía o manifestación del Hijo de Dios a los pastores, paganos, pobres,
y como Siervo.
3.CUARESMA
Dimensión catequética
(Catecumenado: tiempo
de iluminación y
purificación).
Camino hacia la cruz pascual a
través del ejercicio de la
cuaresma y de la conversión.
4.SANTO TRIDUO PASCUAL
La celebración Pascual.
Celebrar y contemplar el
Misterio.
5.TIEMPO PASCUAL
Dimensión catequética (Mystagogia).
Mystagogia del Misterio pascual:Cristo resucitado.La
Iglesia, Cuerpo visible
de Cristo resucitado.
6.TIEMPO ORDINARIO
Dimensión parenética para el
testimonio y la misión.
Exhortación a la vocación
cristiana. Catequesis de la
vida en Cristo y la oración.
Exhortación a la esperanza
escatológica.
En cada tiempo litúrgico hay
un esquema e introducción
explicativa del plan de
homilía que se propone.
ADVIENTO
Adviento:
El Señor vino en la
carne de nuestro Salvador.
El Señor viene en la
Iglesia por medio del Espíritu Santo.
El Señor vendrá al
final de los tiempos en el que Dios será todo
en todos.
La Iglesia anuncia
abiertamente y con decisión al Dios vivo y a
Jesucristo enviado por El para
salvar a todos los
hombres y cultiva en este
tiempo las dimensiones morales de vigilancia y
acogida ante el encuentro con
Jesucristo.
Los cuatro domingos de
Adviento y la solemnidad que dentro de él se
celebra: la Inmaculada
Concepción de
María, pueden ayudar al pueblo
cristiano, utilizando el Catecismo, para
volver a realizar el primer
anuncio
misionero y la llamada a la
conversión. Los temas del Catecismo que se
seleccionan y su secuenciación
subrayan
esta dimensión misionera:
1.er domingo: El hombre
abierto a la esperanza en Jesucristo que vendrá
es llamado a la vigilancia.
2.o domingo: A este
hombre, Dios le concede la virtud teologal de la
esperanza.
3.er domingo: Dios, que
no le abandona al poder de la muerte, es, en
Jesucristo, la Buena Noticia,
la plenitud de
la Revelación, y le libra del
pecado con su gracia.
4.o domingo: Y
Solemnidad de la Inmaculada Concepción: Jesucristo,
concebido por obra y gracia
del Espíritu
Santo, y nacido de la Virgen María,
en la plenitud de los tiempos, la
Alianza definitiva y
definitivo encuentro de
Dios con los hombres.
ADVIENTO
Domingos y Solemnidades
Primera Lectura
Segunda
Lectura
Evangelio
Catecismo de la Iglesia
Católica
ADVIENTO
Suscitaré a David un
vástago legítimo (Jr 33, 14-16)
...cuando Jesús
nuestro Señor, vuelva (1 Ts. 3,12-4,2)
Velad (Lc
21,
25-28.34-36)
Venida final de Jesucristo:
668-677
Vigilancia: 2612
2.o ADVIENTO
Dios ha mandado abajarse a
todos los
montes elevados (Ba 5, 1-9)
...hasta el día de
Cristo
Jesús (Flp
l, 4-6.8-11)
Preparad el camino del Señor,
(Lc
3, 1-6)
La esperanza: 1817-1821
3.o ADVIENTO
Regocíjate Israel (So 3,
14-18a)
Estad siempre alegres ... El
Señor está cerca
(Flp
4,4-7)
Viene el que puede más que yo
(Lc 3, 10- 18)
Alegría y búsqueda de Dios:
30Acción de
Cristo glorioso: 1084-1085
4.o ADVIENTO
Hasta el tiempo en que la
madre de a
luz (Mi 5, 2-5a)
Cuando entró en el mundo dijo:
Aquí
estoy (Hb
10, 5-l0)
La Visitación (Lc 1, 39-45)
El Espíritu Santo vendrá sobre
tí: 484-489
Magnificat: 2617-2619
INMACULADA CONCEPCIÓN
Protoevangelio (Gn. 3, 9-15.20)
Nos eligió en la persona de
Cristo (Ef 1,3-6.11-12)
La Anunciación (Lc 1, 26-38)
La Concepción
Inmaculada: 508; 490-493.
