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LXX
ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL |
LA INICIACIÓN CRISTIANA
Reflexiones y Orientaciones
27 de noviembre de 1998
SIGLAS
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AG |
Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre la acción misionera de la Iglesia
Ad Gentes (7 Diciembre 1965). |
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CA |
Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, Orientaciones Pastorales Catequesis
de Adultos (Diciembre 1990). |
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CC |
Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, Orientaciones Pastorales La
Catequesis de la Comunidad (Febrero 1983). |
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CCE |
Catecismo de la Iglesia Católica (11 Octubre
1982). |
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CD |
Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre el oficio pastoral de los Obispos en
la Iglesia Christus Dominus (28 Octubre 1965). |
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CCL |
Corpus Christianorum, Series
Latina (Turnholti 1953 ss.). |
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CIC |
Codex Iuris Canonici (25 Enero 1983). |
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ChL |
Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles Laici (30
Diciembre 1988). |
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CSEL |
Corpus
Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (Wn 1866 ss.). |
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CT |
Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi Tradendae (16
Octubre 1979). |
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DD |
Juan Pablo II, Carta apostólica Dies Domini (31 Mayo 1998). |
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DGC |
Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15
Agosto 1997). |
|
DV |
Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática sobre la divina revelación
Dei Verbum (18 Noviembre 1965). |
|
EC |
Congregación para la Educación Católica, La Escuela Católica (19
Marzo 1977). |
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EN |
Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (8 Diciembre
1975). |
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FC |
Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris Consortio (22
Noviembre 1981). |
|
LG |
Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen
Gentium (21 Noviembre 1964). |
|
PO |
Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre el ministerio y la vida de los
presbíteros Presbyterorum Ordinis (7 Diciembre 1965). |
|
RICA |
Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (6 Enero
1972). |
|
SC |
Conc. Ecum. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum
Concilium (4 Diciembre 1963). |
|
TMA |
Juan Pablo II, Carta apostólica Tertio Millennio Adveniente (10
Noviembre 1994). |
|
UR |
Conc. Ecum. Vat. II, Derecho sobre el Ecumenismo Unitatis
Redintegratio (21 Noviembre 1964). |
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VhL |
Conferencia Episcopal Española, Instrucción pastoral La verdad os hará
libres (20 Noviembre 1990). |
INDICE
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INTRODUCCIÓN |
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El mandato
del Señor |
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PRIMERA PARTE: |
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1. LA INICIACIÓN CRISTIANA EN CUANTO OBRA DE DIOS |
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2. LA MEDIACIÓN MATERNAL DE LA IGLESIA |
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3. LA INICIACIÓN CRISTIANA EN CUANTO MEDIACIÓN DE
LA IGLESIA |
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4. EL ITINERARIO TÍPICO DE LA INICIACIÓN
CRISTIANA: EL "RITUAL DE LA INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS". |
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SEGUNDA PARTE: |
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1. "LUGARES" ECLESIALES EN LA
INICIACIÓN CRISTIANA |
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2. FUNCIONES ECLESIALES EN LA INICIACIÓN
CRISTIANA A. La
catequesis en la Iniciación cristiana B. La
liturgia en la Iniciación cristiana |
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TERCERA PARTE: |
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Reflexión preliminar |
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1. ESPERANZAS Y RETOS EN LA HORA PRESENTE |
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2. INICIACIÓN CRISTIANA DE NIÑOS, ADOLESCENTES Y
JÓVENES A. El
Bautismo de los párvulos B. El
Sacramento de la Confirmación C. El
Sacramento de la Eucaristía D. El
sacramento de la Penitencia |
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3. INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS A. La
Iniciación cristiana de adultos no bautizados B. La
Iniciación cristiana de adultos ya bautizados |
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4. INICIACIÓN CRISTIANA DE NIÑOS Y ADOLESCENTES
NO BAUTIZADOS |
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CONCLUSIÓN |
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INTRODUCCIÓN |
1 "Id, pues, y haced
discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he
aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt
28, 19-20).
Desde la primera proclamación del Kerigma apostólico, a la pregunta que les
dirigen aquellos a quienes Dios ha abierto el corazón1
-"Hermanos, ¿qué tenemos que hacer?" (Hch 2,37)- los Apóstoles y sus
sucesores no tienen otra respuesta que el mandato que el Señor Jesús les dio
antes de subir al cielo: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga
bautizar en en nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y
recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la promesa es para vosotros y para
vuestros hijos y para todos los que está lejos, para cuantos llame el Señor
Dios nuestro" (Hch 2, 37-39).
La
Iniciación cristiana, respuesta al mandato misionero
2 El mandato del
Señor encierra una misión que expresa el sentido, paternal y maternal a la vez,
del ministerio apostólico2. Esta misión
se realiza y se pone de manifiesto bajo estas dimensiones en el anuncio
universal del Evangelio y en la celebración de los Sacramentos3,
particularmente en la Iniciación cristiana. Nadie está desamparado del regazo de
la Iglesia. "La Iglesia, dice san Agustín, es la única madre verdadera de
todas las gentes, que ofrece su regazo a los no regenerados y amamanta a los
regenerados"4. El amor de
Cristo sigue apremiando hoy a la Iglesia para desarrollar la Iniciación cristiana
de sus hijos; "con su amor, oración, ejemplo y obras de penitencia, la
comunidad eclesial ejerce una auténtica maternidad respecto a las almas para
llevarlas a Cristo".5
La
preocupación de los obispos españoles
3 "La
Iglesia, que ha considerado siempre la formación de los fieles como una de las
tareas más esenciales de su quehacer, es también consciente de su importancia
decisiva en unos momentos en que las circunstancias cambian con vertiginosa
rapidez, poniendo cada día nuevos interrogantes con los cuales ha de
confrontarse la fe de los creyentes. ... 'Una minoría de edad cristiana y
eclesial no puede soportar las embestidas de una sociedad crecientemente
secularizada'".6
Estas palabras del Papa a un grupo de obispos españoles encuentran en nosotros
una perfecta sintonía. En efecto, también los obispos de las Iglesias de España
estamos preocupados por este ambiente que dificulta grandemente la acción
evangelizadora de la Iglesia y que incide, de manera particular, en la tarea de
hacer nuevos cristianos hoy. Por este motivo nos consideramos obligados a
impulsar y consolidar la renovación de la pastoral de la Iniciación cristiana
en todos sus aspectos. Este interés está reflejado en los planes de la
Conferencia Episcopal y en diferentes documentos de la misma en los últimos
años. Dichos textos muestran el ambiente y la perspectiva con que se trata la
iniciación cristiana en el presente documento.7 Por otra parte
han sido muchas las diócesis que han celebrado Sínodos, y aun Concilios
provinciales, en los últimos años y han tomado iniciativas para poner en marcha
proyectos de evangelización y de Iniciación cristiana.
4 La renovación
de la Iniciación cristiana es un empeño que compartimos, en unidad de misión,
con todos los presbíteros y los diáconos. La colaboración de los catequistas y
demás personas dedicadas a esta pastoral es preciosa y necesaria. Nunca, como
en estos tiempos, se han dedicado tantas personas, esfuerzos y recursos a la
catequesis y a la enseñanza de la religión en las escuelas; a la promoción de
movimientos infantiles y juveniles; al cuidado de la participación en la
liturgia dominical y a la preparación de los sacramentos. Sin embargo, la
ignoracia religiosa de la doctrina de la fe de un buen número de nuestros
fieles, la desconexión entre la práctica religiosa y la conducta moral, la
debilidad de la presencia de los católicos en la sociedad y la escasez de
vocaciones a la vida consagrada a Dios, ponen de manifiesto las dificultades de
nuestra acción evangelizadora.
5 No obstante estas
constataciones, que consideramos realistas, no perdemos la esperanza, que nos invita a confiar en el Señor y a actuar con libertad y decisión
(parresía) apoyados en la fuerza del Espíritu Santo. Como hombres de fe
reconocemos gozosamente y con admiración religiosa que el mundo de hoy se abre
también al Reino de Dios, mediante el anuncio insistente del Evangelio y la
eficacia redentora del sacrificio de Cristo, bajo el impulso renovador del
Espíritu Santo.
Por esto deseamos hacer una nueva invitación en favor de
una pastoral evangelizadora más acuciante, que asuma entre sus prioridades la
Iniciación cristiana. Nuestras Iglesias están llamadas hoy a "desplegar
una acción pastoral de evangelización frente al fenómeno generalizado del
debilitamiento de la fe y la difusión de la increencia entre nosotros"8. Las
dificultades para hacer cristianos hoy en España, y las deficiencias que
existen en la pastoral de la iniciación en nuestras diócesis, lejos de
desanimarnos, nos estimulan.
Objetivos
y destinatarios de estas reflexiones
6 Aun siendo siempre las mismas
"la fe que se transmitió a los santos una vez para siempre" (Judas,
3), y la respuesta de la Iglesia católica, son diferentes las generaciones que
se suceden, diversas las culturas, las situaciones y los lugares en los que es
anunciada la fe y se realiza la Iniciación cristiana. De aquí que constituya un
deber pastoral el responder adecuadamente a las personas concretas que se han
de iniciar cristianamente en nuestras Iglesias locales. En el Plan de acción pastoral para el Cuatrienio 1997-2000: "Proclamar el
año de gracia del Señor", aparece dentro del
Objetivo I, "elaborar y publicar unas Orientaciones pastorales sobre la
Iniciación cristiana".9
Por ello, el propósito que nos mueve a los obispos
de la Conferencia Episcopal Española es ofrecer reflexiones y orientaciones
sobre todo pastorales, como un servicio de ayuda y de orientación a las Iglesias particulares en su cometido propio de establecer un proyecto
de Iniciación cristiana bajo la autoridad del Obispo, maestro de la
fe y principal dispensador de los misterios de Dios, responsable de la vida
litúrgica de la Iglesia que le ha sido encomendada.10 Los puntos de
referencia básicos de estas reflexiones, así como los del proyecto
evangelizador, misionero y catecumenal unitario que pide el Directorio General para la Catequesis, a cada
diócesis,11 son los libros litúrgicos,
especialmente los Rituales de los sacramentos de la iniciación cristiana,
juntamente con el Catecismo de la Iglesia Católica y el mismo Directorio General para la Catequesis.
7 Nos invita
también a ello la preparación del Gran Jubileo
del año 2000, según las sugerencias de la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, del 10 de Noviembre de 1994,
cuando se refiere a la dimensión sacramental de la salvación, y en particular a
los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Penitencia y la Eucaristía.12
Uno de los frutos que esperamos de estas reflexiones y orientaciones es
propiciar que las diversas instancias o "lugares" donde se trabaja
por la iniciación cristiana, y las acciones -catequéticas y litúrgicas- que la
integran, no se organicen por separado, como si fueran compartimentos estancos
e incomunicados, sino que respondan a un proyecto unitario y global de cada
Iglesia particular.13 De esta unidad
la primera beneficiaria será la propia comunidad diocesana.14
8 Las reflexiones y los criterios
que presentamos quieren, por tanto:
a) Clarificar la identidad misma
de la Iniciación cristiana como obra a la vez divina y humana, directamente
relacionada con la misión de la Iglesia (Primera parte).
b) Señalar la forma y los lugares
en los que se lleva a cabo la mediación de la Iglesia particular en la
Iniciación cristiana de niños, adolescentes y jóvenes, y aun de adultos (Segunda parte).
c) Ofrecer unas sugerencias de
renovación de la pastoral de la Iniciación cristiana, teniendo en cuenta la
práctica actual e iluminando algunos problemas que se plantean hoy en nuestras
diócesis, para impulsar la acción catequética y litúrgica y discernir el modo
más oportuno de introducir a los destinatarios de la Iniciación en la
conversión y en la fe personal en Cristo, y en la comunión con Él, en el
Espíritu (Tercera parte).
NATURALEZA DE LA
INICIACIÓN CRISTIANA
1. LA INICIACIÓN CRISTIANA EN CUANTO OBRA DE DIOS
Don de Dios y respuesta del
hombre
9 La Iniciación
cristiana es un don de Dios que recibe la persona humana por la mediación de la
Madre Iglesia.15 Sólo Dios
puede hacer que el hombre renazca en Cristo por el agua y el Espíritu; sólo Él
puede comunicar la vida eterna e injertar al hombre como un sarmiento, a la Vid
verdadera, para que el hombre, unido a Él, realice su vocación de hijo de Dios
en el Hijo Jesucristo, en medio del mundo, como miembro vivo y activo de la
Iglesia.16
La originalidad esencial de la Iniciación cristiana consiste en que Dios
tiene la iniciativa y la primacía en la transformación interior de la persona y
en su integración en la Iglesia, haciéndole partícipe de la muerte y
resurrección de Cristo. Algunos antiguos catecismos habían sintetizado esta
realidad de fe en una breve y exacta respuesta: "Sí, soy cristiano, por la
gracia de Dios!". Con estas palabras se expresa el gozo del hombre que ha
tomado conciencia de que es lo que es por la gracia de Dios; y que la gracia de
Dios no ha sido estéril en él17, y así se
lanza a lo que está por delante, corriendo hacia la meta.18
10 La realidad
misteriosa de la Iniciación cristiana, en la que el hombre, auxiliado por la
gracia divina, responde libre y generosamente al don de Dios, recorriendo un
camino de liberación del pecado y de crecimiento en la fe hasta sentarse a la
mesa eucarística, se encuentra reflejada en la manifestación de Jesucristo
Resucitado a los discípulos de Emaús19. Las
"palabras y los gestos" del Señor conducen a aquellos discípulos del
desencanto a la confianza, de la confianza a la fe en las Escrituras, de la fe
en las Escrituras al reconocimiento del Resucitado en la Fracción del Pan, y
del reconocimiento a la misión.
Dinamismo trinitario de la
Iniciación cristiana
11 Esta iniciativa gratuita y
antecedente del Padre se verifica en "las palabras y las acciones"
que Jesucristo resucitado realiza en la Iglesia, Esposa suya y Madre nuestra;20 y en la acción
del Espíritu Santo que inspira, ilumina, guía y conduce al que es llamado a
entrar en la comunión de la vida divina trinitaria. "Quiso Dios, con su
bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad:
por Cristo, la Palabra hecha carne y con el Espíritu santo, pueden los hombres
llegar hasta el Padre y partícipar de la naturaleza divina".21
Desde este punto de vista la Iniciación cristiana constituye el
cumplimiento de las promesas hechas por Dios a nuestros padres en el Antiguo
Testamento, especialmente a Abrahán, llamado a ser padre de una descendencia
innumerable no sólo según la carne sino "según la promesa"22 unida a la fe.23
La Iniciación cristiana, por tanto, ha de entenderse en primer término como
obra de la Santísima Trinidad en la Iglesia. Del Padre que "nos ha elegido
en Cristo antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su
presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos
adoptivos" (Ef 1,4-5); del Hijo Jesucristo que, "sentado a la derecha
del Padre", se hace presente a su Iglesia para insertar a los hombres en
su misterio pascual; y del Espíritu Santo, el "pedagogo de la fe" y
artífice de las "obras maestras de Dios" que son los sacramentos de
la Nueva Alianza.24 La Iglesia es
la mediación querida por Dios para actuar en el tiempo esta obra de la
redención humana y de la participación de los hombres en la naturaleza divina.
12 Esta participación "tiene
cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural.
En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen en el sacramento
de la Confirmación y, finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el
manjar de la vida eterna, y así, por medio de estos sacramentos de la Iniciación
cristiana, reciben, cada vez con más abundancia, los tesoros de la vida divina
y avanzan hacia la perfección de la caridad".25
De ahí que la Iniciación cristiana se lleve a cabo en verdad en el curso de
un proceso realmente divino y humano, trinitario y eclesial. Los que acogen el
mensaje divino de la salvación, atendiendo a la invitación de la Iglesia, son
acompañados por ella desde el nacimiento a la vida de los hijos de Dios hasta
la madurez cristiana básica.26 Este proceso
está insinuado ya en la invitación del Apóstol Pedro a los que acogieron su
palabra el día de Pentecostés: "Convertíos y que cada uno de vosotros se
haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados, y
recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch 2,38).
2. LA MEDIACIÓN MATERNAL DE LA IGLESIA
La misión de la Iglesia
13 Después de su resurrección
Jesús, confiando a los apóstoles la misión que había recibido del Padre, los
envió a predicar el Evangelio a toda criatura27 y a realizar,
mediante los sacramentos, la salvación que anunciaban. Para esta misión les
aseguró su presencia permanente hasta el fin de los siglos28 y les infundió
el Espíritu Santo29. El anuncio
del Evangelio y la acción litúrgica responden, en consecuencia, a la iniciativa
del Padre que ha querido asociar a la Iglesia a la obra salvadora de su Hijo y
Señor nuestro Jesucristo, en el Espíritu Santo. Puede hablarse, por tanto, de
una verdadera synergía o actuación
común en la obra de nuestra redención, entre Cristo y su esposa la Iglesia30, entre el don
del Espíritu Santo y la acción de la Iglesia.31
Desde entonces la Iglesia no ha dejado nunca de cumplir la misión que
Cristo le ha encomendado, anunciando a los hombres la salvación,
incorporándolos a la participación de la vida trinitaria32 en la
comunidad que nace de ella, y enseñándoles a vivir según el Evangelio33. En este
sentido la Iniciación cristiana es la expresión más significativa de la misión
de la Iglesia y, como se ha indicado ya, constituye la realización de su
función maternal, al engendrar a la vida a los hijos de Dios.
La Iglesia particular, sujeto de
la Iniciación cristiana
14 Ahora bien, esta misión maternal
de la Iglesia, aunque pertenece a todo el cuerpo eclesial, se lleva a cabo en
las Iglesias particulares, en las que "está verdaderamente presente y
actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica"34. En efecto,
"la Iglesia universal se realiza de hecho en todas y cada una de las
Iglesias particulares que viven en la comunión apostólica y católica".35
La Iglesia particular, "parte del Pueblo de Dios confiada a un obispo
para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio"36 es una
comunidad de fe, nacida de la proclamación de la Palabra de Dios hecha con autoridad
apostólica, y reunida por la fuerza del Espíritu y no por la simple voluntad de
los hombres. En ella se celebra la Eucaristía de todo el pueblo de Dios, como
manifestación principal de la Iglesia y centro de toda su vida y misión. La
Iglesia particular está presidida por el Obispo, que provee los ministerios y
modera todas las funciones.
Responsabilidad de la Iglesia
particular y del Obispo
15 Por estar inmersa en una
sociedad concreta, que habla una lengua determinada y tiene una cultura, una
historia y una visión del mundo propias, la Iglesia particular ha de
"asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de trasvasarlo, sin la menor
traición a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden, y,
después, anunciarlo en ese mismo lenguaje"37. Por eso, en
coherencia con su misión y de acuerdo con las exigencias del misterio de la
Encarnación, ha de esforzarse por conocer en profundidad la cultura de las
personas y el grado de penetración en su vida, con el fin de que el Evangelio
llegue a los niveles más profundos de la existencia. Al mismo tiempo ha de
procurar mantener íntegros los contenidos de la fe de la Iglesia, cuidando
también que el lenguaje de la fe sea patrimonio común de los fieles y factor de
comunión.38
16 La Iglesia tiene el deber de
anunciar el Evangelio a todos los hombres y la responsabilidad de educar en la
fe a aquellos que han aceptado a Jesucristo. Por eso necesita desarrollar todas
las funciones eclesiales, y ofrecer, dentro de un Proyecto diocesano de Catequesis de carácter global, "un
doble servicio:
a) Un proceso de Iniciación
cristiana, unitario y coherente, para niños,
adolescentes y jóvenes, en íntima conexión con los
sacramentos de la Iniciación ya recibidos o por recibir y en relación con la
pastoral educativa.
b) Un proceso de catequesis para adultos, ofrecido a aquellos cristianos que necesiten fundamentar su fe,
realizando o completando la Iniciación cristiana inaugurada o a inaugurar con
el Bautismo".39
Al mismo tiempo ha de cuidar la dimensión sacramental de la Iniciación
cristiana, cuya celebración está también íntimamente vinculada a la naturaleza
de la Iglesia particular y es moderada por el Obispo. En efecto, el Obispo
"dirige la celebración del Bautismo, con el cual se concede la
participación del sacerdocio real de Cristo; es ministro ordinario de la
Confirmación, y preceptor de toda la Iniciación cristiana, la cual realiza ya
sea por sí mismo, ya por sus presbíteros, diáconos y catequistas".40
3. LA INICIACIÓN CRISTIANA EN CUANTO MEDIACIÓN DE LA
IGLESIA
Sentido amplio de la palabra
Iniciación
17 Al término
"iniciación" se le suele asignar el significado de proceso de
aprendizaje o introducción progresiva en el conocimiento de una teoría
(doctrina) o de una práctica (oficio, disciplina, ocupación o profesión); y
también el significado de proceso de socialización por el cual una persona
asimila existencialmente las creencias, normas, valores, comportamientos,
actitudes y ritos de un determinado grupo social.
En las religiones primitivas suele aplicarse el término
"iniciación" al conjunto de pruebas, ritos y enseñanzas que el niño
ha de superar al llegar a la pubertad, para ser introducido en la vida adulta,
logrando así una nueva identidad personal y el reconocimiento social. En las
religiones antiguas la iniciación llevaba consigo la introducción en una
experiencia religiosa, mediante el conocimiento de cosas ocultas y la práctica
de unos ritos para transformar a los iniciados. En todos estos significados de
la iniciación se subraya ante todo el carácter religioso y socio-cultural del
proceso iniciático.
Concepto específico de la
Iniciación cristiana
18 La Iniciación cristiana, aunque
pueda aparecer con algunos puntos de contacto con el lenguaje y las formas
iniciáticas de las religiones, es, sin embargo, un hecho de naturaleza
diferente. La expansión del Evangelio en el mundo de la antigüedad hizo que la
Iglesia admitiera algunas expresiones rituales procedentes de la gentilidad,
como había hecho antes respecto del mundo judío. Pero al asumir estos elementos,
realizó un adecuado discernimiento bajo la luz del Espíritu Santo, entre lo que
era incompatible con el mensaje cristiano y lo que podía ser armonizado con la
tradición apostólica.41
Como se ha explicado más arriba, la Iniciación cristiana tiene su origen en
la iniciativa divina y supone la decisión libre de la persona que se convierte
al Dios vivo y verdadero, por la gracia del Espíritu, y pide ser introducida en
la Iglesia. Por otra parte, la Iniciación cristiana no se puede reducir a un
simple proceso de enseñanza y de formación doctrinal, sino que ha de ser
considerada una realidad que implica a toda la persona, la cual ha de asumir
existencialmente su condición de hijo de Dios en el Hijo Jesucristo,
abandonando su anterior modo de vivir, mientras realiza el aprendizaje de la
vida cristiana y entra gozosamente en la comunión de la Iglesia, para ser en
ella adorador del Padre y testigo del Dios vivo.
19 La Iniciación cristiana es la
inserción de un candidato en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en
la Iglesia por medio de la fe y de los sacramentos. El Catecismo de la Iglesia Católica, inspirándose
en las Observaciones generales tanto del Ritual del Bautismo de Niños como del Ritual de la Iniciación cristiana de Adultos, afirma: La
Iniciación cristiana, como "participación en la naturaleza divina"42, "se
realiza mediante el conjunto de los tres sacramentos: el Bautismo, que es el
comienzo de la vida nueva; la Confirmación, que es su afianzamiento; y la
Eucaristía, que alimenta al discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para
ser transformado en él".43
El itinerario catequético de la
Iniciación cristiana
20 Esta inserción en el misterio de
Cristo va unida a un itinerario catequético que ayuda a crecer y a madurar la
vida de fe. En efecto, "la catequesis es elemento fundamental de la
Iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos de la
iniciación"44. La catequesis
como "educación en la fe de los niños, de los jóvenes y los adultos, que
comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada
generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la
plenitud de la vida cristiana"45. En estos
momentos, allí donde el catecumenado no ha sido todavía restablecido46, la catequesis
ha de asumir esta misma función, orientando a los ya bautizados a incorporarse
más plenamente en el misterio de Cristo. Además, "la catequesis está
intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental, porque es en
los sacramentos, y sobre todo en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en
plenitud para la transformación de los hombres".47
21 Completada la Iniciación
cristiana, es necesaria también la educación
permanente de la fe en el seno de la comunidad eclesial48. "La
educación permanente de la fe se dirige no sólo a cada cristiano, para
acompañarle en su camino hacia la santidad, sino también a la comunidad
cristiana en cuanto tal, para que vaya madurando tanto en su vida interna de
amor a Dios y de amor fraterno, cuanto en su apertura al mundo como comunidad
misionera"49. Esta
educación permanente, junto con la catequesis de iniciación, ha de formar parte
del proyecto catequético global de la Iglesia particular.50
El camino para llegar a ser cristiano consta de varias etapas. Este camino
puede ser recorrido rápida o lentamente. Comprende siempre algunos elementos
esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la
conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, y
el acceso a la comunión eucarística.51
Dos formas de Iniciación
cristiana
22 La Iniciación cristiana,
manteniendo los elementos y los fines esenciales, ha variado mucho en sus
formas a lo largo de los siglos y según las circunstancias. En los primeros
siglos comprendía un tiempo de catecumenado con los ritos
que jalonaban litúrgicamente el itinerario y que desembocaban en la celebración
de los sacramentos de la iniciación.52 Esta forma ha
sido restaurada por el Concilio Vaticano II para los países de misión y, a
discreción del Obispo propio, para cualquier diócesis;53 es la forma
prevista también para los adultos no bautizados e incluso para los niños en
edad escolar que piden este sacramento.54
Desde que la administración del bautismo a los niños vino a ser la forma
habitual de recepción de este sacramento, la celebración se ha convertido en un
acto único que integra de manera abreviada las etapas previas a la Iniciación
cristiana. Por su naturaleza misma, el Bautismo de niños exige un catecumenado postbautismal. Se trata no sólo de la
necesidad de una instrucción posterior al bautismo, sino del desarrollo de la
gracia bautismal en orden a la conversión personal, en el crecimiento de la
persona. Es el momento propio de la catequesis55 "que
nunca debe faltar a los niños cristianos"56. De este modo,
la Iniciación cristiana queda organizada en un itinerario catequético y
sacramental, y se desarrolla principalmente durante la infancia y la
adolescencia. La meta es siempre la confesión de fe y la plena y consciente
integración del bautizado en la comunión y en la misión de la Iglesia.
23 Hoy, pues, tenemos entre
nosotros dos formas de recorrer el camino
de la Iniciación cristiana:
a) la que afecta a los párvulos
que son incorporados en los primeros meses de su vida en el misterio de Cristo
y en la Iglesia por el Bautismo, y se recorre, con la recepción de los
sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía, a lo largo de la infancia,
la adolescencia y la juventud;
b) la Iniciación cristiana de
personas no bautizadas (niños, jóvenes o adultos) que se lleva a cabo mediante
la participación en un catecumenado, que culmina en la celebración de los tres
sacramentos de la iniciación.
Ante las exigencias actuales de la evangelización con muchos adultos ya
bautizados pero en realidad no catequizados, o alejados de la fe, o incluso sin
haber completado la iniciación sacramental, ambas formas de Inicición cristiana
propiamente dicha son hoy necesarias.57
4. EL ITINERARIO TÍPICO DE LA INICIACIÓN CRISTIANA:
EL RITUAL DE LA INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS.
24 Para la evangelización existe en
la Iglesia un itinerario o modelo típico de Iniciación cristiana: el Ritual de Iniciación cristiana de Adultos. He ahí
brevemente indicadas sus etapas:
a) El anuncio misionero
Aunque el Ritual de la Iniciación cristiana
de Adultos comienza con la entrada en el catecumenado, el tiempo precedente o
"pre-catecumenado" alcanza una especial importancia. Es el tiempo
destinado al anuncio misionero, durante el cual
se proclama abiertamente y con decisión al Dios vivo y a Jesucristo, enviado
por él para salvar a todos los hombres, a fin de que, por la acción del
Espíritu Santo, crean y se conviertan libremente al Señor.58
b) La entrada en el catecumenado
25 El rito de la entrada en el catecumenado expresa la acogida por parte de
la Iglesia de los que han aceptado el anuncio del Evangelio, y han sido movidos
a la conversión inicial. A partir de este momento los catecúmenos "son ya
de ‘la casa de Cristo’: son alimentados por la Iglesia con la palabra de Dios y
favorecidos con las ayudas litúrgicas".59
Los Padres Occidentales, particularmente S. Agustín, profundizan en la
pertenencia de los catecúmenos a Cristo y a la Iglesia: "No habéis
renacido todavía por el Bautismo sagrado, pero ya por la señal de la cruz
habéis sido concebidos en el seno de la madre Iglesia"60. Por la
signación y la unción catecumenal, entre otros ritos iniciales, el nuevo
converso comienza a ser catecúmeno, pero no "fiel", porque no ha
recibido aún el sacramento de la fe, el bautismo.
c) El tiempo del catecumenado
26 Es un tiempo prolongado en el
que la Iglesia transmite su fe y el conocimiento íntegro y vivo del misterio de
la salvación mediante una catequesis apropiada,
gradual e íntegra, teniendo como referencia el sagrado recuerdo de los
misterios de Cristo y de la historia de la salvación en el año litúrgico61, y acompañada
de celebraciones de la Palabra de Dios y de otros ritos y plegarias, llamados
escrutinios.
Los catecúmenos, ayudados por el ejemplo y el auxilio de los padrinos y aun
de todos los fieles, son instruidos en la fe, adquieren el lenguaje de la
misma,62 se ejercitan en la oración
personal y comunitaria, aprenden a vivir según el modelo de Cristo y son
introducidos paulatinamente en las responsabilidades propias de la vida
cristiana. "Como la vida de la Iglesia es apostólica, los catecúmenos
deben aprender también a cooperar activamente a la evangelización y a la
edificación de la Iglesia con el testimonio de su vida y con la profesión de
fe"63. El tiempo del catecumenado
concluye con el rito de la elección o inscripción del nombre.64
d) El tiempo de la purificación y
de la iluminación65
27 La Iglesia, acabado el tiempo
del catecumenado, pone en manos de Dios a los que El ha elegido, y como madre
se dispone a engendrarlos en Cristo por la fuerza del Espíritu Santo. Por esto,
intensifica su acompañamiento mediante la catequesis, la liturgia y la
penitencia cuaresmal. Les ayuda con la oración para que se abran a la acción de
Dios que está escrita en los corazones: "A fin de excitar el deseo de la
purificación y de la redención de Cristo, se celebran tres escrutinios, para
que los catecúmenos conozcan gradualmente el misterio del pecado"66. Y les hace
entrega de los símbolos de la identidad cristiana: El Credo y el Padrenuestro.
e) Celebración de los sacramentos
de la Iniciación cristiana
28 En el contexto de la celebración
del misterio pascual, la Iglesia engendra en Cristo a los catecúmenos por el sacramento
del Bautismo. "Por el
Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos
a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes
de su misión"67. En la misma
celebración, los neófitos son sellados por el don del Espíritu Santo en el sacramento de la
Confirmación, quedando así configurados sacramentalmente a la imagen de Cristo,
el Ungido, y constituidos miembros de la comunidad cristiana, con derecho pleno
a todas las acciones propias de la Iglesia.
Los neófitos participan por primera vez con todos los fieles en la oblación
del Sacrificio eucarístico, memorial eficaz de la muerte y resurrección del
Señor, y reciben la comunión del Cuerpo y la
Sangre del Señor resucitado que consuma la unión con El, siendo
hechos "un solo cuerpo y un solo espíritu" con Cristo por la fuerza
del Espíritu Santo.
f) El tiempo de la mistagogia
29 A la celebración de los
sacramentos de la Iniciación cristiana sigue el tiempo de la profundización en
los misterios recibidos, o de la mistagogia. Incorporados
ya los neófitos a la vida de la comunidad y acompañados por ésta perseveran en
la escucha de la Palabra de Dios, en la Eucaristía y en la caridad fraterna68. La mistagogia es, en primer término, una etapa catequética y sacramental
a la vez, delimitada por la octava pascual y que puede extenderse hasta
Pentecostés. En ella los iniciados, renovados en su espíritu, asimilan más
profundamente los misterios de la fe y los sacramentos en los que se nutre la
Iglesia, experimentando cuán suave es el Señor69. "La
inteligencia más plena y fructuosa de los misterios se adquiere con la
renovación de las explicaciones y sobre todo con la recepción continuada de los
sacramentos".70
30 Pero la mistagogia configura también toda la trayectoria de la vida
cristiana, que progresa y se enriquece día a día en la comprensión más plena de
las Sagradas Escrituras y en la frecuencia de los sacramentos. En este sentido
la Iniciación cristiana de los que son bautizados nada más nacer, está definida
también por la mistagogia. De ahí la
importancia de la celebración del domingo para todos los fieles cristianos,
como día en el que se hace memoria del Bautismo y se nutre la fe con la Palabra
de Dios y con la participación eucarística71. De la
perseverancia en esta celebración brota para los bautizados un nuevo sentido de
la fe, de la Iglesia y del mundo, al tiempo que se consolidan los vínculos de
la comunión eclesial y se fortalece el testimonio delante de los hombres. El bautizado
ha entrado en un universo nuevo, en una historia de salvación, en la familia de
los hijos de Dios y, en definitiva, en el pueblo que es propiedad personal del
Señor, ámbito de la memoria y de la presencia de la revelación y de la
redención divinas.
Síntesis
31 La Iniciación cristiana
comprende como elementos propios los
siguientes:
a) La iniciativa eficaz y
gratuita de Dios: el que se inicia lo hace llamado por Dios Padre en Jesucristo
y el Espíritu Santo, a través del anuncio del Evangelio. La fe viene por la
predicación.
b) La respuesta de la fe que se
realiza en la escucha y en la acogida interior del Evangelio: el iniciado
responde libremente y se entrega y se adhiere a Dios.
c) La acogida de la Iglesia que
recibe en su seno maternal a los que han aceptado el anuncio y los inserta en
el misterio de Cristo y en la propia vida eclesial, verdadera participación en
la comunión trinitaria.
d) Esta acción de la Iglesia
integra básicamente la predicación de la Palabra
de Dios y su explicación; la catequesis que introduce
en el conocimiento de los misterios de la fe e inicia en otros aspectos de la
vida de la Iglesia, como se verá más adelante; la celebración de los sacramentos de la iniciación; y el
acompañamiento posterior de los bautizados en orden a su perseverancia y
profundización en los misterios celebrados.
Pero como la debilidad humana puede inducir a los bautizados a apartarse de
la fidelidad bautismal, la Iniciación cristiana tiene una continuidad especial
en el sacramento de la Penitencia, "segundo
bautismo" o "bautismo de lágrimas". La Penitencia, que comprende
esencialmente un cierto proceso de conversión semejante al del catecumenado,
manifiesta la misericordia de Dios que actúa en el corazón del cristiano
arrepentido, concediéndole el perdón y la paz por el ministerio de la Iglesia.
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SEGUNDA PARTE |
LA INICIACIÓN
CRISTIANA EN LA IGLESIA
32 La Iglesia particular ejerce su
función maternal, realizando la Iniciación cristiana en diferentes "lugares" y por medio de determinadas funciones.