DOMINGO I DE
ADVIENTO (inicio)
«A Tí
levanto mi alma»
I. LA PALABRA DE DIOS
Jr
33, 14-16: «Suscitará a David un vástago legítimo».
Sal 24: «A Tí, Señor, levanto mi alma».
1 Ts
3, 12-4, 2: «Que el señor os fortalezca interiormente para cuando
Jesús vuelva».
Lc
21, 25-28. 34-36: «Se acerca vuestra liberación».
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Desde allí ha de venir
a juzgar a vivos y muertos» (668s).
«Cristo es el Señor del
Cosmos y de toda la Historia» (668).
«Desde la Ascensión, el
designio de Dios ha entrado en su
consumación. Estamos ya en la
``última hora''. El
final de la Historia ha
llegado ya a nosotros y la renovación del mundo
está ya decidida de manera
irrevocable...»
(670).
«El Reino de Cristo,
presente ya en su Iglesia, sin embargo no está
todavía acabado. Este reino
aún es objeto
de los ataques de poderes del
mal, a pesar de que estos poderes hayan sido
vencidos en su raíz por la
Pascua de
Cristo...» (671).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«La Luz luce en las
tinieblas. Las tinieblas son el error y la muerte...
Abramos las puertas para que
aquella Luz
nos ilumine con sus rayos y
siempre gocemos de la benignidad de Nuestro
Señor Jesucristo». (S. Juan
Crisóstomo,
PG, 59, 57 ss).
«Nuestro Redentor y
Señor anuncia los males que han de seguir a este
mundo perecedero, a fin de que
nos
hallemos preparados...Nosotros,
que sabemos cuáles son los gozos de la
Patria Celestial, debemos ir
cuanto antes
a Ella y por el camino más
corto... No queráis, pues, hermanos, amar lo
que no ha de permanecer mucho»
(S
Gregorio Magno, PL. 76, 1077 ss).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El anuncio profético de
Jeremías se cumple en Jesucristo «retoño
de David» (Ap
5,5), que ha dado al mundo
la «justicia», es decir, la
salvación. Los males, el miedo, la
angustia, etc. afligen a los
hombres a lo largo de su
historia contingente
(Evangelio) y evidencian la necesidad que tienen de ser
liberados.
Con la plegaria del
«pobre» y «pecador» nos dirigimos a Dios que
nos salva (Salmo
responsorial). A Dios
pedimos, mientras cominamos hacia nuestra plena liberación, que nos
conceda «crecer y abundar en
el amor...
portándonos de modo que
agrademos a Dios» (Segunda lectura).
B. Contenidos del Catecismo de
la Iglesia Católica
La fe:
Venida final de Jesucristo:
668-677.
La respuesta:
La vigilancia: 2612;
2849.
C. Otras sugerencias
Toda la Creación gime (Rom 8). Los hombres gemimos en ella. Los
creyentes en Jesús nos
sentimos
estimulados en el primer
Domingo de Adviento a transmitir al increyente y al
alejado los caminos del Señor,
que
son «misericordia y lealtad».
Es un aspecto de la «Nueva
Evangelización», que tiene por
núcleo la realidad de
que Dios se hizo Enmanuel para salvarnos (cf CEE,
Para que el mundo crea)
Desde el primer Domingo
de Adviento ha de contemplarse la triple venida de
Jesucristo Salvador: la
histórica,
la futura y la actual.
Necesitamos vigilar,
disipar las sombras, para que el anuncio que
transmitimos, se potencie con
la luz y
testimonio de nuestra vida.