El "lugar" típico de preparación de los
adultos para los sacramentos de la Iniciación cristiana es la institución del
Catecumendo bautismal, estrechamente unido a la comunidad cristiana72.
"Lugares" son la
parroquia como ámbito propio y principal; la familia como institución
originaria; la Acción Católica, las asociaciones y movimientos laicales, la
escuela católica, como espacios y medios subsidiarios y complementarios. Hay
que tener en cuenta también la contribución peculiar de la enseñanza religiosa escolar.
Cada una de estas instituciones tiene carácter específico y a la vez
complementario, de manera que le competen unas tareas que le son más propias73, y cuando
alguna no puede realizar su misión, otra la lleva a cabo.
Aunque en todos estos lugares se hace presente la Iglesia particular,
sujeto de la Iniciación cristiana, la parroquia tiene la condición de ser la
última localización de la Iglesia en un lugar y representar a la Iglesia
visible establecida por todo el mundo74. Es
fundamental que el proyecto de Iniciación cristiana establecido por el Obispo
diocesano sea asumido, desde el propio ámbito, por todos los
"lugares" mencionados, dado que es la Iglesia particular como tal la
que ejerce la misión maternal.
Las funciones se polarizan
en torno a las dos grandes actuaciones de la Iglesia, la catequesis y la
liturgia, anteriormente aludidas.75
1. "LUGARES" ECLESIALES EN LA INICIACIÓN
CRISTIANA
La parroquia
33 El cristiano recibe la fe en la Iglesia
y por mediación de la Iglesia. La parroquia nació para acercar las mediaciones
de la Iglesia a todos sus miembros. En ella se vive la comunión de fe, de culto
y de misión con toda la Iglesia. La parroquia, constituida de modo estable en
la Iglesia particular, "es el lugar privilegiado donde se realiza la
comunidad cristiana"76 En ella están
presentes todas las mediaciones esenciales de la Iglesia de Cristo: la Palabra
de Dios, la Eucaristía y los sacramentos, la oración, la comunión en la
caridad, el ministerio ordenado y la misión. Es, por tanto, Iglesia de Dios,
bien dentro de un espacio territorial, como sucede ordinariamente, o bien para
la atención de determinadas personas; y ha de ser considerada como verdadera
célula de la Iglesia particular, en la que se hace presente la Iglesia
universal77. El signo de la función maternal
de la Iglesia es precisamente la pila bautismal, la cual es obligatoria en toda
parroquia, y que sólo ésta, al igual que la catedral, posee en principio.78
Los presbíteros que presiden las comunidades parroquiales hacen las veces
del Obispo, de quien reciben misión y autoridad. Juan Pablo II dice que la
parroquia es "la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de
sus hijas"80. La parroquia
es, por tanto, después de la catedral, ámbito privilegiado para realizar la
Iniciación cristiana en todas sus facetas catequéticas y litúrgicas del
nacimiento y del desarrollo de la fe.81 A pesar de las
dificultades que a veces se presentan hoy, es necesario que la comunidad
parroquial asuma con responsabilidad la tarea eclesial de la renovación y
revitalización de sí misma, creando espacios de acogida y de evangelización.
Algunas veces se tratará de una acción conjunta entre varias parroquias. Las
parroquias deben crecer espiritual y pastoralmente para ser, como les
corresponde, puntos de referencia privilegiados para los que se acercan a la
Iglesia de Cristo y quieren vivir como cristianos.82
La familia
34 "Por el hecho de haber dado
la vida a los hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e
inalienable de educarles; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los
primeros y principales educadores de sus hijos"83. Lo mismo
ocurre, en cuanto padres cristianos, respecto de la educación en la fe: "Antes
que nadie, los padres cristianos están obligados a formar a sus hijos en la fe
y en la práctica de la vida cristiana, mediante la palabra y el ejemplo"84. Este derecho
y deber, que la Iglesia reconoce a los padres como educadores de la fe, brota
del sacramento del matrimonio y de la consideración de la familia "como
Iglesia doméstica". En efecto, la misión de la familia cristiana es un
verdadero ministerio, "por medio del cual se irradia el Evangelio, hasta
el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto
modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo".85
Por eso, a pesar de las dificultades por las que atraviesa hoy, la familia
cristiana sigue siendo una estructura básica en la Iniciación cristiana, e incluso
un reto pastoral: la familia cristiana no puede renunciar a su misión de educar
en la fe a sus miembros y ser lugar, "en cierto modo insustituible",
de catequización.86 Es necesario
ayudar eficazmente a que la comunidad familiar cristiana se renueve con la
novedad del Evangelio y se vuelva cada día más a Jesucristo. La familia que
transmite la fe hace posible el despertar religioso de sus hijos y lleva a cabo
la responsabilidad que le corresponde en la Iniciación cristiana de sus
miembros.
La Acción católica y las
asociaciones y movimientos laicales
35 La situación actual reclama que
se acentúe aquello que puede complementar con su ayuda la misión de la
parroquia y de la familia. Cabe así situar la importancia y el valor respectivo
de las asociaciones y movimientos laicales y otras instituciones educativas,
como estructuras ambientales para la Iniciación cristiana de los niños, de los
adolescentes y de los jóvenes.87 Estas
asociaciones de fieles se caracterizan, según el Papa Juan Pablo II, por
"la conformidad y la participación en el fin apostólico de la Iglesia, que
es la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de
su conciencia, de modo que consigan impregnar con el espíritu evangélico las
diversas comunidades y ambientes". A las asociaciones y movimientos se les
encomienda entre otras tareas "el empeño catequético y la capacidad
pedagógica para formar a los cristianos"88. En efecto, la
Acción Católica y este tipo de asociaciones y movimientos tienen hoy la misión
de ayudar eficazmente a concretar una experiencia eclesial y un espacio
comunitario propicio para el crecimiento en la fe, presentando a los miembros
que se inician en ella un estilo de vida cristiana en la Iglesia y el ejemplo
de un testimonio público del creyente en la sociedad.
Los movimientos y grupos laicales son pequeñas comunidades que transmiten
la fe, la oración y la liturgia de la Iglesia, con un estilo de vida y de
compromiso apostólico peculiar que facilitan la constante interacción entre fe
y vida, según las edades y circunstancias. De ahí la necesidad de promocionar y
fortalecer en la Iglesia estos espacios educativos. Cuanto menos cristiano es
el ambiente donde tiene que desarrollarse la vida de un niño o de un joven, más
necesidad tiene de ámbitos propios para educar su fe e incorporarse libre y
responsablemente en la comunidad de la Iglesia.
La escuela católica
36 "La escuela católica es un
‘lugar’ muy relevante para la formación humana y cristiana"89, que
"entra de lleno en la misión salvífica de la Iglesia y particularmente en
la exigencia de la educación de la fe... El proyecto educativo de la escuela
católica se define precisamente por su referencia explícita al Evangelio de
Jesucristo, con el intento de arraigarlo en la conciencia y en la vida de los
jóvenes, teniendo en cuenta los condicionamientos culturales de hoy".90
En cuanto escuela "debe procurar la formación integral de la persona
humana, en orden a su fin último y, simultáneamente, al bien común de la
sociedad"91. Pero su
carácter específico de escuela católica, la convierte en una comunidad
cristiana, en constante referencia a la Palabra de Dios y al encuentro siempre
renovado con Jesucristo. Cuando actúa así92, puede ser
también una mediación eclesial para la Iniciación cristiana de sus alumnos,
colaborando en coordinación con los planes pastorales diocesanos.
La enseñanza religiosa escolar
37 Aunque no es propiamente un
ámbito de Iniciación cristiana como los anteriores, sin embargo puede
contribuir decisivamente a los objetivos propios de ésta, al ofrecer algunas
dimensiones de carácter ético y moral que nacen de las relaciones entre la fe y
la cultura, y entre la fe y la vida. En este sentido tiene también una misión
evangelizadora. En efecto, la enseñanza religiosa escolar, verdadero complemento
de la catequesis, pretende también la educación básica e integral de la fe,
pero sometida a las leyes que rigen la inculturación: subrayar el valor
universal de la fe y su supremacía sobre las realizaciones culturales del
hombre; presentar el mensaje cristiano como instancia crítica del hombre y de
su cultura; y establecer un diálogo positivo entre la fe y la cultura.93 Ciertamente
esta enseñanza constituye una estimable oferta informativa para los niños y los
jóvenes acerca del mensaje y del acontecimiento cristiano.
38 No obstante, a la enseñanza
religiosa escolar, a diferencia de la catequesis, no le corresponde atender
todas las dimensiones propias de una formación cristiana integral, tanto a
causa del lugar en que se imparte como de su propia naturaleza de servicio
educativo para toda la sociedad: en el caso de la enseñanza religiosa, "la
Iglesia actúa en un ámbito creado primordialmente para la educación del
ciudadano en cuanto tal, en estructuras de la sociedad para tal fin"94. Sus objetivos
no son, por tanto, los que reclama la catequesis de inspiración catecumenal95; los padres
que piden la enseñanza religiosa para sus hijos, lo hacen ordinariamente con la
intención de que lo religioso se integre en la formación humana, de manera que
sea una oferta abierta a creyentes y no creyentes, sin intención, al menos
explícita, de solicitar la Iniciación cristiana96. Al destacar
la importancia de la enseñanza religiosa escolar, queremos llamar la atención
sobre la indicación que hemos hecho en nuestro Plan Pastoral "Para que el
mundo crea" al dar a la predicación y la educación de la fe un fuerte
contenido apologético.97
2. FUNCIONES ECLESIALES EN LA INICIACIÓN CRISTIANA
39 La Iniciación cristiana, como mediación
de la Iglesia, se verifica principalmente mediante dos funciones pastorales
íntimamente relacionadas entre sí: la catequesis y la liturgia98. En el
catecumenado de adultos, catequesis y liturgia constituyen visiblemente dos
dimensiones de una misma realidad, introducir a los hombres en el misterio de
Cristo y de la Iglesia. En cualquier tipo de iniciación cristiana, cada una de
estas funciones sigue teniendo un alcance propio dentro de la única misión
evangelizadora y santificadora de la Iglesia, y de la finalidad común que es la
edificación de la comunidad eclesial.
40 Por razones de claridad, se
exponen por separado las características propias de cada una de estas funciones
en relación con la Iniciación cristiana, pero no debe perderse de vista su
íntima complementariedad y apoyo mutuo. En efecto, "la catequesis está
intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental, porque es en
los sacramentos y sobre todo en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en
plenitud para la transformación de los hombres"99. La liturgia,
por su parte, "debe ser precedida por la evangelización, la fe y la
conversión; sólo así puede dar sus frutos en la vida de los fieles: la vida
nueva según el Espíritu, el compromiso en la Iglesia y el servicio de su
unidad"100. La
catequesis, en este sentido, prepara para la celebración de los sacramentos de
la fe, los cuales "no sólo la suponen, sino que a la vez la alimentan, la
robustecen y la expresan por medio de palabras y de elementos";101 y proporciona
también un conocimiento adecuado del significado de los gestos y de las
acciones sacramentales. La liturgia inspira además una peculiar y muy necesaria
forma de catequesis, llamada mistagógica, que "pretende introducir en el
Misterio de Cristo –es mistagogia- procediendo de lo visible a lo invisible,
del signo a lo significado, de los 'sacramentos' a los 'misterios".102
A. La catequesis en la Iniciación
cristiana
41 "La catequesis es elemento
fundamental de la Iniciación cristiana, y está estrechamente vinculada a los
sacramentos de la Iniciación, especialmente al Bautismo, ‘sacramento de la fe’.
El eslabón que une la catequesis con el Bautismo, sacramento de la fe, es la
profesión de fe que es, a un tiempo, elemento interior de este sacramento y
meta de la catequesis"103. La catequesis
debe procurar "una enseñanza, aprendizaje, convenientemente prolongado, de
toda la vida cristiana"104, con el fin de
iniciar a los catecúmenos en el misterio de la salvación y en el estilo de vida
propio del Evangelio.
Señalados documentos del Magisterio Pontificio y de nuestra Comisión
Episcopal de Enseñanza y Catequesis han estudiado en profundidad el papel de la
catequesis hoy en la Iniciación cristiana para todas las edades. Es suficiente,
por esto, señalar de forma sucinta algunos puntos más importantes remitiendo,
para un conocimiento más detallado, a los diversos documentos.105
Características y tareas de la
catequesis de Iniciación cristiana
42 La catequesis al servicio de la
Iniciación cristiana se presenta como:
a) "Una formación orgánica y
sistemática de la fe... Indagación vital y orgánica en el misterio de Cristo
que es lo que, principalmente, distingue a la catequesis de las demás formas de
presentar la Palabra de Dios".106
b) "Una formación básica,
esencial, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana... La catequesis
pone los cimientos del edificio espiritual del cristiano, alimenta las raíces
de la vida de fe, capacitándole para recibir el posterior alimento sólido en la
vida ordinaria de la comunidad cristiana".107
c) "Un aprendizaje a toda la
vida cristiana, una ‘iniciación cristiana integral’, que propicia un auténtico
seguimiento de Jesucristo e introduce en la comunidad eclesial".108
d) La catequesis de Iniciación
cristiana de niños, adolescentes y jóvenes, a diferencia de lo que ocurre en el
catecumenado de adultos, está definida también en cierto modo por la mistagogia, como ya se ha dicho.109 En efecto, el
camino hacia la adultez en la fe, abierto y configurado por el sacramento del
Bautismo, se desarrolla por medio de los demás sacramentos de la Iniciación que
dan sentido y vertebran todo el proceso iniciatorio.
Algunos criterios pedagógicos
43 Entre los principales criterios
de orden pedagógico que han de inspirar la catequesis de Iniciación cristiana,
cabe señalar los siguientes:
a) Debe ser considerada como un
proceso de maduración y de crecimiento de la fe, desarrollado de manera gradual
y por etapas110. Esta
gradualidad de la catequesis tiene su origen en el modo como Dios actúa en la historia
de la salvación y sigue la celebración del misterio de Cristo en el año
litúrgico, como ya se ha dicho. Al estar "al servicio del que ha decidido
seguir a Jesucristo, es eminentemente cristocéntrica".111
b) Esencialmente unida al
acontecimiento de la Revelación y a su transmisión, la catequesis de la
iniciación ha de inspirarse, como su fuente y modelo, en la pedagogía de Dios
manifestada en Cristo y en la vida de la Iglesia, y ha de contar con la acción
del Espíritu Santo en la comunidad y en cada cristiano112,
"favoreciendo así una verdadera experiencia de fe y un encuentro filial
con Dios".113
c) A lo largo de todo el proceso,
el catequizando crece en la fe ayudado por la oración y el ejemplo de toda la comunidad,
meditando asiduamente el Evangelio, tomando parte activa en la liturgia,
practicando la caridad fraterna y soportando con fortaleza las pruebas de la
vida.114
d) La catequesis al servicio de
la Iniciación cristiana está impregnada por el misterio de la Pascua, de modo
que ha de caracterizarse por el aprendizaje del sentido de la Nueva Alianza,
del paso del hombre viejo al hombre nuevo, de la lucha y superación del mal con
la ayuda de la gracia divina, de la experiencia del gozo de la salvación.
Los catequistas en la catequesis
de Iniciación cristiana
44 En la catequesis de Iniciación
cristiana la figura del catequista es básica. Llamado por la Iglesia a ejercer
el servicio de la catequesis, ha de estar "dotado de una fe profunda, de
una clara identidad cristiana y eclesial y de una honda sensibilidad
social".115 Ha de destacar
por su madurez humana, cristiana y apostólica116, así como por
su formación y capacitación catequética117, como
corresponde al cometido que ha de desempeñar y que es el de guía espiritual de
los catequizandos, acompañándoles en el aprendizaje y maduración de la fe.
Se trata en definitiva de "lograr que el catequista pueda animar
eficazmente un itinerario catequético en el que, mediante las necesarias
etapas, anuncie a Jesucristo, dé a conocer su vida, enmarcándole en la historia
de la salvación, explique los misterios del Hijo de Dios, hecho hombre por
nosotros, y ayude, finalmente, al catecúmeno o al catequizando a identificarse
con Jesucristo en los sacramentos de iniciación".118
Los catequistas, especialmente los que preparan a los adolescentes y los
jóvenes para recibir el sacramento de la Confirmación, ejercen una función
eclesial relevante, ya que también ellos son transmisores de la fe de la
Iglesia, y no simplemente unos animadores o monitores que coordinan y acompañan
el trabajo del grupo. Precisamente por esto la formación de estos catequistas
debe ser cuidada de un modo especial, en atención a la edad de los que van a
recibir el sacramento.
B. La liturgia en la Iniciación
cristiana
45 La Iniciación cristiana
comprende esencialmente la celebración de los sacramentos que consagran los
comienzos de la vida cristiana en analogía con las etapas de la existencia
humana, y que por este motivo se llaman sacramentos de Iniciación119. Como todos
los actos litúrgicos, "por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo,
que es la Iglesia" los sacramentos son acciones sagradas por excelencia,
"cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala
ninguna otra acción de la Iglesia"120. Los
sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía son, por eso,
'fuente' y 'cima' de la Iniciación, junto con las celebraciones de la Palabra
de Dios y los escrutinios121. En el
itinerario de los que fueron bautizados siendo párvulos, está presente también
la Penitencia, que otorga el perdón de los pecados cometidos después del
Bautismo.
Todas estas celebraciones litúrgicas ponen de manifiesto la progresiva
vinculación a Jesucristo de los catecúmenos y de los catequizandos, a la vez
que les comunican la salvación que brota del misterio pascual. Del esmero que
se ponga en hacer de ellas verdaderos momentos eclesiales del encuentro
salvador con Dios en Jesucristo, unidos a la acción catequética, dependerá en
gran medida el fruto espiritual de todo el itinerario de la Iniciación, y aún
el sentido mismo de toda la vida cristiana, por la iniciación en el lenguaje
bíblico y litúrgico, por la centralidad de la Eucaristía dominical, por el
acercamiento al sacramento de la penitencia.