Ha de salir, además, de
nuestro corazón la plegaria «muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos
tu salvación».
DOMINGO II DE
ADVIENTO (inicio)
«El Señor vendrá...»
I. LA PALABRA DE DIOS
Ba 5, 1-9: «Dios mostrará
su esplendor sobre tí»
Sal 125: «El Señor ha
estado grande con nosotros»
Flp
1, 4-6.8-11: «Manteneos limpios e irreprochables para el día de
Cristo»
Lc
3, 1-6: «Todos verán la salvación de Dios»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«La esperanza es la
virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los
cielos y a la vida eterna como
felicidad nuestra, poniendo
nuestra confianza en las promesas de Cristo y
apoyándonos no en nuestras
fuerzas
sino en los auxilios de la
gracia del Espíritu Santo» (1817).
«La virtud de la
esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por
Dios en el corazón de todo
hombre;
asume las esperanzas que
inspiran las actividades de los hombres; las
purifica para ordenarlas al
reino de los
cielos; protege del
desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el
corazón en la espera de la
bienaventuranza eterna»
(1818).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«El Verbo de Dios ha
habitado en el hombre y se ha hecho hijo del hombre
para acostumbrar al hombre a
comprender a Dios y para
acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según
la Voluntad del Padre» (S.
Ireneo
de Lyón)
(53).
Cada uno de nosotros
estaba torcido. Por la venida de Cristo, ya realizada,
lo que estaba torcido en
nuestra
alma se ha enderezado. ¿De qué
te sirve a tí que Cristo haya venido
históricamente en la humanidad
si no ha
venido también a tu alma?
Roguemos pues para que cada día se realice en
nosotros su venida de manera
que
podamos decir: Vivo, pero no
yo; es Cristo quien vive en mí (Orígenes,
In. Lc.
22, 1-5).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
Las tres lecturas
convergen en un mismo mensaje: Esperanza. «Todos
verán la salvación de Dios»
(Evangelio).
«Ponte en pie,
Jerusalén, sube a la altura, contempla a tus hijos...
gozosos, porque Dios se
acuerda de ellos». Son
bellísimas imágenes de la
esperanza en Baruc.
«Esta es nuestra
confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una
empresa buena la llevará adelante
hasta el día de Cristo
Jesús». La salvación anunciada se
realizó y se realiza en Cristo
(Seguna lectura).
B. Contenidos del Catecismo de
la Iglesia Católica
La fe:
Los preparativos para la
venida del Salvador: 552-524.
La esperanza, virtud
teologal: 1817-1821.
La respuesta:
La virtud de la
esperanza: 2090-2092.
La oración «venga a
nosotros tu Reino»: 2816-2821.
C. Otras sugerencias
La antífona de Entrada:
«Pueblo de Sión: mira el Señor que viene
a salvar a los pueblos. El hará
oir su voz
gloriosa en la alegría de
vuestro corazón», son la respuesta al «a
Tí levanto mi alma...» del primer domingo.
Apoyados en el texto de Baruc (Primera lectura) contemplamos que «Dios se
acuerda de nosotros» «nos ama»
nos conduce por los caminos de
la historia, por en medio de tribulaciones y
dificultades, como un Dios
salvador y
liberador en Jesucristo.
La virtud de la
esperanza se alimenta en la oración: «venga a nosotros
tu Reino».
DOMINGO III DE
ADVIENTO (inicio)
«Estad siempre alegres en el
Señor»
I. LA PALABRA DE DIOS
So 3, 14-18a: «El Señor
se alegrará en tí»
Is
12, 2-3; 4-6: «Gritad jubilosos...»
Fl
4, 4-7: «El Señor está cerca»
Lc
3, 10-18: «¿Qué hemos de hacer?»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Se alegre el corazón de
los que buscan a Dios» (Sal 105, 3). Si el
hombre puede olvidar o
rechazar a Dios,
Dios no cesa de llamar a
todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la
dicha» (30).
«Sentado a la derecha
del Padre y derramando el Espíritu Santo sobre
su Cuerpo que es la Iglesia,
Cristo actúa
ahora por medio de los
Sacramentos, instituídos por El para comunicar su
gracia. Los Sacramentos son
signos
sensibles (palabras y
acciones), accesibles a nuestra humanidad actual.
Realizan eficazmente la gracia
que
significan en virtud de la
acción de Cristo y por el poder del Espíritu
Santo» (1084).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«La verdadera alegría se
encuentra donde dijo S. Pablo: En el
Señor. Las demás cosas, a parte de ser
mudables, no nos proporcionan
tanto gozo que puedan impedir la tristeza
ocasionada por otros avatares
en
cambio, el temor de Dios la
produce indeficiente porque quien teme a Dios
como se debe a la vez que teme
confía en El y adquiere la
fuente del placer y el manantial de toda la
alegría» (S. Juan Crisóstomo,
PG. 27, 179)
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El tema de la Palabra es
la alegría por la presencia y acción de
Jesucristo salvador en la
historia humana:
«Estad siempre alegres en el
Señor». (Segunda lectura).
«Regocíjate... grita de
júbilo... alégrate y goza de todo
corazón» (Primera lectura).
La causa de la alegría es
el Señor. Su presencia es el anuncio de la
Buena Noticia, gozosa noticia.
«Yo os
bautizo con agua; pero viene
el que puede más que yo». «El os
bautizará en Espíritu Santo y
fuego» (Evangelio).
Bautismo que purifica, salva,
santifica. Bautismo, es decir, la vida
sacramental por la que
Jesucristo está presente
y actua
en la vida de los hombres.
B. Contenidos del Catecismo de
la Iglesia Católica
La fe:
Acción de Cristo
glorioso en la liturgia: 1084-1085.
... y en la oración:
2656-2658.
La respuesta:
Alegría y búsqueda de
Dios: 30.
C. Otras sugerencias
Ovidio escribe en el
destierro: «Nada puede hacerse sino llorar» (De
tristitia). San Pablo, prisionero
recomienda: «Estad siempre
alegres en el Señor; de nuevo os digo, estad
alegres». Dice también:
«Sobreabundo
de gozo en nuestra
tribulación» (2 Co 7,4). Este vive de Cristo. Ovidio,
no.
El discípulo de
Jesucristo vive en comunión con El, que actua en el
misterio; cree y espera su
venida final y
definitiva. Sabe que por la presencia
y acción de Cristo, que nos
acompaña, nuestra vida
cristiana está penetrada
de la vida nueva de Dios. Aquí
está el secreto de la alegría del
creyente.
En un mundo que cada día
se torna más triste, el creyente debe velar
para no esclavizarse por lo
contingente,
esforzarse por el cumplimiento
del deber, la austeridad de su vida y la
solidaridad con los hombres
necesitados y
presentar a Dios sus
peticiones y acciones de gracias.
DOMINGO IV DE
ADVIENTO (inicio)
«Enviad cielos vuestro rocío»
I. LA PALABRA DE DIOS
Mi 5, 2-5a: «De tí saldrá el jefe de Israel».
Sal 79, 2 y 3. 15-16.
18-19. «Oh Dios, restáuranos».
Hb
10, 5-10: «Aquí estoy para hacer tu voluntad».
Lc
1, 39-45: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi
Señor?».
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Dios envió a su Hijo»
pero para «formarle un cuerpo» quiso la
libre cooperación de una
criatura. Para ésto
desde toda la eternidad, Dios
escogió para ser la Madre de su Hijo a una
hija de Israel (488). A lo
largo de toda
la antigua alianza, la misión
de María fue preparada por la misión
de algunas santas mujeres
(489).