La unidad de los sacramentos de
la Iniciación
46 El Bautismo, la Confirmación y
la Eucaristía guardan entre sí una íntima unidad, constantemente reclamada por
el Magisterio desde el Concilio Vaticano II. En efecto, "los sacramentos
de la Iniciación cristiana se ordenan entre sí para llevar a su pleno
desarrollo a los fieles, que ejercen la misión de todo el pueblo cristiano en
la Iglesia y en el mundo"122. Se trata de
expresar "la unidad del Misterio pascual, el vínculo entre la misión del
Hijo y la infusión del Espíritu Santo, y la conexión entre el Bautismo y la
Confirmación".123
La celebración de estos sacramentos, aun dentro de las peculiaridades de
las legítimas tradiciones litúrgicas de Oriente y de Occidente, confiere una
unidad que se proyecta sobre todo el proceso de la Iniciación cristiana. En
Oriente los sacramentos de la Iniciación se administran juntos en la misma
celebración, tanto en el caso de los adultos como en el de los recién nacidos.
En Occidente esta práctica no ha variado para la Iniciación de los adultos, si
bien en el caso de los que son bautizados de párvulos, la Iglesia ha admitido
por motivos pastorales que los restantes sacramentos se confieran en
celebraciones distintas en el tiempo, manteniendo, no obstante, la unidad
orgánica y el principio de la ordenación mutua de los sacramentos de
iniciación.124
47 Ahora bien, es preciso que esta
unidad y ordenación mutua de los sacramentos de iniciación se pongan de
manifiesto también en las enseñanzas que acerca de ellos transmite la catequesis,
como en la misma práctica pastoral. Difícilmente se logrará que la Iniciación
cristiana aparezca como un proceso unitario, catecumenal e integrador de todos
los aspectos catequéticos y litúrgicos que comprende, si en la preparación o en
la celebración de alguno de ellos no se pone de relieve su necesaria y
progresiva conexión.
Catequesis presacramental y
mistagógica
48 La celebración de los
sacramentos de la iniciación suele ir precedida entre nosotros de un tiempo de
preparación específica y próxima más intensa. En dicho tiempo se ofrece una
catequesis litúrgica o presacramental, cuya finalidad es "preparar a los
sacramentos y favorecer una comprensión y vivencia más profundas de la
liturgia"125. Esta
catequesis consiste en una explicación de los ritos, símbolos y gestos de la
celebración, a la vez que trata de inculcar en los candidatos a los sacramentos
las actitudes internas de conversión y de fe que hagan más fructuosa su
participación. Esta catequesis es esencialmente bíblica y litúrgica, y expone
la continuidad entre los acontecimientos de la historia de la salvación y los
signos sacramentales de la Iglesia.126
49 Esta forma de catequesis es
llamada también "mistagógica", porque consiste en ayudar a entrar en
la realidad del misterio que se celebra. Procede siempre "de lo visible a
lo invisible, del signo a lo significado, de los 'sacramentos' a los
'misterios'"127. No debe
partir de ideas o conceptos, sino de la experiencia de los mismos dones
recibidos de Dios, para hacer descubrir a los bautizados su propia identidad y
mostrarles el itinerario que Dios está dispuesto a completar mediante los
signos sacramentales (Confirmación y Eucaristía), conduciendo a los bautizados
a la acción de gracias, a una conversión más profunda, a una celebración gozosa
de las obras divinas, traducidas después en una conducta coherente.
El año litúrgico, marco de la
Iniciación cristiana
50 Cuando se contempla la historia
de la Iniciación cristiana en los primeros siglos de la Iglesia, se advierte la
importancia de la celebración del misterio de Cristo en el año litúrgico como
marco de referencia de todas las acciones catequéticas y sacramentales de la
iniciación. Más aún, el ciclo de Pascua que comprende la Cuaresma y la
Cincuentena pascual, nació y se desarrolló como consecuencia de la necesidad de
organizar la Iniciación cristiana y de incorporar a ella a toda la comunidad
eclesial. De hecho todo el año litúrgico, iluminado por la luz de la Pascua, es
"año de gracia del Señor"128, y ámbito en
el que se hace realidad la economía de la salvación en el "hoy" de la
liturgia.129
El domingo, Pascua semanal y día
de la Iniciación cristiana
51 Entre todos los tiempos de la
celebración del misterio de Cristo en el año litúrgico, sobresale el "día
del Señor" o domingo, "fundamento y núcleo del año litúrgico"130. El domingo,
verdadera Pascua semanal, tiene como centro la celebración eucarística,
encuentro de la comunidad de los fieles con el Señor resucitado que la invita a
su banquete"131; es "la
asamblea litúrgica, en que los fieles 'deben reunirse, escuchando la palabra de
Dios y participando en la Eucaristía, para recordar la pasión, la resurrección
y la gloria del Señor Jesús y dar gracias a Dios, que los hizo renacer a la
esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos".132
52 Entre todos los aspectos del
domingo133, destaca su condición de día
propio y especialmente indicado para celebrar los sacramentos de la Iniciación
y otros ritos que jalonan el itinerario catecumenal y para recordar que el
Bautismo es el fundamento de toda la existencia cristiana.134 En este
sentido la celebración del domingo ocupa un papel clave en la formación de la
identidad cristiana y en la maduración en la fe de quien avanza en el proceso
de la iniciación y se prepara para recibir los sacramentos de la Confirmación y
de la Eucaristía. Para los cristianos, el ‘domingo es un día irrenunciable’,
como ha recordado el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica Dies Domini, del 31 de Mayo de 1998, en la que exhorta a valorar
el domingo, día distintivo de los cristianos, a causa de su estrecha relación
con el núcleo mismo del misterio cristiano.135
Los sacramentos de la Iniciación
53 Tanto en la preparación
catequética y litúrgica como en la celebración de los sacramentos de la
Iniciación cristiana, se debe atender no sólo a las condiciones que afectan a
la validez sacramental y a la licitud de las acciones litúrgicas, sino
igualmente a todo aquello que está relacionado con la expresividad, la verdad y
la belleza de los signos, y a la participación consciente, activa y fructuosa
de quienes reciben los sacramentos y asisten a la celebración.136 Téngase en
cuenta que la celebración litúrgica contribuye de manera decisiva a la
formación de la fe de los fieles, avivando y nutriendo esa misma fe, creando un
clima adecuado de comprensión de los textos y de los signos y, sobre todo,
ayudándoles a vivir "hoy "el
acontecimiento de la salvación.137
En este sentido conviene tener muy en cuenta lo que señalan los respectivos
rituales respecto a la celebración: lugar y tiempo propio y oportuno, forma de
pronunciar o de cantar los textos y de realizar los gestos, ambiente
comunitario y religioso, participación de los fieles, de los padres y padrinos,
y de los mismos candidatos a los sacramentos.138 El Obispo debe
procurar que todo esto esté presente en los directorios pastorales diocesanos
dedicados a los sacramentos de la Iniciación .139
1. El Bautismo
54 El "Bautismo es el
fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu y la
puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos
regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos
incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión. El Bautismo es el
sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la Palabra".140 El Bautismo,
"por sí mismo es sólo un principio y un comienzo porque todo él tiende a
conseguir la plenitud de la vida en Cristo. Así pues, el Bautismo se ordena a
la profesión íntegra de la fe, a la plena incorporación a la economía de la
salvación tal como Cristo en persona estableció y, finalmente, a la íntegra
incorporación en la comunión eucarística"141. A lo largo de
todo el itinerario de la Iniciación cristiana se deberá tener presente este
acontecimiento fundamental, obra de Dios, y nada deberá oscurecer este inicio
del cual depende la vida en Cristo y en la Iglesia;142 esto sucedería
si se considerara que el hecho de haber sido bautizado como párvulo disminuye
el valor del don recibido.
2. La Confirmación
55 Dentro del conjunto de la
Iniciación cristiana, el sacramento del don del Espíritu es la Confirmación del
Bautismo, que pone de manifiesto la presencia y la acción del Espíritu Santo en
la Iglesia y en los bautizados, verdadero "don de Dios" (Jn 4,10)143 otorgado el
día de Pentecostés144. Cuando la
Confirmación se administra separadamente del Bautismo, su celebración comprende
también la renovación de las promesas bautismales y la profesión de la fe145. En efecto,
"a los bautizados los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con
una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho
más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus
palabras y sus obras".146
La Confirmación, "como el Bautismo, del que es la plenitud, sólo se da
una vez. Imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el 'carácter', que
es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su
Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo"147. La
Confirmación, por otra parte, significa y confiere una más profunda vinculación
a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y se orienta hacia una más intensa y perfecta
participación en el Sacrificio eucarístico, "fuente y cima de la vida cristiana",
de manera que los confirmados "ofrezcan a Dios la Víctima divina y a sí
mismos juntamente con ella"148 para formar
"en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu"149 Por este
motivo el Concilio Vaticano II dispuso que la Confirmación tuviese lugar dentro
de la Misa.150 Todos los
bautizados pueden y deben recibir el sacramento de la Confirmación en el tiempo
oportuno, porque, dada la unidad entre los tres sacramentos de la Iniciación,
ésta queda incompleta si falta la Confirmación o la Eucaristía. Es tarea propia
de los pastores y de los padres procurar que ningún bautizado deje de ser
confirmado.151
56 La práctica actual relativa a la
Confirmación "no debe hacer olvidar jamás el sentido de la tradición
primitiva y oriental. En cualquier caso, la catequesis debe insistir en el lazo
profundo que une la Confirmación con el Bautismo y con la Eucaristía;
considerarla como parte integrante de la plena Iniciación cristiana, y no como
un suplemento facultativo; considerarla como un don de Dios que perfecciona al
cristiano y al apóstol, sin reducirla a una nueva profesión de fe o a un
compromiso más grande que podrían encontrar lugar en diversas etapas de la
vida; sobre todo hay que evitar el reservarla para una élite".152
3. La Eucaristía
57 El tercer sacramento de la
Iniciación cristiana es la Eucaristía; en ella la iniciación alcanza su
culminación. En efecto, "los que han sido elevados a la dignidad del
sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por
la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en
el sacrificio mismo del Señor". La Eucaristía significa y realiza la
comunión de vida con Dios y la unidad de la Iglesia, es pregustación de la vida
eterna y compendio y suma de nuestra fe.154
Se comprende, pues, la importancia y la necesidad de las debidas
disposiciones con que se han de preparar todos los que participan
sacramentalmente del Banquete eucarístico155: tanto los
que, habiendo llegado al uso de razón, empiezan a recibir la Eucaristía aún sin
haber recibido la Confirmación, como aquellos que, aún no habiendo recibido la
Eucaristía, reciben el "sello del don del Espíritu". También para
éstos el Banquete eucarístico tiene significado de finalidad y culminación de
la Confirmación. En efecto, "hecho hijo de Dios, revestido de la túnica
nupcial, el neófito es admitido 'al festín de las bodas del Cordero' y recibe
el alimento de la vida nueva, el Cuerpo y la Sangre de Cristo".156
58 Ahora bien, en la primera
participación en la Eucaristía, es muy conveniente que ésta vaya precedida no
sólo de la necesaria catequesis de la Iniciación cristiana, sino también de una
verdadera introducción y un cierto hábito de asistencia a la celebración
eucarística, sobre todo la del domingo. Es un momento muy oportuno para ayudar
a los niños a conocer los signos, las respuestas, y las actitudes internas y
corporales que requiere la participación litúrgica. En efecto, "la
Iglesia, que bautiza a los niños confiando en los dones que proporciona este
sacramento, debe cuidar de que los bautizados crezcan en comunión con
Jesucristo y con los hermanos. De esta comunión es signo y prenda la
participación en la mesa de la Eucaristía, a la que se están preparando o en
cuya comprensión más profunda van siendo introducidos"157. La preparación
para la Primera Comunión, a pesar de los inconvenientes que provienen de los
excesos en la fiesta familiar y social con este motivo, debe orientarse hacia
una verdadera integración de los niños y de sus padres en la vida de la
comunidad cristiana, evitando los inconvenientes que, no pocas veces, se
organizan en la desmesura que rodea la fiesta familiar y social de las primeras
comuniones.
El sacramento de la Penitencia
59 Dentro del proceso de la
Iniciación cristiana de los ya bautizados, ocupa también un lugar importante la
celebración del sacramento de la Penitencia, aunque éste no sea un sacramento
de Iniciación sino de curación158. En efecto, de
este sacramento "obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los
pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia,
a la que ofendieron con sus pecados"159. "Para
recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia. Conviene
recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en atención al don
del Espíritu Santo"160. Este
sacramento se debe celebrar también antes de participar, por primera vez, de la
Eucaristía, incluso en el caso de los niños, evitando cualquier práctica
contraria.161
60 Ahora bien, no se trata
solamente de un requisito inmediato para los que van a ser confirmados o van a
comulgar por primera vez. La experiencia espiritual de la misericordia del
Padre, que acoge y perdona, forma parte de los elementos gozosos de la
preparación de los niños a la primera comunión. Cuando se trata de adolescentes
que se preparan para recibir la Confirmación, la reconciliación individual es
un momento fuerte de su vida cristiana y una forma particularmente real de
vivir el compromiso que están llamados a asumir no sólo como acto suyo sino
como don de la fuerza de Dios. Este sacramento debe estar presente, por tanto,
para los bautizados en todo el itinerario de la preparación de la Confirmación
y de la primera Comunión; y constituir un aspecto doctrinal y práctico tanto de
la catequesis como de la introducción en la vida litúrgica de la Iglesia para
los que se disponen a recibir estos sacramentos.162
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TERCERA PARTE |
LA RENOVACIÓN DE LA PASTORAL
DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
Reflexión preliminar
61 Se ha dicho desde el principio
que la Iniciación cristiana lleva consigo un verdadero itinerario estructurado
en etapas y dotado de acciones propias que ayuden al catequizando a profesar la
fe y a celebrar los sacramentos de la Iglesia. Ahora bien, la diversidad de
situaciones y de necesidades en las Iglesias particulares, aconsejan que este
itinerario sea concretado en cada una de ellas bajo la responsabilidad del
Obispo.163 A él le corresponde sancionar
los directorios u otros instrumentos pastorales respecto a esta materia164 con vistas a
ofrecer no sólo un proceso de Iniciación cristiana, unitario y coherente para
niños, adolescentes y jóvenes, sino también, eventualmente, el catecumenado de
adultos propiamente dicho, y un itinerario de catequesis para los adultos que
necesitan fundamentar su fe o completar su Iniciación cristiana, tal como
propone el Directorio General para la
Catequesis.165
Diversas diócesis han publicado ya directorios y orientaciones para alguno
de los sacramentos de iniciación o para todo el conjunto de dicha iniciación.
Es preciso recoger esta rica experiencia eclesial nacida de una preocupación
pastoral que urge a todos. En esta tercera parte se hacen sugerencias acerca de
la renovación de la pastoral de la iniciación cristiana, tomando en
consideración estas realizaciones diocesanas. Nos urgen, sobre todo, la
obediencia al mandato misionero del Resucitado y la fidelidad a la condición
maternal de la Iglesia.
Ningún pastor puede quedar indiferente ante la petición del bautismo por
parte de padres o de adultos, o ante jóvenes que piden ser confirmados.
"La función de los pastores no se reduce a cuidar a cada uno de los fieles
individualmente. Se extiende propiamente también a formar una auténtica
comunidad cristiana... La comunidad local no debe favorecer sólo el cuidado de
sus fieles, sino que, llena de amor misionero, debe preparar a todos los
hombres el camino hacia Cristo. Tiene, sin embargo, especialmente encomendados
los catecúmenos y neófitos, a los que hay que educar gradualmente en el
conocimiento y práctica de la vida cristiana"’.166
1. ESPERANZAS Y RETOS EN LA HORA PRESENTE
Objetivos de la Conferencia
Episcopal Española para la nueva evangelización
62 En el programa pastoral de la
Conferencia Episcopal Española del trienio 1994-1997, decíamos que
"leyendo con reposo los discursos del Santo Padre durante su última visita
a España no queda duda de que la idea que los preside y unifica es animarnos a
proseguir y, si es preciso, fortalecer más todavía un esfuerzo de
evangelización, centrado en el intento de consolidar religiosamente la fe de
los que creen y llamar a una verdadera conversión a los que no creen".167
Nuestras Iglesias siguen engendrando y educando nuevos hijos de Dios,
cumpliéndose el mandato del Señor: "Bautizadlos y enseñadles". Pero
esta función maternal de la Iglesia se realiza con frecuencia con muchas
limitaciones, provenientes en parte de la falta de vigor en el sentido
eclesial, fraternal y misionero a la vez, de las propias comunidades
cristianas, y también del ámbito de las familias, que acusan los efectos de la
ruptura entre la fe y la vida, del debilitamiento del compromiso cristiano y de
la práctica sacramental, y de la crisis vocacional al ministerio sacerdotal y a
la vida consagrada
Dificultades en una sociedad
secularizada
63 Hoy, la Iglesia en España
"se ve llamada a desplegar una acción pastoral de evangelización frente al
fenómeno generalizado del debilitamiento de la fe y de la difusión de la
increencia entre nosotros"168. Ya no basta
crear un cierto clima religioso durante la infancia. Al mismo tiempo la
formación cristiana de muchos fieles es muy superficial, sin apenas incidencia
en su manera de pensar y en sus costumbres. No pocos católicos, que recibieron
los tres sacramentos de la Iniciación y a los que se les impartió enseñanzas
cristianas en la catequesis y en la escuela, apenas se identifican hoy con
Jesucristo y con su Iglesia. Al hablar de la renovación pastoral de la
Iniciación cristiana se debe tener en cuenta que la Iglesia está viviendo hoy
un cierto modo de neopaganismo que se manifiesta en la existencia de un número
creciente de no bautizados, y especialmente en un comportamiento, tanto privado
como público, de un buen número de bautizados que deja al descubierto una vida
cristiana a todas luces insuficiente.
64 Esta situación de fe de las
comunidades cristianas en general, y de los niños, adolescentes y jóvenes en
particular, nos obliga a asumir con mayor realismo y cuidado las tareas propias
de la Iniciación cristiana promoviendo con nuevo impulso y renovada orientación
"la tarea maravillosa y esforzada que espera a todos los fieles laicos, a
todos los cristianos, sin pausa alguna: conocer cada vez más las riquezas de la
fe y del Bautismo y vivirlas en creciente plenitud. El apóstol Pedro hablando
del nacimiento y crecimiento como de dos etapas de la vida cristiana, nos
exhorta: ‘Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de
que, por ella, crezcáis para la salvación’ (1 Pe 2,2)".169
Una realidad esperanzadora
65 No obstante todo lo anterior, las familias españolas desean,
mayoritariamente, el Bautismo para sus hijos, y que se preparen y participen en
la Primera Eucaristía. Son asimismo muchos los adolescentes y jóvenes españoles
que reciben también el sacramento de la Confirmación. A todos ellos se les
sigue ofreciendo catequesis y enseñanza religiosa escolar, con la generosa
entrega y cada día más cualificada preparación de catequistas y profesores.
Quizá nunca como en nuestros días se han desplegando tantos esfuerzos en la
atención pastoral de la adolescencia y de la juventud. Los movimientos
eclesiales de niños y de jóvenes forman hoy el grupo asociativo más numeroso
dentro de estas edades, fuera del deporte, en una sociedad como la española,
tan reacia al asociacionismo170. Miles de agentes
de pastoral y cientos de grupos, están dispuestos a acoger y a educar en la fe
a los niños, adolescentes y jóvenes españoles bautizados, a pesar del avance
del secularismo y del paganismo en nuestra sociedad171. La esperanza
que tenemos puesta en el Señor no nos defrauda, pero nos impulsa a mejorar
nuestro ineludible servicio de iniciar en la fe a los nuevos cristianos.
Tarea de toda la Iglesia
66 La Iniciación cristiana es una
tarea de todos los fieles. En este sentido, "el que ha sido evangelizado,
evangeliza a su vez. He aquí la prueba de la verdad, la prueba de toque de la
evangelización"172. Ahora bien,
esta tarea reclama una conversión de nuestras comunidades y de cada uno de sus
miembros, pues nadie puede evangelizar y ayudar en la Iniciación cristiana si
antes no purifica la propia fe y esperanza en la salvación de Dios, haciéndolas
más profundamente teologales y más comprometidas en la transformación de la
vida de los creyentes y de su presencia en la sociedad173. Es necesario
también fomentar la comunión eclesial interna, pues de ello depende la
credibilidad y eficacia de la misión. En efecto, la comunión eclesial es la
primera forma de misión. Esto supone reconocer y valorar el carisma de cada
uno, puesto de manifiesto en la comunión eclesial.174
67 Para evangelizar, es preciso
hacerse solidario con los hombres que se alegran, sufren, buscan... y reconocer
la llamada que Dios hace a través de la vida de cada persona y de las distintas
situaciones sociales, especialmente de los más pobres y necesitados.175 ‘’En la
evangelización, además de los sujetos y de los medios humanos, intervienen
principalmente la fuerza de la Palabra y del Espíritu de Dios. Por eso, desde
la experiencia personal y comunitaria de la salvación de Dios, que comunica
paz, serenidad y gozo profundo, en confluencia con el dolor y el peso del vivir
humano, es como podremos convertirnos en comunicadores de la Buena Nueva a los
hombres y mujeres con los que la vida nos hace encontradizos...El hecho de la
evangelización no es un mero proceso mecánico de dar y recibir: la
evangelización brota allí donde se establece el encuentro entre personas, con
una relación positiva y con una comunicación interpersonal. Cuando hay caridad
y amor se abre la puerta a la Buena Nueva que viene de Dios’’176
Anuncio misionero y catequesis de
iniciación, elementos de un proyecto unitario de evangelización
68 "La situación actual de la
evangelización postula que las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis
de iniciación, se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia
particular, mediante un proyecto evangelizador misionero y catecumenal
unitario. Hoy la catequesis debe ser vista, ante todo, como la consecuencia de
un anuncio misionero eficaz. La referencia del decreto Ad Gentes, que sitúa al catecumenado en el contexto de la acción misionera de la
Iglesia, es criterio de referencia muy válido para toda la catequesis".177
2. INICIACIÓN CRISTIANA DE NIÑOS, ADOLESCENTES Y
JÓVENES
A. El Bautismo de los párvulos
Fundamento de todo el itinerario
de la iniciación
69 La celebración del Bautismo
señala el comienzo de la Iniciación cristiana de los niños y el principal punto
de referencia para todo el itinerario que ha de venir después. En toda celebración
del Bautismo la Iglesia confiesa que la participación en la vida divina178 es un don del
amor universal, precedente y gratuito del Padre179. Esto es aún
más manifiesto en el Bautismo de los párvulos, practicado por la Iglesia desde
la antigüedad, ante la petición de unos padres creyentes o favorables a la fe,
y abiertos, al menos, a la futura educación cristiana de estos niños. Es, más
todavía, signo del amor divino, si cabe, cuando se trata del bautismo de
aquellos párvulos que están en peligro inmediato de muerte, o de aquellos que
padecen graves deficiencias mentales180. Este
acontecimiento fundamental en la vida de cada niño tendrá que ser recordado,
profundizado y gozosamente vivido por él más adelante, pero también deberá ser tenido
en cuenta por los que le rodean y educan, desde los primeros años.
Situación de la pastoral del
bautismo
70 La aparición en el año 1970 de
la edición española del Ritual del
Bautismo de los Niños, versión de la edición típica
promulgada por el Papa Pablo VI y preparada según las directrices del Concilio
Vaticano II181, puso en
marcha una importante renovación de la pastoral relacionada con el Bautismo de
los párvulos. Entre los frutos más sobresalientes en nuestra Iglesia se pueden
señalar la existencia de una mayor conciencia de la identidad del Bautismo como
sacramento de la fe, de su incidencia e importancia para la vida personal, de
la exigencia del compromiso educador de la familia y especialmente de la
Iglesia local, de la conveniencia de esta práctica pastoral, -actualmente casi
del todo adquirida-, de la necesidad de preparación de los padres y padrinos,
del carácter comunitario -con asistencia y participación activa de los fieles-182 que debe
revestir cualquier celebración bautismal, aunque se trate de un solo sujeto.
71 Junto a estos bienes,
favorecidos por la utilización del ritual, han ido apareciendo o se han
intensificado durante estos años diversas dificultades que merecen ser tenidas
en cuenta en estos momentos, sobre todo a causa de las motivaciones y
repercusiones de índole doctrinal que algunas de ellas llevan consigo. Así, al
constatar el hecho de que cada vez es más escasa la realización del despertar
religioso en el seno de las famílias, más difícil la educación en la fe de los
niños y la perseverancia de los jóvenes en la vida cristiana, no pocos párrocos
se preguntan si no deberían ser más exigentes a la hora de bautizar a los
párvulos, especialmente cuando los padres no dan señales claras de fe o de
aceptar los postulados de la futura educación cristiana de sus hijos; o si no
sería preferible diferir el Bautismo para cuando sea posible iniciar un
catecumenado o asumir un compromiso personal; no faltando también quienes han
sugerido que el Bautismo sólo se confiera en la edad adulta.
72 A estas dificultades se añade la
práctica, muy generalizada, de la dilación de la administración del Bautismo,
sin más justificación que las conveniencias familiares o sociales. Hay que
recordar que las dilaciones poco motivadas por parte de los pastores crean una
cierta confusión en los fieles; y que la práctica de esta dilación a fin de
reunir a toda costa a varios niños en una misma celebración, da lugar, a veces,
a celebraciones más colectivas que verdaderamente comunitarias.
Necesidad de mayor atención a los
fundamentos doctrinales
73 De todo esto lo más preocupante
es que se llega a un debilitamiento de la conciencia acerca de la necesidad y
del significado salvífico del Bautismo, del que con frecuencia se silencia su
finalidad de remisión de los pecados. Se trata de un problema que afecta a
todos los ámbitos de la pastoral, y repercute especialmente en la conciencia de
la necesidad de la Iglesia; en el reconocimiento de cuál es la verdadera
dimensión del diálogo interreligioso, y en del carácter único y universal de la
salvación de Jesucristo.
La Iglesia confiesa ‘que hay un solo bautismo para el perdón de los
pecados’; por esto procura no descuidar "la misión que ha recibido del
Señor de hacer renacer del agua y del Espíritu a todos los que pueden ser
bautizados"183 y no deja de
afirmar la urgencia de que los niños reciban cuanto antes la adopción de hijos
de Dios.184
74 Es cierto que los avances de la
medicina y de la sanidad han eliminado prácticamente la mortalidad infantil.
Pero no debe olvidarse la obligación de los padres de "hacer que los hijos
sean bautizados en las primeras semanas"185. Para ello
deben acudir "cuanto antes" al párroco para pedir el sacramento,
después del nacimiento o incluso antes de él, y prepararse debidamente186. En definitiva
se hace necesario insitir, tanto en la catequesis como en la práctica pastoral,
en la vigencia de los principios doctrinales, en virtud de los cuales la
Iglesia, desde los orígenes, ha bautizado a los párvulos. Éstos son personas y,
aunque no sean capaces de manifestarlo mediante actos conscientes y libres, son
ciertamente capaces de recibir el don de ser hechos verdaderos hijos de Dios
por el bautismo, de manera que su conciencia y su libertad podrán, después,
disponer de las energías infundidas en su alma por la gracia bautismal.
75 El hecho de que los párvulos no
puedan aún profesar su fe no impide que se les confiera el sacramento, porque
en realidad "son bautizados en la fe de la Iglesia", no precisamente
en la fe personal que los padres puedan tener, cosa, evidentemente deseable.
Hace siglos que san Agustín explicaba que es la Iglesia madre, más que los
padres, la que lleva en sus brazos a los párvulos hacia la regeneración
cristiana. No obstante, aunque la Iglesia es "consciente de la eficacia de
su fe que actúa en el bautismo de los niños y de la validez del sacramento que
ella les confiere, reconoce límites a su praxis, ya que, exceptuando el caso de
peligro de muerte, ella no acepta dar el sacramento sin el consentimiento de
los padres y la garantía seria de que el niño bautizado recibirá la educación
católica".187
La preparación de padres y
padrinos
76 No se trata aquí de repetir lo
que ya dice el Ritual del Bautismo de Niños en orden a la
preparación y celebración del mismo188, pero sí de
señalar que en la catequesis y en la celebración hay que subrayar la gratuidad
de la acción de la gracia de Dios, así como la maternidad de la Iglesia, que no
excluye a nadie; y finalmente el compromiso que adquieren los padres y padrinos
de ayudar al nuevo cristiano a proseguir el itinerario que tiene su punto de
partida en el Bautismo.189
La preparación de los padres y padrinos del niño que va a ser bautizado
puede considerarse como un factor de la Iniciación cristiana de éste. Esta
preparación constituye hoy una de las mayores y más graves preocupaciones de
los pastores ante la carencia de signos de vida cristiana que se observan en un
buen número de padres, apenas evangelizados, y que mantienen actitudes de
indiferencia y de alejamiento de la comunidad eclesial y de la práctica
religiosa. Esto hace muy difícil que puedan ser efectivamente los primeros
educadores en la fe de sus hijos. Por este motivo la acogida de los padres y
padrinos reviste una gran importancia, y no debería reducirse habitualmente a
una simple preparación ceremonial de la celebración del Bautismo de sus hijos.
77 La acogida ha de tener todas las
características de un acto de apertura personal, de ofrecimiento evangelizador,
y de auténtica catequesis mistagógica para los que van a participar en la
acción litúrgica, de manera que la celebración del sacramento pueda ir
precedida realmente de unos pasos de aproximación a la acción de Jesucristo.
Los contactos o encuentros con los padres y padrinos deberían incluir como
contenidos, la importancia de la fe en Jesucristo y la novedad que supone el
Bautismo en la vida de su hijo, la grandeza de la filiación divina adoptiva, el
compromiso en orden a la futura educación cristiana y algunas indicaciones
pedagógicas de cómo ejercer esta función. Para que esta preparación de los
padres y padrinos sea más fructífera, se debe procurar no limitar los contactos
al tiempo anterior a la celebración, sino que prosigan, una vez celebrado el
Bautismo, con la colaboración de los miembros de la comunidad cristiana capaces
de dar testimonio de su fe y de cercanía fraterna.
78 La ayuda que necesita hoy la
familia aconseja que existan en la comunidad colaboradores efectivos de los
padres y, en ocasiones, verdaderos sustitutos de éstos en la educación
cristiana de los hijos. En algunos casos, son hoy los abuelos los que realmente
hacen esta función. Con este fin se ha de exhortar a los padres y a las
familias a que elijan bien a los padrinos, de acuerdo con las condiciones
exigidas por la Iglesia en el Código de Derecho
Canónico190. Su misión
primordial consistirá en que los apadrinados recorran con fidelidad el proceso
de la Iniciación cristiana, y en ayudar o suplir a los padres, en cuanto sea
necesario, en la tarea de la educación en la fe de los niños que han sido
bautizados.
Atención a situaciones especiales
79 Por otra parte, cada día son más
frecuentes los casos de padres que se encuentran en situación eclesialmente
irregular -divorciados casados de nuevo, padres cristianos no casados o casados
civilmente, madres solteras...- y que, no obstante, solicitan el Bautismo para
sus hijos. Hay que partir del principio de que la situación moral o legal de
los padres no incide, de por sí, en la cuestión del bautismo de su hijo.
Ciertamente, la situación irregular puede ser un motivo para interrogarse sobre
la educación cristiana, que tales padres puedan dar a sus hijos, aunque no
siempre ni necesariamente. El sacerdote deberá prestarles una atención
especial, en un diálogo sincero y respetuoso según las circunstancias. El
Bautismo de los hijos puede ser la ocasión para invitarles a una regularización
de su situación, poniendo en práctica los principios y pautas pastorales que el
Papa Juan Pablo II indica en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio.191
80 En el caso de hijos de
matrimonios mixtos, o de padres de diferente religión, musulmanes por ejemplo,
lo cual no es infrecuente entre nosotros, se presentan dificultades especiales,
y requiere un tratamiento doctrinal y pastoralmente lúcido. En estos casos y en
todos aquellos en los que los padres se muestran indiferentes al Bautismo de su
hijo y, sin embargo, no se oponen a él, para proceder a la celebración del
sacramento habrá que contar con algunas garantías de que al niño le será dada
una educación católica, exigida por el sacramento, e impartida por algún
miembro de la familia o por el padrino o la madrina, o por algún miembro de la
comunidad parroquial. En este sentido debe estimarse que ante una promesa, que
ofrezca una esperanza fundada de educación cristiana, ésta ha de ser
considerada como suficiente.192
81 Sólo cuando las garantías son
insuficientes, será prudente retrasar el Bautismo. Pero los pastores deberán
mantenerse en contacto con los padres, de manera que pueda llegarse, si es
posible, a las condiciones requeridas para la celebración del Bautismo. Si
tampoco se lograra esta solución, se podrá proponer como último recurso la
inscripción del niño con miras a un catecumenado en su época escolar; dicha
inscripción, sin embargo, no debe ir acompañada por un rito creado al efecto,
que sería fácilmente tomado como equivalente al mismo sacramento. Debe quedar
bien claro, además, que la eventual demora que pudiera ser necesaria en
ausencia absoluta de garantías suficientes no es un medio de presión, sino la
ocasión de un diálogo más intenso con la familia193. La Iglesia no
renuncia a cumplir el mandato misionero de Cristo.
La celebración del Bautismo
82 El notable esfuerzo pastoral que
se ha venido haciendo desde la entrada en vigor del Ritual del Bautismo de Niños en el año 1970 debe incluir
también la atención a la misma celebración. Ésta ha de tener siempre carácter
verdaderamente participativo, religioso y familiar en la que el canto, las
respuestas y el oportuno silencio suelen ser decisivos194. En la
preparación de la celebración, además del carácter mistagógico que le
corresponde, habrá que buscar la colaboración en la selección de las lecturas
bíblicas, de las cuales una por lo menos tiene que referirse explícitamente al
bautismo. Igualmente conviene explicar que la renuncia y la profesión de fe que
se hace en el bautismo de los párvulos es, en el Ritual actual, una renovación
de las promesas bautismales de los padres y padrinos, y no una suplencia de lo
que son incapaces de hacer los que son bautizados.
83 Todos los momentos de la
celebración han de llenarse de su sentido y manifestar con la autenticidad de
su realización, más que con explicaciones verbales, que tras lo visible actúa
la gracia invisible. Cuídese de no omitir ningún rito que privaría a los fieles
de la oportuna mistagogia que en él puede apoyarse: la recepción y señal de la
cruz, el anuncio de la Palabra de Dios, con la homilía adecuada, el canto del
salmo, los exorcismos y la unción de los catecúmenos, la bendición del agua bautismal
(o la acción de gracias por el agua ya bendecida, en tiempo pascual), los ritos esenciales, la unción con el Crisma, la
imposición de la vestidura blanca, la entrega del cirio, la oración dominical
que anuncia la participación eucarística y la bendición solemne. La tradicional
salutación a la Virgen Madre de Dios es una forma sencilla y popular de evocar
la maternidad de Maria sobre los hijos de Dios.