«La misión del Espíritu
Santo está siempre unida y ordenada a la
del Hijo. El Espíritu Santo
fue enviado para
santificar el seno de la
Virgen María y fecundarla por obra divina»
(485).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«En verdad, Virgen
Santísima, que tu alabanza supera toda alabanza,
por haberse encarnado Dios en Tí...» Por
Tí hoy llena de gracia, es conocida en la tierra la Trinidad beatísima
(S. Pedro Damiano.
Sermón 44; PL. 144,
738 ss.)
Dichosa María que unió
virginidad, fecundidad y humildad. «Venerad,
pues, los casados la
integridad y pureza
de aquel cuerpo mortal;
admirad vosotras vírgenes consagradas, la
fecundidad de la Virgen;
imitad, hombres
todos, la humildad de la Madre
de Dios; honrad ángeles santos a la Madre
de vuestro Rey...a cuya
dignidad sea
dada toda gloria y honor». (S.
Bernardo. Homilía I, sobre el «Missus
est»).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
En el texto del Profeta
Miqueas se anuncia al Mesías «Jefe de
Israel» que «pastoreará con la
fuerza del Señor»
y realizará la unión de todos los
hombres.
María, después del anunio del Angel, se entregó a
Dios:
«Hágase en mi según tu
voluntad». Inmediatamente
después: «fue a prisa a la
montaña». Y se entregó al servicio de
su prima.
El Hijo de Dios,
encarnado ya en sus entrañas, dice al Padre: «Aquí
estoy para hacer tu voluntad»
... conforme
a esa voluntad todos quedamos
santificados por la oblación del Cuerpo de
Cristo (Segunda lectura). Se
entregó al
Padre y se hizo servidor de
todos los hombres.
El «fruto bendito» del
vientre de María llenó de Espíritu
Santo a Isabel y a la criatura
de su vientre, Juan. Lo
cual nos estimula a pedir a
Dios, contemplando a toda la humanidad, «Oh
Dios, restáuranos que brille
tu rostro y
nos salve» (Sal 79). Que se
muestre hoy al hombre el fruto bendito de la
Virgen María.
B. Contenidos del Catecismo de
la Iglesia Católica
La fe:
«El Espíritu Santo
vendrá sobre tí»: 484-489.
La respuesta:
La oración de la Virgen
María: 2617-2619.
C. Otras sugerencias
La celebración del IV
Domingo de Adviento nos invita a prepararnos a la
gran fiesta de Navidad unidos
a
María y con el mismo espíritu
de adoración y alabanza que
manifestó ella en el
Magníficat.
Exige de nosotros,
además, un compromiso para imitar el gesto de caridad
que Ella tuvo con su prima
Santa
Isabel, en el día a día de
nuestra existencia, haciéndonos
solidarios de nuestros
hermanos más necesitados.
LA INMACULADA
CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN (inicio)
«Alégrate, llena de gracia»
I. LA PALABRA DE DIOS
Gn
3, 9-15.20: «Establezco hostilidades entre tí y la
mujer, entre tu
estirpe y la suya».
Sal 97, 1.2-4: «Cantad
al Señor un cántico nuevo».
Ef
1, 3-6.11-12: «Dios nos elegió en la persona de Cristo».
Lc
1, 26-38: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo».
II. LA FE DE LA IGLESIA
«De la descendencia de
Eva, Dios elegió a la Virgen María para ser
la Madre de su Hijo. Ella,
``llena de
gracia'', es ``el fruto
excelente de la Redención''; desde el primer
instante de su
concepción, fue totalmente
preservada de la mancha
del pecado original y permaneció pura de todo
pecado personal a lo largo de
toda su
vida» (508).
«Esta resplandeciente
santidad del todo singular de la que Ella fue
``enriquecida
desde el primer instante de su
concepción'', le viene toda
entera de Cristo. Ella es ``redimida de la
manera más sublime en atención
a los
méritos de su Hijo''. El Padre
la ha ``bendecido con toda clase de
bendiciones espirituales en el
cielo, en Cristo''
(492).