84 El lugar propio de la
celebración del Bautismo, fuera del caso de necesidad, es el templo u oratorio,
en primer lugar la iglesia catedral, y la iglesia parroquial, que siempre ha de
tener pila bautismal. Como norma general, el niño debe ser bautizado en la
iglesia parroquial de sus padres, a no ser que una causa justa aconseje otra
cosa195. Téngase en cuenta lo que se ha
dicho más arriba acerca de la parroquia como el "lugar" habitual de
la Iniciación cristiana y sobre el significado de la pila bautismal196. En cuanto al
tiempo de la celebración del Bautismo, es aconsejable que, de ordinario, se
administre el domingo o, si es posible, en la Vigilia pascual197. Dado el
carácter de la Cuaresma como tiempo de preparación al Bautismo de los
catecúmenos y de renovación de la conciencia bautismal de los fieles, puede ser
oportuno, según las circunstancias a determinar en cada diócesis y el respeto a
las situaciones de necesidad de algunas familias, la determinación de que
durante la cuaresma no se celebre el sacramento, para que la Vigilia pascual y
el día de la Resurrección aparezcan como el "día bautismal por
excelencia".198
B. El Sacramento de la
Confirmación
Valoración de la pastoral de la
Confirmacion
85 La Confirmación en otros tiempos
era administrada habitualmente cuando el Obispo llegaba a una parroquia con
motivo de la visita pastoral, lo mismo a niños muy pequeños que a jóvenes o a
adultos. En la actualidad, la normativa canónica universal señala la
administración de la Confirmación "en torno a la edad de la discreción, a
no ser que la Conferencia Episcopal determine otra edad"199. Tampoco debe
olvidarse que los católicos que no hayan recibido el sacramento de la
Confirmación, deben recibirla antes de ser admitidos al Matrimonio, con el fin
de completar la Iniciación cristiana, siempre que pueda hacerse sin dificultad
grave200. En España la Conferencia
Episcopal Española, por Decreto de 25 de Noviembre de 1983, fijó "como
edad para recibir el sacramento de la Confirmación la situada en torno a los
catorce años, salvo el derecho del Obispo diocesano a seguir la edad de la
discreción a que hace referencia el c. 891".201
86 Entre los frutos de la
renovación conciliar la pastoral del sacramento de la Confirmación ocupa un
lugar destacado. La celebración de este sacramento se ha convertido en uno de
los momentos más importantes de la acción pastoral con las nuevas generaciones,
mediante la asistencia de adolescentes y jóvenes a las catequesis que los
preparan, durante un tiempo prolongado. La celebración de este sacramento ha
mejorado notablemente también en muchos aspectos. Es justo reconocerlo, de
manera que esta pastoral sigue ofreciendo muchos motivos para la esperanza,
aunque no debería sustituir la pastoral juvenil propiamente dicha202.
Motivos de reflexión
87 Sin embargo, tras estos años de experiencia
se constata una cierta insatisfacción, de manera que, especialmente en las
diócesis más urbanas,donde el número de candidatos está descendiendo, es
acuciante la pregunta: "¿Cuáles son los verdaderos resultados positivos de
esta práctica actual? La creatividad en las propuestas e iniciativas pastorales
para después de la Confirmación es variada y rica, pero sólo un pequeño
porcentaje de confirmados continúa su proceso de formación cristiana hasta la
edad adulta. ¿Más o menos que si se hubiesen confirmado en la edad del
"uso de razón"? Es una pregunta que por ahora no tiene respuesta
firme y cierta, pues en el tiempo en el que se ha desarrollado esta
experiencia, ha cambiado tanto la situación cultural en la que se desenvuelven
el adolescente y el joven que no es posible una comparación seria y rigurosa.
La práctica actual de la Iglesia católica ha tenido también consecuencias
en el ámbito del diálogo ecuménico, sobre todo porque esta práctica ha sido
interpretada como la alteración del orden tradicional de los sacramentos de la
Iniciación cristiana, incluso dentro de la propia tradición litúrgica
occidental. El diálogo ecuménico ha permitido clarificar la cuestión, ya que
los elementos sacramentales persisten y se mantienen en su propia identidad, por
lo que las relaciones necesarias entre los tres sacramentos no se ven, en
principio y necesariamente, afectadas.
No obstante un motivo relativamente nuevo que invita a la reflexión sobre
la práctica actual es también, por una parte, el cambio en los planes
educativos que ha creado situaciones nuevas, al obligar a los niños a
desplazarse de sus lugares de residencia familiar y, por tanto, de sus
parroquias, para seguir la enseñanza secundaria; y por otra parte el hecho de
que la insistencia casi exclusiva en los años de la preparación crea no pocas
dificultades para la perseverancia.
Aspectos doctrinales de la
catequesis de Confirmación
88 Para los pastores de la Iglesia
es motivo de preocupación la existencia y la utilización de materiales
catequéticos que, sin marginar completamente los contenidos propios de la
catequesis relativa al sacramento de la confirmación, parecen estar más
preocupados por dar respuesta a la problemática humana y psicológica de la
adolescencia, o que no cuentan con la debida aprobación eclesiástica. Este es
un punto que requiere especialmente la vigilancia de los responsables
diocesanos. Por otra parte, al haberse prescindido prácticamente de la
posibilidad de celebrar la Confirmación al llegar la edad de la discreción, se
puede dar la impresión de que carece de sentido el celebrar este sacramento
cuando el sujeto no es consciente, como puede ser el caso de los
discapacitados, o de los niños en peligro de muerte, o incluso de personas
ancianas. Otra confusión que puede producirse a la larga es el avalar la
práctica actual únicamente en motivos de oportunidad pastoral, aunque se
mantengan las razones teológicas en favor del orden de los sacramentos de la
Iniciación. En realidad deben sopesarse las razones teológicas como elemento importante
de la práctica pastoral.203
89 La Comisión para la Doctrina de
la Fe de la Conferencia Episcopal Española, publicó hace unos años, con la
aprobación de la Asamblea Plenaria, una Nota sobre algunos aspectos doctrinales del sacramento de la Confirmación204 que se deben
tener en cuenta tanto en la preparación catequética como en la celebración del
sacramento de la Confirmación, "a fin de salvaguardar, en todo momento, la
verdadera naturaleza de este sacramento y el lugar propio que le corresponde en
la vida de la Iglesia y de los creyentes. Los avances pastorales podrían
perderse si el aspecto estrictamente sacramental de la Confirmación pasase a un
segundo plano en beneficio de otros aspectos que, aunque importantes, no tienen
de suyo la primacía".205
90 En síntesis, estos aspectos son:
1. El sacramento de la
Confirmación es uno de los tres sacramentos de la Iniciación cristiana; en
consecuencia, "todos los bautizados deberían ser convocados a recibir este
sacramento que no puede entenderse como un sacramento de élites o sólo para
grupos de selectos".206
2. El sacramento de la
Confirmación ha de entenderse como un don gratuito de Dios, sin reducirlo a una
pura y simple ratificación personal del Bautismo recibido y de la fe y
compromisos bautismales; por tanto, "el esfuerzo de la preparación no
deberá oscurecer nunca sino realzar la primacía del don que Dios otorga con el
sacramento. La Confirmación, aunque implica necesariamente la libre respuesta
del creyente que tiene uso de razón es, ante todo, un don gratuito de la
iniciativa salvadora de Dios".207
3. La Confirmación no significa
minusvaloración del Bautismo de los párvulos. No se puede, pues, partir de cero
"como si nada le hubiese ocurrido al candidato en su Bautismo y en su
primera catequesis... Sin embargo éstos pueden encontrarse a veces en tal
situación que requiere un proceso previo de evangelización, en el sentido
estricto de esta palabra, para que pueda aflorar en ellos el don de Dios que
recibieron en el Bautismo y en los otros sacramentos".208
4. "La Pastoral de la
Confirmación tiene como meta, muy en primer término, llevar al confirmando a
participar plena y activamente en el banquete eucarístico, ya que, como
consideran la Tradición y la liturgia, la Confirmación está específica y directamente
ordenada a la Eucaristía"209. "La
Confirmación se tiene ordinariamente dentro de la Misa, para que se manifieste
más claramente la conexión de este sacramento con toda la Iniciación cristiana,
que alcanza su culmen en la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Por
esta razón los confirmados participan de la Eucaristía, que completa su
Iniciación cristiana".210
5. La confirmación es
prolongación del acontecimiento de Pentecostés, por eso acentúa la dimensión
eclesial y misionera de la vocación bautismal, en íntima conexión con el
acontecimiento pascual, con el que forma una unidad inescindible. Esta
dimensión eclesial presupone que la catequesis preparatoria transmite "la
fe íntegra de la Iglesia, sin los silencios ni omisiones" de algunas
partes de la confesión de la fe y de la moral evangélica. Por la dimensión
misionera se transmite la fe recibida implicándose en ello a la persona del
misionero, del enviado, en sintonía con el que envía, el Señor. Por eso, la
catequesis de este sacramento, habrá de iniciar "a la oración, como
dimensión fundamental de la existencia cristiana..., deberá transmitir la
enseñanza moral de la Iglesia... y la necesidad de la conversión a lo largo de
toda la vida..., [y] descubrir a qué vocación y servicio determinados Dios llama
a cada uno en la Iglesia".211
Estas notas, de carácter doctrinal, piden atención sobre algunas prácticas
catequéticas y litúrgicas, independientemente del momento y de la edad en la
que se celebre el sacramento.212
La Confirmación en la
adolescencia y juventud
91 Situar la celebración del
Sacramento de la Confirmación en torno a los 14 años, como determina el Decreto
de la Conferencia Episcopal Española, posibilita que la educación cristiana de
las nuevas generaciones no se cierre con la Primera Comunión y se pueda abrir a
un planteamiento catecumenal consciente y libremente asumido. En este contexto
la Confirmación aparece también como "sacramento de la fe" del sujeto
que desea incorporarse de manera más plena a la vida de la Iglesia. Los adolescentes
y los jóvenes son sensibles a la experiencia religiosa que significa el
"don del Espíritu", aun con las contradicciones a veces de la edad
juvenil. El proceso catequético de los adolescentes y de los jóvenes se ve
también fortalecido por la presencia de los elementos litúrgicos de la
preparación de la celebración de la Confirmación, con lo que la catequesis y la
liturgia se ayudan mutuamente. Por otra parte, en el conjunto de la pastoral de
la Iniciación cristiana, la atención a los adolescentes y a los jóvenes
desplaza hacia ellos esta atención pastoral que, en el momento del Bautismo y
en alguna medida en el de la Primera Eucaristía, está más orientada a los
padres.
92 La Confirmación tiene un cierto
poder de convocatoria, y al hacerlo en otra etapa de la vida del bautizado, le
ofrece de hecho una nueva y actualizada propuesta de formación cristiana.
También se considera positivo celebrar la Confirmación en la adolescencia para
poder resaltar la decisión personal en el seguimiento de Cristo y en la vocación
al testimonio cristiano, así como la incorporación a tareas apostólicas en la
Iglesia y en la sociedad, como fruto de un renovado Pentecostés. Esta propuesta
es inherente a la naturaleza de este sacramento, se adapta bien al momento
psicológico del adolescente que quiere afirmar su personalidad, y hacer suya la
"herencia recibida", así como orientar su vida en una vocación y
profesión. Con esta experiencia se han cosechado en algunas Iglesias buenos
frutos apostólicos en unos tiempos muy difíciles para convocar y reunir
adolescentes y jóvenes en torno al misterio de Cristo en la Iglesia
93 Habrá que evitar con cuidado,
sin embargo, al subrayar los aspectos positivos señalados antes, que la
Confirmación sea considerada como una ratificación personal que convalida el
Bautismo213, o como una opción personal que
son capaces de asumir sólo unos pocos, y no como el "don" gratuito
del Espíritu Santo derramado sobre la Iglesia, que todo bautizado está llamado
a recibir. Junto al interés por la adecuada formación catequética, es preciso
cuidar también que los adolescentes estén incorporados a la vida de la
comunidad cristiana, en primer lugar por la participación en la asamblea
eucarística dominical de manera habitual.214
La Confirmación antes de la
primera Eucaristía
94 En el Decreto de la Conferencia
Episcopal Española antes aludido se mantiene plenamente el derecho del Obispo
diocesano a seguir la edad de la discreción a que hace referencia el canon 891
del Código de Derecho Canónico. Es preciso
tomar en cuenta que el Catecismo de la
Iglesia Católica, subraya la unidad y la relación de la
Confirmación con los otros dos sacramentos de iniciación215; coloca
siempre la Confirmación entre el Bautismo y la Eucaristía, incluso al referirse
a la práctica occidental216 y, al hablar
de la edad de la confirmación, situada en la edad del "uso de razón",
silencia la costumbre más extendida de celebrarla en la edad de la adolescencia217. Además,
recuerda expresamente que la "Eucaristía culmina la Iniciación
cristiana".218
95 La celebración de la
Confirmación en torno a la edad de la discreción, como señala el canon 891,
supone seguir el itinerario sacramental del bautizado y situar el sacramento
del Espíritu dentro de la dinámica de la preparación a la Primera Eucaristía.
Puede pensarse que esta opción, coherente también con el Decreto de la
Conferencia Episcopal Española, pone más fácilmente de relieve el sentido mismo
de los sacramentos de la iniciación en relación con la Eucaristía hacia la que
se orientan y en la que alcanzan su culminación. De este modo el bautizado y
confirmado, se incorpora de manera progresiva y más clara al misterio de Cristo
y de la Iglesia, aspecto especialmente significado y realizado en la
celebración eucarística.
96 El sacramento de la Confirmación
aparece así más definido en su relación con el Bautismo y con la Eucaristía,
tal como se mantiene en la tradición común a Oriente y a Occidente,
especialmente en la Iniciación cristiana de los adultos. Es decir, aparece más
claro el nexo que une Pentecostés a la Pascua, y la Confirmación al Bautismo,
así como queda más evidenciado el carácter de asamblea del pueblo "sellado
por el Espíritu"219 propio de la
asamblea eucarística. Por otra parte, el conferir la Confirmación en una edad
más temprana, es un acto de confianza en la capacidad real de los niños de
percibir la gratuidad del "don del Espíritu" otorgado a los
bautizados, para perfeccionar la gracia de la filiación divina adoptiva y
ayudarlos en el proceso de su crecimiento en la fe.
Algunas advertencias
97 Ahora bien, aparte las
dificultades que pueda entrañar en una diócesis un cambio de práctica, desde el
punto de vista de las determinaciones pastorales y de los programas de
catequesis y de iniciación litúrgica en las comunidades locales, es evidente
que habría de evitarse que la Iniciación cristiana quedara reducida a la etapa
de la infancia y de la preadolescencia. Pues de la misma manera que la primera
participación de los niños en la Eucaristía no puede significar como principio
la conclusión de la catequesis, así también se debería asegurar la permanencia
de los confirmados en el proceso de su formación en la fe y en los restantes
aspectos de la vida cristiana, emprendiendo las iniciativas que sean necesarias
en favor de la pastoral de adolescencia y juventud. Habrá que evitar en
cualquier caso, tanto en una u otra opción, que la Confirmación quede afectada
por la instrumentalización social de que es objeto actualmente la celebración
de la Primera Eucaristía.
98 Asímismo, en la hipótesis de la
celebración de la Confirmación antes de la Primera Comunión, para recoger los
aspectos positivos que la experiencia hoy habitual ha tenido, se puede proponer
que, al término de las etapas catecumenales de la adolescencia y de la juventud,
se haga una celebración con la renuncia y profesión de fe bautismales, de forma
destacada, en medio de la comunidad y a una con ella, en la noche pascual o en
la solemnidad de Pentecostés, clausurando así el tiempo de Pascua.
La celebración de la Confirmación
99 La celebración del sacramento de
la Confirmación en Occidente ha subrayado con la presidencia del Obispo la
vinculación de la Iniciación cristiana a la Iglesia particular y universal.
La celebración del sacramento de la Confirmación reviste un significado
especial en todas nuestras comunidades, pues es de suyo presidida por el
Obispo, ministro originario y ordinario del sacramento220. Aunque, por
razones graves el Obispo puede conceder a presbíteros la facultad de confirmar,
"es conveniente, por el sentido mismo del sacramento, que lo confiera él
mismo, sin olvidar que por esta razón la celebración de la Confirmación fue
separada del Bautismo. Los obispos son los sucesores de los apóstoles y han
recibido la plenitud del sacramento del Orden. La administración de este
sacramento por ellos mismos pone de relieve que la Confirmación tiene como
efecto unir a los que la reciben más estrechamente a la Iglesia, a sus orígenes
apostólicos y a su misión de dar testimonio de Cristo"221. No obstante,
pueden presentarse circunstancias especiales, fuera del proceso normal de
iniciación, que reclamen celebrar este sacramento antes de la "edad de la
discreción" o después de recibida la Eucaristía, en "peligro de
muerte o, a juicio del ministro, una causa grave..."222 Tales
excepciones tienen como fin la administración de la celebración de la
Confirmación a todos los bautizados.
100 La Confirmación se realiza con
el santo Crisma, consagrado el Jueves Santo por el Obispo, el cual invoca una
especial presencia del Espíritu Santo con una referencia expresa a los que van
a ser ungidos. De ahí la importancia de la "consagración del Crisma",
como rito que de alguna manera precede a la Confirmación223. En el rito de
la Confirmación se han de destacar la "renovación de las promesas del
Bautismo", que expresa el lazo entre estos dos sacramentos; la
"imposición de manos" general con la oración que la acompaña,
verdadera epíclesis sobre todos los confirmandos; el gesto esencial del
sacramento, con la unción del Crisma y las palabras que la acompañan; el beso
de paz como signo de comunión eclesial, y la comunión bajo las dos especies,
especialmente significativa en la Misa de la Confirmación. A la dignidad con
que siempre se han de celebrar las acciones litúrgicas y a la expresividad que
han de cobrar en el proceso de la Iniciación cristiana se une aquí, de
ordinario, el carácter ejemplar que han de tener las celebraciones presididas
por los obispos.224
C. El Sacramento de la Eucaristía
La preparación para la Primera
Comunión
101 "La Eucaristía es el
compendio y la suma de nuestra fe: ‘nuestra manera de pensar armoniza con la
Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar’ (S.
Ireneo)"225. Desde las
decisiones de San Pío X, se señala la "edad del discernimiento" y
"uso de razón" para participar en la Eucaristía por primera vez. En
esos años en los que el niño inicia su infancia adulta, los pedagogos proponen
programas amplios de educación conocedores de la gran capacidad de asimilación
y de aprendizaje de los niños en esta edad. Los padres y catequistas coinciden
en reconocer al niño de esa edad una conducta equilibrada, que se adapta
progresivamente a las enseñanzas que recibe, y crece en su vida de fe a través
de la inserción en la comunidad, de la oración y de la participación litúrgica.
102 Por todo ello la Iglesia,
especialmente desde los tiempos del Papa S. Pío X, ha privilegiado esos años
para introducir a sus hijos más pequeños en la Comunión eucarística. Para ello
requiere "que tengan suficiente conocimiento y hayan recibido una
preparación cuidadosa, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la
medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y
devoción"226. Por eso, no
les exige una preparación superior o unos conocimientos completos de la
doctrina cristiana, al considerar que se encuentran y se mantendrán en la etapa
básica de formación catequética y de iniciación en todos los aspectos de la
vida cristiana. En modo alguno la primera participación eucarística clausura la
catequesis, sino que debe ser contemplada como una verdadera iniciación
sacramental en el Misterio eucarístico para quienes, hechos ya hijos de Dios
por el Bautismo, pueden comenzar a percibir ya las realidades de la salvación,
según su capacidad y bajo la acción del Espíritu Santo.
Un deber importante
103 Por este motivo, "los
padres en primer lugar y quienes hacen sus veces, así como también el párroco,
tienen obligación de procurar que los niños que han llegado al uso de razón se
preparen convenientemente y se nutran cuanto antes, previa confesión
sacramental, con este alimento divino"227. De este modo
la Iglesia ejerce su maternidad, iniciada en el Bautismo, preparando a estos
pequeños por la Penitencia según su propia capacidad y conduciéndolos hacia la
mesa del Señor, para alimentarlos con la Palabra divina y con el Cuerpo de
Cristo en la comunidad de los hermanos.228
En muchos casos la Iglesia tiene que atender, incluso el despertar a la fe,
que no se ha dado en el seno de la familia; pero en todo caso, al disponer lo
necesario para esta primera participación eucarística, lo hace convencida de
que los rasgos que definen la vida cristiana, deben estar ya de algún modo presentes
desde la edad infantil. Por eso ofrece a los pequeños una esmerada preparación,
a la que ha de seguir un tiempo de catequesis para después de la primera
comunión a fin de que los niños puedan ser introducidos en una primera síntesis
de la fe. Cuanto se ha dicho más arriba acerca de la dimensión mistagógica de
la catequesis, tiene especial aplicación en este momento. En este sentido es
muy importante entender que la preparación para la Primera Eucaristía ha de
comprender también la iniciación litúrgica y un cierto hábito de asistencia a
la Misa dominical.229
La celebración de la primera
Eucaristía
104 La Iglesia celebra con gozo, en
las familias y en las parroquias, la plena incorporación de nuevos hijos a la
celebración y participación en la Eucaristía, que significa y realiza la
comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia
es ella misma230. Sin embargo,
el peso social que rodea hoy la celebración de la Primera Comunión es un factor
que oculta en no pequeña medida tanto el valor de la Iniciación cristiana como
el de su sentido eclesial. A pesar de los generosos y positivos esfuerzos de
muchas comunidades, no siempre se consigue salvar estas dificultades.
En toda celebración de la Primera Comunión, que ritualmente no se distingue
de cualquier otra celebración eucarística, se ha de poner todo el énfasis en
destacar, mediante los mismos signos de la liturgia, la conexión íntima entre
los tres sacramentos de la iniciación, así como con la ulterior vida cristiana.
No obstante hay que recomendar que la primera participación en la Eucaristía se
produzca después de una conveniente iniciación en la celebración eucarística
según las indicaciones del Directorio para
las Misas con Niños de la Congregación para el Culto Divino, del 1 de
Noviembre de 1993. En dicho Directorio se pueden encontrar sugerencias para la
Misa en la que tienen lugar las primeras comuniones, sobre todo en relación con
el canto, el desarrollo de algunos ritos y el uso de las plegarias
eucarísticas..
105 La riqueza que lleva consigo la
primera participación eucarística puede, sin embargo frustrarse en gran medida,
si es considerada como un acto independiente de todo el proceso de la
Iniciación cristiana. Vaya o no precedida de la Confirmación, es evidente que no
significa en modo alguno el final del crecimiento y de la maduración progresiva
en la fe y en los restantes aspectos del ser cristiano. Una vez celebrada la
"Primera Comunión" la participación del niño, del adolescente y del
joven en la Eucaristía especialmente la dominical, es parte sustantiva de su
proceso de Iniciación cristiana. En la Eucaristía es el mismo Jesucristo
resucitado quien le incorpora a su vida y misión, introduciéndolo como piedra
viva en la construcción de la Iglesia.
Fuente
y cima de la Eucaristía
106 Por eso no puede realizarse un
proceso de Iniciación cristiana de niños, adolescentes y jóvenes, si no tiene
en la Eucaristía su fuente y su cima. En los directorios diocesanos habrá que
subrayar -como de hecho ya se hace en los existentes- la importancia de la
celebración eucarística y de la participación frecuente en ella de los niños
que en la "postcomunión" se educan para alcanzar una primera síntesis
de la fe, así como en la preparación catequética al sacramento de la Confirmación,
si se hace alrededor de los catorce años, y en la educación en la fe de
adolescentes y jóvenes.
En efecto, la Iniciación cristiana se completa no sólo cuando se reciben
los tres sacramentos de la iniciación, sino también cuando el que ha recibido
en el Bautismo el don de la fe junto con los otros dones divinos, conoce esa fe
en la catequesis y está capacitado para confesarla y dar testimonio de ella
delante de los hombres231. La formación
básica de la fe, recibida durante los años de la Iniciación cristiana, se abre
y se prolonga en la educación permanente de esa misma
fe en el seno de la comunidad cristiana.232
D.
El sacramento de la Penitencia
107 La preparación y la celebración
de la "primera confesión" de los niños bautizados hay que enmarcarla
no sólo como requisito previo a la confirmación y a la "primera
comunión" sino como parte integrante de la Iniciación cristiana. Para ello
se debe establecer en la catequesis preparatoria una firme conexión entre el
sacramento del Bautismo y este "segundo bautismo" en el que Jesús nos
trae el perdón de Dios Padre y la Iglesia nos perdona en nombre de Jesús233. En un
itinerario de carácter catecumenal, la preparación y celebración de este
sacramento debe inspirarse del "segundo grado" de la Iniciación
cristiana o tiempo de purificación e iluminación, destinado a la preparación
del espíritu y del corazón, realidades que están al alcance de los niños, con
la ayuda de Dios.
108 Sin penitencia, las fases
postbautismales del proceso de iniciación se desarrollan defectuosamente,
porque a la vez permanecen en el bautizado la realidad del pecado y de la
gracia, que siempre acompañan al fiel en este mundo y que hacen, por lo tanto,
que siempre el fiel cristiano necesite de la penitencia, para que la gracia
venza y se desarrolle expedita. Por la penitencia, el niño, el adolescente y el
joven se van educando para la continua lucha contra el pecado y contra el
Maligno, prolongación de las renuncias bautismales, porque siempre "a la
puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que
dominar"234. Esto no es
ceder a una concepción pesimista de la vida, sino caer en la cuenta de que el
ser humano se diluye, carece de sentido, desligado de Dios y su gracia pero en
Cristo se restaura internamente todo el hombre hasta la redención del cuerpo.
La
celebración de la Penitencia
109 Atendiendo a la condición de
estos bautizados, niños, adolescentes, jóvenes o adultos, ha de procurarse que
la celebración del perdón y de la reconciliación sea verdaderamente expresiva y
eclesial desde el punto de vista litúrgico. La celebración puede tener carácter
iniciático, sobre todo en el caso de los niños. El modo más apropiado para
realizar esta iniciación son las celebraciones penitenciales no sacramentales,
que pueden dar paso a la "Reconciliación de varios penitentes con
confesión y absolución individual", tal como se describe en el Ritual de la Penitencia. Pero sin descartar la
"Reconciliación de un solo penitente", que deberá ser ofrecida y
facilitada oportunamente. Es muy conveniente que, antes de acceder a la
participación eucarística, los niños hayan celebrado más de una vez el
sacramento de la Penitencia. Este sacramento, por otra parte, cuya celebración
viene requerida no sólo por motivos personales sino también por el espíritu de
los diferentes tiempos litúrgicos, debe estar presente de manera periódica en
el proceso catequético de los adolescentes y de los jóvenes.
110 En la
catequesis y en la práctica de este sacramento se ha de seguir el Ritual, teniendo muy presente el valor que en el mismo se otorga a la Palabra de
Dios que llama a conversión; a la manifestación concreta de los pecados, a la
contrición y a la aceptación de la penitencia, todo ello en el diálogo de la
confesión, que tendrá lugar sin coacciones ni prisas; seguidamente, con
"la oración del penitente", con la imposición de manos y absolución;
finalmente, a la acción de gracias y despedida del penitente. Los actos de
penitencia han de "acomodarse a cada penitente, para que cada uno repare
así el orden que destruyó y sea curado con una medicina opuesta a la enfermedad
que le afligió".235
3.
INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS
111 En el primer capítulo de estas
orientaciones subrayábamos la necesidad de llevar a cabo en nuestras Iglesias
particulares una renovación de la pastoral de la Iniciación cristiana abarcando
todas las edades, como respuesta a una situación, en la que, junto a un pequeño
número de personas no bautizadas que piden el bautismo, se constata la
existencia de numerosos adultos bautizados que necesitan fundamentar su fe y,
en algunos casos, completar la Iniciación cristiana con la recepción de los
sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía. Estos datos nos conducen a
plantear en estas orientaciones pastorales dos propuestas de Iniciación
cristiana de adultos: la primera dirigida a los no bautizados, basada en el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, adaptado a
España; y la segunda que debe ofrecerse a los ya bautizados pero que necesitan
completar la Iniciación cristiana. De este modo se ayuda a las Iglesias
particulares en la elaboración del itinerario de Iniciación cristiana de
adultos que recomienda el Directorio
General para la Catequesis.236
A.
La Iniciación cristiana de adultos no bautizados
Adaptación
del RICA a nuestra peculiares circunstancias237
112 El Código de
Derecho Canónico trata de la Iniciación cristiana de adultos no bautizados en
el título dedicado a la actividad misional de la Iglesia.238 En ese
contexto encarga a las Conferencias Episcopales "publicar unos estatutos
por los que se regule el catecumenado, determinando qué obligaciones deben
cumplir los catecúmenos y qué prerrogativas se les reconocen".239
En otro lugar determina que "el adulto que desee recibir el bautismo
ha de ser admitido al catecumenado y, en la medida de lo posible, ser llevado
por pasos sucesivos a la iniciación sacramental, según el ritual de iniciación
adaptado por la Conferencia Episcopal y atendiendo a las normas peculiares
dictadas por la misma".240
113 Las competencias del Obispo en
la Iniciación cristiana de los adultos están descritas en el RICA.241 En todo caso
téngase en cuenta que se ha de reservar al Obispo el bautismo de adultos,
"por lo menos el de aquellos que han cumplido catorce años, para que lo
administre él mismo, si lo considera conveniente".242
La Conferencia Episcopal Española todavía no ha elaborado el estatuto del
catecúmeno, pero la traducción, publicación y estudio del Ritual de Iniciación cristiana de Adultos ha
posibilitado hasta ahora atender a los adultos no bautizados que han pedido su
incorporación al Misterio de Cristo en la Iglesia. Dicho Ritual en la
actualidad está en curso de revisión y de adaptación.
114 Teniendo en cuenta que los
bautismos de adultos son ordinariamente pocos, hasta ahora, en nuestras
Iglesias diocesanas, realizándose su iniciación catecumenal y la celebración de
los sacramentos de manera individualizada, la nueva edición del RICA ofrecerá,
en primer término, no el modelo-tipo de iniciación cristiana de adultos
"distribuido en sus grados o etapas", según se recoge en el capítulo
primero de la edición típica latina, sino la Forma simplificada de la iniciación de un adulto en tres etapas (capítulo
segundo de la edición típica)243. El discernimiento
pastoral ha hecho aconsejable utilizar ya este modelo cuando una persona adulta
ha pedido el Bautismo para contraer matrimonio canónico con un cónyuge
católico, o por haberse incorporado a una comunidad cristiana o a un movimiento
apostólico. En estas y en otras circunstancias parecidas, es conveniente
abreviar las etapas preparatorias y pedir al que va a recibir los sacramentos
de la iniciación una continuidad en su formación cristiana dentro de la
comunidad o movimiento al que pertenece, o en relación con su cónyuge con el
que, por el sacramento del matrimonio, va a formar como una "iglesia
doméstica".
115 En las presentes Orientaciones
señalamos el itinerario de Iniciación cristiana de los adultos no bautizados,
teniendo presente las circunstancias más comunes entre nosotros. En primer
lugar exponemos la "forma simplificada" y, después, el itinerario
"por etapas o grados" según el modelo típico que se propone cuando
existe un número suficiente de catecúmenos. Como base para ambos itinerarios
remitimos a la Primera Parte de estas Orientaciones en la que se presentó el Ritual de Iniciación cristiana de Adultos como modelo de
referencia para todo itinerario244. Ahora nos
limitamos a subrayar algunos aspectos.
1)
Itinerario según la forma simplificada en tres etapas
116 La forma simplificada de la iniciación de un adulto en tres etapas comprende:
a) El "rito de admisión a la
catequesis", al comienzo de las sesiones catequéticas, con el cual se
entra en la primera etapa o tiempo del catecumenado, una vez que se ha
dialogado con la persona que pide el Bautismo y se le ha señalado un garante.
b) Después de un tiempo de
catequesis, llega el momento en que el catecúmeno, instruido en la fe
cristiana, puede ya prepararse para la celebración de los sacramentos. Es el
momento de la segunda etapa o tiempo de purificación o iluminación, etapa en la
que se realizan "los ritos de la elección y de preparación para los
sacramentos". Se pueden, además, añadir en esta etapa reuniones de oración
y la participación del catecúmeno en la liturgia penitencial de la comunidad,
así como los ritos del tiempo de la iluminación o purificación: escrutinios y
entregas del "Símbolo de la fe" y de la "oración
dominical".
c) Finalmente, en la tercera
etapa, se celebran los sacramentos, en la Vigilia pascual o en un domingo, y se
entra en la mystagogia, en cuanto esto resulte posible.245
117 La forma simplificada debe
aplicarse de manera que no se prive al candidato al bautismo de los beneficios
de una preparación más larga246. La
aplicación, pues, de este itinerario simplificado a un catecúmeno o a un grupo
de catecúmenos debe plantearse con los mismos objetivos en cada una de las
fases que se señalan en el itinerario por etapas o grados.
2)
Itinerario por etapas y grados
118 Este itinerario, más amplio y de
acuerdo con el modelo típico, puede ser muy apto para los que proceden de otras
religiones no cristianas o extranjeros, que no hayan conocido ningún ámbito
cristiano. En todo caso contiene las referencias más importantes que deben
tenerse en cuenta aun cuando se utilice la forma simplificada que acabamos de
describir.
El
anuncio misionero y el precatecumenado
119 La predicación evangélica se da
en la Iglesia de distintas formas y a través del testimonio y de la palabra de
todos los cristianos: la predicación, las intervenciones eclesiales a través de
los distintos medios de comunicación, la difusión del magisterio de la Iglesia,
la lectura bíblica en toda ocasión, la publicación de libros religiosos... No
es de extrañar, pues, que la petición del bautismo por parte de un adulto se
produzca entre nosotros vinculada a una persona concreta (novio, cónyuge,
amigo...) o en referencia a una situación eclesial determinada. Esta
constatación nos anima a definir entre nosotros el tiempo de
"pre-catecumenado" como "un tiempo de búsqueda y de
verificación"247 del testimonio
y de la palabra que el adulto ha meditado en su llamada a la conversión.
Introducirse en este tiempo es "ya fruto de la gracia". "El
Espíritu Santo, maestro interior, suscita, sostiene y alimenta esa pequeña
llama por la que el hombre busca al Dios vivo".248
120 El mediador humano principal en
el anuncio misionero (cónyuge, amigo...) está llamado a ser el
"fiador" del que habla el RICA y su misión será acompañarlo en su relación
con la comunidad cristiana. "La admisión (al "precatecumenado")
se hará en una reunión de la comunidad local, con tiempo suficiente para que
brote la amistad y el diálogo"249. Al no haber
tiempo determinado ni programas de contenidos en esta etapa "espérese
hasta que los candidatos, según su disposición y condición, tengan el tiempo
necesario para concebir la fe inicial y para dar los primeros indicios de su
conversión"250. Se trata de
una "fe inicial" y de una conversión "inicial", es decir de
una acogida cordial a la acción divina en sus vidas, y el deseo moral del
cambio de vida. El acompañante del precatecúmeno determinará con él el momento
en que éste pueda ser presentado al párroco o a la comunidad para iniciar la
etapa del catecumenado.
121 El tiempo del catecumenado,
propiamente dicho, comprende cuatro "caminos"251 que se pueden
concretar de este modo en nuestra Iglesias diocesanas:
1. Catequesis
apropiada, básica e integral, cuyo objetivo es conducir al catecúmeno al íntimo
conocimiento del misterio de la salvación. Los contenidos deben ser los
propuestos por la Conferencia Episcopal Española en su Catecismo de Adultos,
que deberá ser estudiado por el catecúmeno ayudado por el catequista, y a ser
posible en contacto con algún grupo o comunidad de catequesis de adultos con
los que pueda saborear el conocimiento de los Misterios de la salvación. Si no
es posible esta participación del catecúmeno en un grupo de catequesis, el
catequista deberá ayudarle con su propia comunicación testimonial, a que el
catecúmeno también estudie y conozca la fe con sabiduría.
2. Ejercicio de
la práctica de la vida cristiana, en un "tránsito que lleva consigo un
cambio progresivo de sentimientos y costumbres, y debe manifestarse con sus
consecuencias sociales y desarrollarse paulatinamente durante el
catecumenado"252. Los
"exorcismos" y las "bendiciones" que el Ritual incorpora
para este tiempo del catecumenado253 se harán
durante "celebraciones de la Palabra".
3. Participación
en la liturgia y oración de la Iglesia. Durante este tiempo el catecúmeno,
junto a su catequista y acompañantes, asistirá a la liturgia de la Palabra de
las celebraciones eucarísticas dominicales, y a las celebraciones comunitarias
de la Penitencia, así como a alguna celebración del sacramento del Bautismo, y
a ser posible de la Confirmación.
4. Cooperación
en la misión. El catecúmeno deberá adquirir en este período la experiencia de
cooperación en alguna de las tareas misioneras o asistenciales que tenga
establecidas la comunidad cristiana (actividad en su movimiento apostólico o
comunidad; o participación en alguna actividad de Caritas, grupos juveniles y
otros).
El
tiempo de la purificación y de la iluminación
122 De ordinario, tiene lugar
durante el tiempo de cuaresma del segundo año de la Iniciación cristiana del
catecúmeno.
En el primer domingo de la cuaresma se celebrará el rito de la elección con el que concluye el
catecumenado y por el que la Iglesia le elige para recibir sus sacramentos. El
rito de la elección se celebrará, según lo indicado en el RICA254, presidido por
el Obispo o, con delegación expresa, por el párroco. Durante la cuaresma, se
pueden celebrar los escrutrinios y las entregas según se indica en el Ritual255; a los cuales
sigue la celebración de los ritos para la preparación inmediata.256
La
celebración de los sacramentos y la mistagogia
123 La celebración tendrá lugar en
la Vigilia pascual, en la Catedral o en la parroquia, presidiendo el Obispo o
un delegado, y se seguirá el Ritual "distribuido en sus grados"257. Si no fuere
posible la presidencia del Obispo o su delegado en la Vigilia Pascual, los
sacramentos de la Iniciación cristiana se celebrarán en un domingo del tiempo
pascual. La cincuentena pascual es considerada como "un gran
domingo", y cada eucaristía dominical es la gran celebración del "día
en que actúo el Señor".
Después viene el tiempo de la mistagogia258, para la
profundización en los misterios celebrados, que ocupará el tiempo pascual y
concluirá en la celebración solemne de Pentecostés.
B.
La Iniciación cristiana de adultos ya bautizados
124 Se trata de la plena
incorporación a la Iglesia de aquellos adultos bautizados de párvulos, que no
han recibido la debida catequesis y no están confirmados ni han participado en
la Eucaristía, y viven alejados de la fe y de la comunidad cristiana. El Ritual de la Iniciación cristiana de Adultos, en su
capítulo IV, hace unas sugerencias pastorales en orden a la preparación para la
Confirmación y la Eucaristía de estos adultos259. El Ritual
equipara estos casos al del adulto que ha sido bautizado en peligro de muerte y
advierte "aunque tales adultos nunca hayan oído hablar del misterio de
Cristo, sin embargo, su condición difiere de la condición de los catecúmenos,
puesto que aquéllos ya han sido introducidos en la Iglesia y hechos hijos de
Dios por el Bautismo. Por tanto, su conversión se funda en el Bautismo ya
recibido, cuya virtud deben desarrollar después"260. Los tiempos
de preparación de estos adultos para los sacramentos de la Confirmación y la
Eucaristía deberán ser considerados de forma individualizada.
125 Junto a estos adultos se
encuentra otro grupo de cristianos que recibieron los tres sacramentos de la
Iniciación cristiana en su infancia y adolescencia, pero que se desvincularon
de la Iglesia durante un largo tiempo. En importantes documentos de la Iglesia
se ha subrayado la necesidad de evangelizar de nuevo a los bautizados de las
viejas Iglesias de Europa261. También entre
nosotros se ha insistido, en los programas pastorales de la Conferencia
Episcopal y de algunos de sus organismos, en la necesidad de un anuncio
misionero que introduzca a estos alejados en un proceso de
"reiniciación" cristiana. Para atender convenientemente esta doble
urgencia misionera es necesario plantear un "itinerario de Iniciación
cristiana de adultos bautizados" o, si se prefiere, un itinerario de
neocatecumenado.
Iniciativas
eclesiales existentes
126 Para orientar los procesos
catequéticos de los adultos nuestra Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis
publicó en el año 1991 unas orientaciones pastorales tituladas Catequesis de
adultos.
En España hay numerosas iniciativas que responden a esta necesidad indicada
antes, cuidando aquellos elementos que componen una Iniciación cristiana de
carácter catecumenal. Todas merecen reconocimiento dado su carácter eclesial.
Sin embargo no todas las catequesis, ni los programas de educación en la fe de
adultos, pueden llamarse de Iniciación cristiana en sentido propio. Para que
los carismas en su genuinidad sean recibidos por la Iglesia, deben ser
discernidos, y en ocasiones ayudados en su maduración y en el despliegue de sus
virtualidades.
Entre las iniciativas más notables y difundidas sobresalen el "camino
neocatecumenal" y los procesos de formación cristiana que tienen algunos
movimientos apostólicos y comunidades eclesiales. Confiamos en que las
presentes Orientaciones serán útiles para los mismos, a fin de completar o
perfeccionar sus programas y ponerlos en práctica, con la aprobación de los
obispos.
127 Ciertamente toda catequesis de
la Iglesia, y también la de adultos, es una exigencia interna de los
sacramentos de iniciación... y pretende... "hacer captar y vivir las
inmensas riquezas del Bautismo ya recibido"262, de ahí que
muchos de los programas catequéticos de adultos en nuestras Iglesias tengan un
carácter catecumenal, y como se indica en las citadas Orientaciones pastorales
Catequesis de adultos hay algunas dimensiones de fondo que son comunes al
"catecumenado bautismal" y a la "catequesis de adultos",
tales como la dimensión teologal o vinculación del hombre a Dios; la dimensión
pascual o la vida nueva en Cristo; la dimensión eclesial, por la que el
catecúmeno recibe la fe de la Iglesia; y la dimensión antropológica, por la que
el hombre es acogido en su persona y en su historia.
Por todo esto, aunque el itinerario que proponemos tenga destinatarios y
objetivos específicos distintos que los de la "catequesis de adultos"
creemos que puede desarrollarse dentro de un grupo de catequesis de adultos,
cuando no sea posible hacerlo con un grupo específico de "bautizados no
catequizados".
Catequesis
para adultos bautizados no catequizados
128 "El
desarrollo ordinario de la catequesis (para bautizados no catequizados)
generalmente corresponderá al orden propuesto a los catecúmenos; pero al
proponerla el sacerdote, el diácono o el catequista tenga presente la peculiar
condición de estos adultos que ya han recibido el Bautismo"263. En el
itinerario para "bautizados no catequizados" nos ajustaremos al
modelo del itinerario amplio "por etapas o grados" ya que en este
caso no se produce la situación excepcional de tener que administrar, sin
dilación, el sacramento del Bautismo.
a)
Anuncio misionero y nueva evangelización
129 El anuncio misionero a
bautizados increyentes o indiferentes presenta de alguna manera más
dificultades que el que se hace a no bautizados. En este caso la
"novedad" del Evangelio ha de ser presentada con toda fuerza como
novedad regeneradora de la vida, gracias al acontecimiento único de la
Redención de Jesucristo, sobre la base de un testimonio de vida y de una
invitación que ofrezca gratuitamente esperanza para el hombre cautivo por su
pecado y miseria. Sólo cuando se desciende a la auténtica realidad del hombre,
a su verdad, éste puede acoger el "Kerigma".
¿Cuando se produce esa acogida? Cuando, en el tiempo escogido por el Señor,
la Buena Noticia encontrada como gracia, desvela y comunica su origen. En este
momento, el evangelizador pasa a ser "fiador" ante la comunidad
cristiana, ante la Iglesia, que acoge en su seno a un cristiano bautizado que
quiere iniciarse en el conocimiento y la vida de Cristo en su Iglesia. No hay
tiempo determinado para todo este proceso ni línea divisoria entre lo que es
tarea del evangelizador y respuesta de conversión.
La celebración del sacramento de la misericordia del Padre que acoge al
hijo pródigo, convocando a una fiesta a toda la familia, será el hito más
importante de esta etapa. Se debe invitar, pues, al inicialmente convertido a
que se alegre por la misericordia de Dios y que reconozca su miseria, su
verdad, participando en una celebración de la Penitencia, para la que el
"fiador" y el sacerdote previamente le hayan preparado.
130 "Las verdades que se
profundizan en la catequesis son las mismas que hicieron mella en el corazón
del hombre al escucharlas por primera vez. El hecho de conocerlas mejor, lejos
de embotarlas y agostarlas, debe hacerlas aún más estimulantes y decisivas para
la vida"264. En este
tiempo, pues, debe mantenerse con todo rigor y "novedad" el
Evangelio, si bien lo propio de esta etapa será su presentación sistemática y
orgánica.265
Para conseguir la novedad, la fuerza, la organicidad y la sistematización,
el "catequizado" debe seguir esta etapa como miembro de un grupo o
comunidad. No basta ya el testimonio de un amigo, del "fiador"; se
requiere ahora ya que la fe la manifieste eclesialmente. El grupo, la comunidad
es el ámbito en que la Palabra de Dios resuena y actúa con poder. El Catecismo de adultos, en preparación por la
Conferencia Episcopal Española, será un instrumento garante de la integridad de
la fe de la Iglesia, que el "bautizado no catequizado" ha de conocer,
celebrar, vivir y orar.266
Los ritos catecumenales han de hacer patente deben dejar muy clara la
condición de bautizado del que sigue este itinerario. Las celebraciones de la
Palabra, las celebraciones penitenciales, los exorcismos y bendiciones, así
como la Eucaristía dominical, son hitos importantes de su crecimiento en la fe.
Las concreciones sobre la duración de este itinerario corresponden sobre todo a
los directorios diocesanos.
c)
Celebración de los sacramentos y mistagogia
132 La última etapa de este
itinerario de iniciación convendrá también situarla en torno a la celebración
del Misterio Pascual: "Procesos catequéticos diversos, de jóvenes y
adultos, podrán con toda razón concluirse o expresarse en la Vigilia pascual de
la comunidades cristianas con la profesión de fe y la renovación de los
compromisos bautismales"267. Es un momento
que corresponde al tiempo de purificación e iluminación, y, en este caso,
también a la mistagogia. "Se trata de un tiempo más breve, en el que los
adultos, ya catequizados propiamente en la segunda etapa, recapitulan y gustan
lo vivido en ella y asumen públicamente los compromisos de los sacramentos de
la Iniciación cristiana, que ellos ya recibieron"268, o que van a
recibir por vez primera en la Vigilia Pascual, sea la Confirmación o la
Eucaristía.
133 Para quienes van a recibir los
Sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía, se tendrán durante la
cuaresma las catequesis presacramentales y se pueden celebrar los ritos de
"entregas" del Símbolo de la fe y de la Oración dominical, adaptados
a su condición de bautizados. En la solemnidad de Pentecostés los miembros del
grupo de catequesis con toda la comunidad pueden celebrar una fiesta final del
itinerario recorrido, posiblemente con los otros grupos de la diócesis en torno
al obispo.269
4.
LA INICIACIÓN CRISTIANA DE NIÑOS Y ADOLESCENTES NO BAUTIZADOS
El
Ritual de la iniciación de niños en edad catequética
134 Es necesario referirse también a
una situación cada día más frecuente. Se trata de la petición del Bautismo para
niños, y en ocasiones adolescentes, que, por diversas causas, no fueron
bautizados de párvulos. En la mayoría de los casos se trata de niños que han
empezado a asistir con sus compañeros bautizados a la catequesis parroquial,
con vistas a hacer la Primera Comunión. Sin entrar ahora en el análisis de las
causas por las que esos niños o adolescentes no recibieron el Bautismo en los
primeros meses de su vida, es necesario exponer algunos criterios básicos para
orientación de los responsables de la pastoral catequética y litúrgica.270
135 El Ritual de la iniciación
cristiana de adultos, en su capítulo quinto, desarrolla un Ritual de la iniciación de niños en edad catequética
(aproximadamente entre los seis y los dieciseis años), "destinado a los
niños que no habiendo sido bautizados en la infancia, y llegados a la edad de
la discreción y de la catequesis, vienen para la Iniciación cristiana, ya
traídos por sus padres o tutores, ya espontáneamente, pero con su permiso"271. Esto quiere
decir, en primer lugar, que no se puede usar en estos casos el Ritual del Bautismo de párvulos, como si fueran unos
recién nacidos, y en segundo lugar que la solución pastoral ha de ser también
necesariamente distinta de la que se adopta para la iniciación sacramental de
los niños ya bautizados. Conviene recordar también que tanto los niños no
bautizados llegados al uso de la razón como los adolescentes no bautizados, son
equiparados por el Código a los adultos a efectos de la pastoral de la
Iniciación cristiana.272
136 Se ha de procurar, por tanto,
que la Iniciación de estos niños y adolescentes se haga por etapas,
jalonándolas con diversos ritos. En el caso de los niños, es conveniente que su
iniciación se apoye en el grupo de los demás niños de su edad que van siguiendo
la catequesis de la comunidad273, y que los
ritos que señala el Ritual se celebren al mismo tiempo que se desarrolla el
itinerario de sus compañeros. La catequesis ha de ser introducción no sólo en
la doctrina de la fe, sino también en la conversión y en la experiencia de la
vida de la comunidad cristiana. Se trata, por tanto, de ofrecer a esos niños no
bautizados un verdadero y propio catecumenado orientado a la progresiva
comprensión de la Palabra de Dios, de la oración eclesial y de la celebración
litúrgica, y a un compromiso de fidelidad al Evangelio y de amor al prójimo.
137 La entrada en el "segundo
grado" de la Iniciación cristiana de estos niños (escrutinios o ritos
penitenciales) se tendrá en una celebración conjunta con los niños bautizados que
vayan a celebrar su "primera confesión", durante la cuaresma274. La
celebración de los sacramentos de la iniciación se hará en la noche de Pascua o
en domingo. En todo caso, el Bautismo habrá de celebrarse en la Misa en la que
participan por primera vez los "neófitos". En esta misma celebración
se confiere la Confirmación por el Obispo o por el presbítero que administra el
Bautismo275. El presbítero que, por razón de
su oficio o por mandato del Obispo diocesano, bautiza a quien ha sobrepasado la
infancia, goza ipso iure de la facultad de confirmar276. No obstante,
ofrézcase al Obispo el bautismo de aquellos niños que han cumplido catorce
años, para que lo administre él mismo, si lo considera conveniente.277
Repercusiones
en la pastoral del bautismo
138 La presencia de estos grupos de
niños que reciben todos los sacramentos de la iniciación en edad catequética,
plantea a veces un interrogante sobre la práctica del bautismo de párvulos:
algunas personas, en efecto, prefieren que sean los mismos niños los que
profesen la fe de la Iglesia antes de recibir el bautismo. Habrá que tomar en
cuenta esta tendencia para no magnificar pastoralmente estas situaciones,
poniendo, de algún modo, en entredicho la legitimidad del Bautismo de párvulos,
pero no por este motivo habrá que bautizar casi en secreto a estos niños e
independientemente de la recepción de la Primera Comunión, pues una práctica de
este tipo repercutiría no menos gravemente en una desvalorización del sentido
del Bauitismo.
|
CONCLUSIÓN |
139 "Como niños recién nacidos,
desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la
salvación, si es que habéis gustado que el Señor es bueno. Acercándoos a El,
piedra viva, desechada por los hombres pero elegida, preciosa ante Dios,
también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio
espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales,
aceptos a Dios por mediación de Jesucristo... Vosotros sois linaje elegido,
sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de
Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz".278
Estas palabras de la primera carta del Apóstol Pedro, en un tono de homilía
bautismal, sintetizan las reflexiones y orientaciones que hemos propuesto como
ayuda a las Iglesias particulares en su cometido de determinar un proyecto
propio de Iniciación cristiana bajo la autoridad del Obispo, que respondan a
las circunstancias específicas de cada lugar y constituyan una verdadera
renovación tanto de la catequesis como de la celebración de los sacramentos del
Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía.
140 Con este motivo ejercemos nuestro deber pastoral y manifestamos juntamente nuestro aliento y nuestra confianza en los presbíteros, diáconos y catequistas, y en todas las personas que con su entrega generosa cumplen con el mandato misionero del Señor a su Iglesia, en los diversos ámbitos de la educación en la fe y de la pastoral litúrgica, desde la familia y la parroquia a los movimientos eclesiales, pasando por la escuela y la enseñanza religiosa escolar.